Lizz Wright: «Ojalá la gente salga del recital sintiendo su propio poder»

La joven estadounidense creció cantando gospel en las misas que oficiaba su padre. Toda esa espiritualidad la ha llevado al jazz, con una voz que expondrá al público grancanario el 2 de noviembre en el teatro Cuyás.

Carmen Delia Aranda
CARMEN DELIA ARANDA

— ¿Cómo será el concierto del 2 de noviembre en el Cuyás? ¿Cantará temas de

— Las canciones de Grace han eclosionado y crecido como un jardín. Estoy emocionada por cantarlas y también tocaré temas que no he grabado todavía. Estoy en un momento magnífico, entre un proyecto y otro. Me encanta cantarlos y ponerlos a prueba. Haré un recorrido entre lo conocido y lo desconocido.

¿Cómo fue crecer en una familia tan religiosa como la suya?

— Crecer en una familia religiosa es una experiencia interesante. He heredado una actitud de respecto hacia la vida que es realmente es útil. Sin embargo, he tenido que crecer para reconstruir mis ideas y creencias para que no me determinen ideológicamente. Igualmente, la veneración aún está ahí impregnándolo todo, manteniéndome curiosa y agradecida.

¿Qué la empujó hacia el jazz?

— Me encantaba un programa de radio. Me crié en un entorno rural y era mi entretenimiento. Gracias a Marian McPartland y sus interpretaciones de jazz al piano tuve mi acercamiento al jazz cuando tenía unos diez años. Escuchaba su programa puntualmente durante los años de colegio y luego durante mi carrera en Georgia, en la capital de Atlanta, después de graduarme en secundaria, pude ver en directo el misterio de su música comunitaria, que no era gospel, pero parecía sagrada. En la escena jazzística de Atlanta trabé amistades para siempre y encontré otra voz dentro de mí. Ya no hubo vuelta atrás.

¿Hay algún estilo musical en el que quisiera probar?

— El legado afroamericano y americano en general son difíciles de fusionar con otro estilo musical sin al menos explorar cómo los estilos pueden combinarse para crear nuevas formas expresivas. Incluso al contar los relatos históricos y tradicionales hay que combinar géneros. Nunca he entendido las reglas... Aunque estoy segura de que he roto muchas. Me encanta el jazz y el gospel es mi lugar de origen. En la raíz de esos dos sonidos hay una energía inseparable.

¿Cuándo supo que la música iba a ser su medio de vida?

— He cantado desde siempre, incluso antes de hablar, según cuenta mi madre. Ella dice que cuando nací miré a todos tranquilamente. El médico me dio una cachetada para asegurarse de que estaba bien, pero yo solo emití una especie de gemido o tarareo en lugar de llorar. Y además de bebé aprendí a nombrar las cosas cantando. La música formaba parte de nuestra familia. Todos cantan y teníamos que cantar juntos delante de la congregación cuando mi padre predicaba. Fue mi primer lenguaje. Nunca creí que sirviera para hablarle al mundo. Aún me maravillo con la idea de poder hacerme entender ante tanta gente con este lenguaje.

¿En quién se inspira?

— Ahora mismo estoy totalmente asombrada con mi hermana, Toshi Reagon. Hace poco vi un programa de televisión de Netflix y su voz atraviesa la pantalla y se me clava en el corazón. No esperaba oírla y eso me ha recordado que ella es alguien que siempre me apoya y que comparte su sabiduría y algunas risas también. A veces escucho a mis amigos en la radio o los veo en la televisión y me asombran. Pero, sobre todo, ella es una gran hermana para mí. Dice cosas sobre la música y la espiritualidad que me han costado años desentrañar.

—¿Qué espera transmitir a sus seguidores?

— Siempre espero que los que me escucha se permitan a sí mismos sentir su humanidad al completo cuando me enfrento a ellos para explorar la mía. La música crea ese salvaje y maravilloso espacio en el que podemos abrir nuestras alas y contemplarnos. Espero que la gente salga sintiendo su propio poder, su propio amor.

¿Qué colaboraciones de las que ha hecho le han marcado más?

— He hecho tantas colaboraciones que podría pasar la vida eligiendo. Estoy muy agradecida por haber girado con Angelique Kidjo y Dianne Reeves es un punto de apoyo en mi vida. Ellas son dos grandes pilares para mí que me han aportado mucho en mi vida personal. Haber trabajado con ellas será siempre un gran honor y un punto en el que reafirmarme.