«El chavismo ha generado una crisis humanitaria»

11/07/2018

La pianista Gabriela Montero (Caracas, 1970) es un torrente de pasión cuando habla sobre las piezas que interpreta y de su capacidad para improvisar, de la que hará gala el próximo viernes, a partir de las 20.00 horas, en el Auditorio Alfredo Kraus. Pero esta joven virtuosa no solo lucha para generar agradar a los espectadores, también lo hace para intentar acabar contra «la mafia» gubernamental que, dice, arrasa su Venezuela natal.

«Estamos peor que el año pasado», reconoce en cuanto aparece su país dentro de la conversación. «Nos encontramos en lo más bajo y dantesco de nuestra historia. Todos los días mueren más y más venezolanos por culpa de la desidia y por la corrupción del Gobierno, así como por la falta de comida y medicinas. Lamentablemente, el chavismo lo que ha generado es una crisis humanitaria. No se trata de una crisis política, ya que la pérdida de vidas es diaria», denuncia.

Gabriela Montero lleva diez años sin pisar su patria, porque sabe que peligraría su integridad física. «Es un precio que sabía que tendría que pagar por denunciar internacionalmente el drama que allí se vive», explica antes de reconocer que por momentos se ha sentido sola.

«Una cosa es denunciar en Facebook y Twitter y otra muy distinta es hacerlo en los medios de comunicación internacionales. Eso me hace ser blanco de críticas y ataques que ponen mi vida en peligro, porque estamos hablando de mafias. Mi rol estos años no se podía limitar a ser un artista, sino que he creído que tenía que convertirme en un instrumento de denuncia», lanza con rotundidad.

Este activismo ha provocado que en algunos enclaves le hayan cerrado las puertas. Pero se trata de una reacción que ya esperaba y a la que resta trascendencia. «Yo era consciente de que iba a ser nocivo para mi carrera, pero tuve claro que tenía que denunciar a este régimen totalitario y a sus colaboradores. Los efectos que tiene sobre mi vida creo que son secundarios», puntualiza por teléfono.

En su lucha no ha dudado también en denunciar por todo el mundo que El Sistema creado por el músico José Antonio Abreu es una estrategia de marketing del régimen venezolano que esconde muchas sombras.

«Quisiera que el mundo se interesara e investigara lo que realmente es El Sistema. Sin duda, dentro hay gente muy buena que sufre mucho. Te comento, por ejemplo, que vive con nosotros desde mayo un tenor venezolano talentosísimo, que hemos conseguido sacar de allí para que pueda desarrollar su carrera y para que pueda vivir. Allí, dentro de El Sistema de Abreu ganaba dos dólares al mes. Ahora se va a estudiar a Dublín gracias a una beca que le hemos conseguido. Acabará siendo una estrella internacional», apunta.

El drama nacional de Venezuela, al que le ve una difícil salida a corto plazo, le ha generado «mucha tristeza» y «dolor».

El escenario se ha convertido, en su caso, en una vía de escape. «La música ha sido un gran aliado. Ese peso y ese dolor lo he podido expresar con la música. Las gracias que muchos venezolanos me dan después de los conciertos han sido también una gran ayuda. Yo les doy fuerza y ellos me las dan a mí», añade.

Este viernes sabe que se volverá a generar uno de esos momentos artísticos que le ayudan a salir adelante. «El año pasado me llevé una gratísima impresión de la Orquesta Filarmónica de Gran Canaria (OFGC). Hubo una muy buena conexión. Es una cuestión de química. Es raro que no la haya, pero cuando se dan todos los elementos, la sensación es maravillosa», añade.

Con la formación isleña, que dirigirá su titular Karel Mark Chichon, Montero tocará el Concierto para piano de Grieg.

«Es un concierto muy querido, romántico, melancólico y virtuoso. Tengo una anécdota muy bonita sobre esta obra. La pianista venezolana Teresa Carreño, que falleció en 1917, tocó este concierto y el propio Edvard Grieg la escuchó. Se le acercó después, muy emocionado y le dijo: ¡Caramba, señora, no sabía yo que mi concierto fuera tan hermoso!», explica entre risas.

Desde su punto de vista, la exigencia que implica esta y otras piezas es «relativa». «Nada es imposible al piano. Lo que intento es acercarme al carácter de la obra e intentar contar las historias que uno piensa que el compositor, como ser humano, quería narrar. Intento convertir la obra en un reto personal. La música de Grieg es una oda a la naturaleza, a la belleza del paisaje noruego, que es tan dramático como impactante. Sientes la inmensidad que tiene la naturaleza sobre todas las creaciones artísticas de los escandinavos. Para los latinos creo que es una conexión emocional con nuestras historias personales», asegura.

Cuando finalice este concierto, tiene previsto regalar dos de sus habituales improvisaciones a los fieles de la OFGC, como ya hizo el pasado año, también durante su estreno en el Auditorio Alfredo Kraus.

«Me siento cómoda improvisando. No tengo parámetros. Para mí es algo muy íntimo y natural. Me encuentro en mi elemento, como un pez en el agua», reconoce sobre esta faceta.

En el fondo, comenta que ganó el Grammy Latino al mejor álbum de música clásica en 2015, no se trata sino de ir un paso a más lejos dentro de la concepción musical que marca su camino, incluso cuando aborda las obras que figuran en el programa de mano.

«Al repertorio tradicional siempre intento aportarle un toque personal. Ese es el objetivo del intérprete. La partitura es una simple guía para intentar entender qué es lo que quería contar el compositor. Pero devolver a la vida esas obras, en pleno siglo XXI, es una gran experiencia. Soy venezolana y estoy devolviendo a la vida una obra de un noruego», dice.