«Lo importante es tocar con corazón»

29/11/2019

Dominar la técnica es imprescindible, pero lo que diferencia a un buen músico de uno excelso es la capacidad del segundo para conectar y transmitir emociones al público. Por eso, la directora canadiense Keri-Lynn Wilson, que esta noche se estrena al frente de la Orquesta Filarmónica de Gran Canaria, subraya que «lo importante en la música es tocar con el corazón».

«Se puede tener una gran calidad técnica, pero lo importante en la música es tocar con corazón. Te puedes equivocar con una nota... eso no importa. Por eso odio dirigir para una grabación discográfica. Sí, el sonido es perfecto, todo es perfecto, pero pero falta siempre algo, ese corazón que se tiene cuando se toca ante el público», comenta la directora Keri-Lynn Wilson tras culminar el ensayo matinal de ayer para el concierto que arranca esta noche, a las 20.00 horas, en el Auditorio Alfredo Kraus de la capital grancanaria.

Wilson es pura amabilidad y simpatía. Su radiante sonrisa aparece cuando se le cuestiona sobre qué le ha parecido la formación grancanaria. «Ha sido una sorpresa descubrir la calidad que tiene esta orquesta. He dirigido antes en España, en Bilbao, la Coruña y Madrid, donde me he encontrado con unas orquestas fantásticas. Pero no tenía ni idea de qué me encontraría aquí. En el primer ensayo, desde que escuché las cuerdas de la Orquesta Filarmónica de Gran Canaria... ¡uff! Tuve claro que tiene un gran nivel. Tocan con mucho corazón y trabajar con ella es un gran placer», asegura sin ambages.

Desde su punto de vista, la orquesta que tiene como director titular y artístico a Karel Mark Chichon cuenta con unos músicos «muy profesionales», que tocan «con mucho corazón y eso es algo que no te encuentras en todos sitios», puntualiza.

Keri-Lynn Wilson aterriza en la temporada de abono de la OFGC con la vitola de ser una gran especialista en la música rusa. «Es que tengo un poquito de sangre ucraniana», comenta entre risas. «He dirigido mucho repertorio ruso, mucho Chaikovski y Mussorgsky. Mucha ópera rusa. Es una música muy apasionada y romántica, que te obliga a saber siempre hacia dónde vas, porque hay que dominarla», comenta a modo de metáfora.

Sobre el escenario del Alfredo Kraus se presentará con un repertorio que ella misma ha elegido. La velada arranca con El lago encantado, una breve pieza sinfónica de 1909, del ruso Anatoly Liadov. «No está considerado como un gran compositor, pero tiene piezas de una enorme sensibilidad, como es ésta. Es una música muy fresca, diferente y es ideal para crear una atmósfera especial para empezar la noche», dice esta directora invitada desde un camerino en el que contempla entusiasmada la playa de Las Canteras.

La segunda pieza que abordará es el Concierto para piano nº1, de Chopin, que le hace recordar su infancia, cuando aprendió a tocar con su abuela, a la que le dedica la interpretación de esta noche. El grancanario Iván Martín es el solista que la abordará junto a la OFGC. «Es la perfección. Me ha sucedido como con algunos cantantes, con los que me he entendido con una mirada. Desde un primer momento ha existido mucha conexión y eso es algo raro, nada habitual. Soy muy afortunada por poder dirigir junto a él», deja claro Wilson.

Iván Martín ya tocó esta obra hace años con la OFGC, durante una gira por la península y con el director invitado Christoph König a la batuta. «Chopin es uno de esos compositores ante los que nunca estás a la altura, pero como lo sabes, lo intentas. Es un concierto maravilloso y resulta llamativo que la obra para piano y orquesta la compusiera con apenas 20 años. Sorprende que tuviera esa madurez pianística y un lenguaje tan elaborado a esa edad, más cuando jamás había recibido una lección de piano», avanza Iván Martín.

El concierto se cierra con la Sinfonía nº2 de Rachmaninov, considerada una de las grandes piezas sinfónicas de este compositor ruso.

Cada vez es más habitual ver a una mujer en el atril, al frente de una orquesta profesional. La canadiense Keri-Lynn Wilson es un ejemplo.

Ella sonríe cuando se le cuestiona sobre si su oficio aún sigue siendo un territorio dominado por los hombres. «La dirección de orquesta está cambiando y poco a poco va dejando de ser un lugar solo para hombres», apunta.

Sigue con su respuesta echando la vista atrás y recordando sus comienzos. «Cuando decidí ser directora, me decían: ¿Pero cómo?, si eres una mujer. Yo les respondía que mi carrera la construía yo».

Wilson tiene claro que se trata de una labor «difícil», tanto «para un hombre como para una mujer». «Es algo sobre lo que no me preocupo. Quizás los que administran sí que lo hacen. Yo solo hago música».