Las arias ocultas de Laura y Maya

10/02/2020

Lo difícil tiene que parecer sencillo. El enorme esfuerzo previo e in situ debe ser invisible y lo que el espectador disfruta tiene que parecer natural. Pero para que estas claves de cualquier espectáculo escénico, musical o cinematográfico se conviertan en una realidad son muchas las personas implicadas en el proceso de las que nada se sabe. Pero son tan esenciales como el artista de relumbrón que figura en la cartelería y que se lleva todo los aplausos.

En la temporada de ópera de Las Palmas de Gran Canaria Alfredo Kraus, que organiza la asociación Amigos Canarios de la Ópera (ACO), el goce y los aplausos del público serían una utopía sin el trabajo en la sombra de profesionales como Laura Navarro García y Maya López Hansson. La primera asume el rol de jefa de producción y escenario en los cinco títulos previstos para este 2020, mientras que la segunda tiene entre sus manos la secretaría artística y el patrocinio.

«Somos dos personas en una, si no existiera una buena comunicación, nuestro trabajo sería imposible. Laura tiene que saber en todo momento lo que yo hago y a mí me sucede lo mismo con su trabajo», apunta Maya López en el teatro Pérez Galdós, sede de esta 53ª temporada, que se abre los próximos días 11, 13 y 15 de febrero, siempre a las 20.00 horas, con las representaciones de Falstaff, la última ópera de Verdi.

Laura Navarro asume dos roles diferenciados pero a su vez conectados. «Mi actividad como jefa de producción comienza cuando el director artístico Ulises Jaén nos da las pautas de la temporada. Comienza entonces el proceso para poner sobre el escenario lo que se necesita para cada ópera, tanto a nivel técnico como artístico. Maya se encarga de toda la parte artística. A mí me toca el transporte de la escenografía, el trabajo con nuestro taller, la planificación de los ensayos, la iluminación, el maquillaje y la peluquería, el atrezzo, los figurantes, el alquiler de las partituras, las necesidades del coro, qué viene y qué no viene dentro de las producciones que traemos de fuera, y analizar los planos para ver si la propuesta escénica cabe en el escenario del Pérez Galdós. Vamos, armar el puzle, desde un punto de vista técnico, desde cero», resume.

A su vez, Maya López comienza a contactar con los cantantes, los directores musicales y escenográficos y, si fuera necesario, algunos responsables técnicos foráneos, para cerrar «las contrataciones, los viajes, sus alojamientos». En la oficina no están solas, ACO cuenta con dos administrativas –Begoña Alejandro Batista y Marisol García Hernández– y el gerente Miguel Alarcón Prieto.

Cuando culmina la planificación y llega la temporada, sus roles cambian. Laura Navarro se convierte en la jefa de escenario o regidora. «Es lo que más me apasiona. Me encargo de coordinar todos los equipos y la maquinaria, para que se ejecute sobre el escenario todo lo ensayado previamente. Me encargo de realizar el espectáculo a través de la partitura. Previamente, el director de escena me ha señalado en la misma todos los movimientos, el guion del espectáculo. Me resulta muy bonito, porque he visto nacer la producción desde cero y tengo la fortuna de realizarla detrás del escenario», confiesa. Esta labor, entraña una gran responsabilidad, porque explica que solo ella «y el director musical» tienen la potestad, una vez iniciado el espectáculo, de suspender la representación si se produce algún problema de fuerza mayor.

A su lado, en la mesa de regiduría durante las funciones, coordinando a los artistas, se encuentra Maya. Previametne, se ha encargado de tratar con los patrocinadores de la temporada y de ser una cicerone de lujo.

«A veces, los agentes son más difíciles que los artistas [risas]. Pero a muchos los conocemos desde hace muchos años y son como de la familia. En algunos casos, han venido con los artistas para verlos cantar aquí. Trabajamos con las agencias más importantes del mundo», asegura. En este momento de la conversación, Laura Navarro tumba el tópico del divismo. «Tengo que decir que he tenido la suerte de no tropezarme con divos, en el sentido negativo. El cantante necesita que se le trate bien, porque es el que da la cara frente al público. Trabajamos para que estén bien, para que se sientan a gusto y con los años he hecho muchos amigos entre los que han venido», dice con el apoyo de Maya López.

La mayoría opta por alojarse en apartamentos, ya que su estancia mínima suele superar las tres semanas. Unos vienen solos y otros con familia. «Este año tenemos varios casos de artistas que se estrenan y nos han pedido venir dos días antes, porque quieren conocer la isla», avanza Maya López. Al aterrizar, les reciben con un dossier completo sobre la ciudad y la isla y su teléfono, encendido las 24 horas.

«Lo nuestro es más un modo de vida que un trabajo. Nuestra cabeza, durante los seis meses de la temporada está solo para la ópera. Lo demás, es secundario. Durante los otros seis meses, estás planificando la temporada», explica Laura Navarro, que llegó a ACO en 1993, por casualidad y con su título de pianista bajo el brazo, para suplir a la regidora de luces. A base de muchas horas y «mucho pisar el escenario» aprendió su actual oficio.

Maya, tras licenciarse en traducción e intérprete y ejercer durante años como bailarina clásica, entró en ACO para suplir una vacante de secretaría de dirección. Domina el inglés, el francés, el italiano, el sueco, el noruego y el danés. Laura el inglés y sobre todo el italiano, la lengua que, reconocen, manda sobre y detrás del escenario y en la oficina.