«De niño, la música me dio la vida»

03/02/2020

Christoph Eschenbach (Breslavia, 1940) tuvo una infancia marcada por la tragedia, pero reconoce que en su camino se cruzó la música y ésta le «dio la vida». Su madre murió durante el parto y su padre, que se resistió al nazismo, fue arrestado y ejecutado. El pequeño estuvo un año sin hablar y su vida cambió cuando la música se hizo presente y fue adoptado.

«La música me dio la vida cuando era un niño y se convirtió para mí en un poderoso generador de energía, hasta hoy», explica el prestigioso director de alemán, que el próximo sábado, en el Auditorio Alfredo Kraus, y al día siguiente en el de Tenerife Adán Martín, al frente de la Orquesta de París, baja el telón de la 36ª edición del Festival de Música de Canarias.

Sobre la formación parisina, con la que afrontará el Concierto para violín de Mendelssohn y la Sinfonía Fantástica, de Berlioz, el director germano se muestra contundente. «Es una de las mejores orquestas de Europa y, sin duda, la mejor de Francia», subraya.

Esta formación se estrenó sobre un escenario en 1967, bajo la dirección de Charles Munch y a lo largo de su historia ha contado con la presencia de directores como Solti, Karajan, Barenboim y Bychkov, entre otros. Desde 2015, es la orquesta residente de la Philhamonie de la capital francesa.

La pieza de Mendelssonh tendrá como solista al jovencísimo violinista sueco Daniel Lozakovich, de tan solo 18 años. «Una de mis especialidades consiste en elegir a artistas jóvenes excepcionalmente dotados y trabajar con ellos», explica el músico germano cuando se le cuestiona sobre este virtuoso.

El veterano director centroeuropeo regresa a un archipiélago canario que no solo conoce por cuestiones profesionales. «Hace muchos años tuve una casa en Maspalomas y he ido a Gran Canaria muchas veces», reconoce.

Sobre el evento musical que dirige en la actualidad el gestor palmero Jorge Perdigón, Christoph Eschenbach dice que se trata de «uno de los grandes festivales de la actualidad». «Cada orquesta invitada puede sentirse orgullosa de aparecer en el mismo», añade.

Cuando contaba 15 años, Eschenbach comenzó a estudiar piano, un instrumento en el que brilló muy pronto y con el que ganó varios concursos, a la vez que se formaba como director. «Mi carrera como solista me dio mucha información sobre el repertorio que he tenido que afrontar como director de orquesta y muchos de sus secretos», confiesa entre las respuestas que ha remitido al cuestionario que se le envió por internet.

Eschenbach tuvo la fortuna de ver dirigir en directo a un mito como fue su compatriota Wilhelm Furtwängler. «No fue un espejo para mí, pero sí que fue el motor inicial para que después tomara la decisión de convertirme en director», puntualiza que en la actualidad es el máximo responsable artístico de la Konzerthaus Orchester de Berlín y que en 2017 fue nombrado director laureado de la Orquesta Sinfónica Nacional de Alemania.

Desvela cómo trabaja con las orquestas que dirige. «Mi análisis interpretativo de la partitura que vamos a abordar en los conciertos debe ser muy clara, para poder transmitirla después a la orquesta. Aunque las ideas musicales que me llegan desde los músicos de la propia orquesta también son muy bienvenidas», subraya.

La importancia que la música tuvo en su vida la traslada a las nuevas generaciones, cuando se le pregunta sobre las fórmulas para atraer a jóvenes espectadores a las salas de conciertos clásicas.

«La música es para todo el mundo y en todo momento. Debe de ser abierta y atractiva, especialmente para los jóvenes, con el objetivo de ayudarlos a avanzar en todas las etapas de sus vidas», argumenta Eschenbach.