El compositor Lucas Vidal, durante la presentación de unos premios cinematográficos este mismo año. / EFE

«Todo el mundo merece no ser juzgado 'a priori'»

Las bandas sonoras de varias series de televisión que se estrenarán en 2022 llevarán su firma. Millones de personas escuchan su música en los hogares de todo el mundo. Poco antes de desatarse la pandemia, dejó su hogar en Los Ángeles y regresó a España. Defensor de las bonanzas del Estado de bienestar. ¡Ay, si Ennio Morricone supiera!

ANTONIO ARCO

Pues no, no se llegó a saber lo que pensaba el maestro Ennio Morricone de que Lucas Vidal, siendo un niño, le quitase el volumen a 'Cinema Paradiso' (1988) para acompañar las imágenes de la película con la música que él mismo iba componiendo en su cabeza. ¡Morricone, a quien tanto admira! Pasados los años, ese niño nacido en Madrid en 1984, que ya había empezado a tocar el piano y la flauta travesera, es hoy uno de los compositores españoles de bandas sonoras, para cine y series de televisión, más populares e internacionales. Tuvo con poco más de 20 años su propio estudio en Hollywood, donde compuso la música de exitazos mundiales de taquilla como 'Fast and Furious 6'. Superó un cáncer. Se le ha llamado genio. Dejó Los Ángeles poco antes de la pandemia de Covid-19 para volver a residir en España. Tiene dos hijos -la mayor le pide camino al cole que le ponga 'Pedro y el lobo', de Prokófiev-, y mucho trabajo por delante. Él mismo explica en qué anda enredado profesionalmente: «Estoy con 'Élite' (Netflix), la segunda temporada de 'Paraíso' (Movistar+), un musical que se llama 'Érase una vez... pero ya no' (Netflix), 'Bienvenidos a Edén' (Netflix), 'El inmortal' (Movistar+), y también preparando mi segundo trabajo discográfico tras 'Karma'. No me puedo quejar...».

- ¿Claro qué tiene?

- Que tenemos un límite de tiempo para aprovecharlo y que todos nos vamos a morir.

- ¿Y entonces?

- Vivamos con pasión, eso es lo que propongo. Yo lo intento: disfrutar de cada segundo de mi vida con pasión, de manera positiva y tratando de no hacer daño a nadie. Para mí, la intensidad con la que eres capaz de disfrutar de las cosas es importante.

- ¿Qué no hace ya?

- Intento no perder mi tiempo en asuntos que no me llenen, o que me distraigan de lo verdaderamente importante, o que me pongan de mal humor. No quiero vivir de mal humor.

- ¿En qué cree?

- En que, por definición, el ser humano es bueno; luego, de alguna manera, todos nos podemos corromper más o menos. Defiendo que el hombre por naturaleza tiende a la bondad más que a la maldad.

- ¿Qué procura tener presente?

- Todo el mundo merece no ser juzgado 'a priori'. Cada vez que conozco a alguien, estoy abierto y con buenas expectativas.

- ¿Sigue siendo confiado?

- Incluso tengo que reconocer que confío demasiado en mis semejantes, sí. Pero bueno... También es cierto que la gente con la que he ido tratando a lo largo de mi vida no me ha dado muchos motivos para decepcionarme.

- ¿Usted qué reconoce?

- Que tengo la gran suerte de tener una pasión muy clara: la música. Una pasión que mi propia familia ha ido alimentando desde que yo era muy pequeño, ya que también ha sido otra gran suerte tener una familia que ha apostado siempre por la creatividad, por el arte, y que me ha transmitido unos valores que creo que son muy importantes para la vida. Ese ambiente familiar del que pude disfrutar tuvo mucho que ver en que yo ahora mismo disfrute tanto con mi trabajo. Me llena mucho lo que hago, y sigo sintiendo una gran curiosidad por todo lo que tiene que ver con la música. Ahora mismo estamos en un momento de muchísimos cambios, en el que se consume más música que nunca y a través de muchos medios, y eso como artista es una riqueza. Me gusta aprender de otros, entre los que están quienes hacen cosas totalmente diferentes a las que hago yo. Y hay algo más que es una auténtica maravilla: puedo hacer de todo desde mi ordenador [ríe].

- ¿Cuál suele ser su estado de ánimo predominante?

- No sé si será por una cuestión hereditaria, pero soy una persona muy alegre y muy divertida; vamos, que me considero una persona ligera, nada retorcida. Y no me gusta regodearme en las lamentaciones o alimentar la tristeza. En mi caso, en los momentos de crisis siempre intento ver una oportunidad de cambio a mejor.

- ¿Qué sentía cuando lo calificaban de genio?

- [Ríe] La palabra genio es una palabra que se usa mucho y que se debería usar menos. Yo no creo ser ningún genio, por supuesto, lo que sí soy es un trabajador nato, un enamorado de su trabajo y alguien que siempre, al menos en el plano artístico, intenta salir de su zona de confort, como en el caso de 'Karma' (su primer álbum de música electrónica orquestal). Como artista, mi motivación constante es la de crear sonidos diferentes.

- ¿Qué niño fue Lucas Vidal?

- Era un niño especial [sonríe]. Me gustaba mucho la música, como es fácil de imaginar [ríe], y cuando llegaba a un sitio preguntaba: '¿Aquí quién manda?'. ¡Era muy práctico! Me gustaba también mucho el deporte y vi poquísimo la televisión, algo que creo que me aportó el tiempo necesario para ir desarrollándome como músico. Fui un niño bastante feliz.

- ¿También ahora es especial?

- Esto lo he hablado mucho con mi psicoanalista... Yo me veo una persona normal, pero entiendo que, a lo mejor, por los proyectos en los que ando metido y por la gente con la que he tenido la suerte de poder colaborar y trabajar, sí que puede dar la impresión de que soy distinto... No lo sé, yo me veo tan mejorable en tantas cosas, ¡anda que no me queda camino por recorrer como ser humano y como artista!

Algún límite

- De ser posible, ¿qué cambiaría de su personalidad?

- Creo que tengo un punto de... no sé si decir de ingenuidad. Como hablábamos antes, es verdad que yo me fío mucho de todo el mundo, y quizá debería poner algún límite en ese sentido.

- ¿A qué no está dispuesto?

- Eso lo tengo muy claro: no estoy dispuesto a tolerar actitudes racistas, ni violentas. Detesto la violencia, soy una persona totalmente pacífica. Y me refiero a toda violencia: a la física y también a la verbal. Y tampoco me gustan, ni me manejo bien con ellas, las mentiras ni la gente mentirosa. Sé el mundo en el que vivo, y me pone muy nervioso, y me desagrada y me inquieta, la injusticia social. El hecho de que unos se aprovechen de otros, desde su situación de privilegio, es algo que llevo mal, a lo que no me acostumbro. No puedo con los aprovechados.

- ¿De qué le salva la música?

- La música lo que hace es darle un sentido a mi vida. Hace que tenga una respuesta a las grandes preguntas que nos hacemos los seres humanos. Por ejemplo, qué hacemos aquí, para qué hemos venido a esta vida. Todo es tan pasajero, todo pasa tan rápido, son tantas las cosas que no llegas a entender... Así es que me siento afortunado por tener muy claro que la música le da un sentido a mi vida.

- ¿Ha tenido miedo durante la pandemia?

-Claro que he tenido miedo, pero no he querido dejar que se apoderara de mí. En situaciones un poco extremas, en las que todo son interrogantes, es muy fácil perder el rumbo, y yo no quería que eso me pasase. Tenía miedo, pero quería que no controlara mi vida. Y lo he conseguido: el miedo no la controla.

- ¿Qué aspecto positivo observa usted en mitad de esta crisis sanitaria?

- Creo que haber luchado contra la Covid-19 a nivel global, ya de por sí une. Se ha demostrado que cuando más allá de las fronteras vamos todos a una conseguimos ser más fuertes. Cuando nos unimos, y eso ha sido posible, nos va mejor. Por tanto, abogo por un modelo de inclusión en el que todos nos sintamos parte de este mundo.

- ¿Satisfecho de haber regresado a vivir a España tras su larga etapa en Los Ángeles?

- Sin duda. Lo decidí antes de la pandemia, y me alegro mucho de haberlo hecho. Sigo viajando de vez en cuando a Estados Unidos, pero ya vivo y trabajo en España. Puedo participar en cualquier proyecto, de la nacionalidad que sea, desde mi portátil. Fue una buena decisión por varios motivos; en primer lugar, mi familia y mis amigos están aquí, y es aquí donde me siento en casa. Y también hay otra cosa que tengo clara: el modelo social que tenemos en España es mucho mejor que el americano, y sentirte protegido por el Estado es un gran aliciente. En Estados Unidos no tienes esta red de seguridad: asistencia social, sanidad y educación públicas… Aquí, en mayor o menor medida, el Estado sigue protegiéndote.

- ¿Le resulta extraño que nos quejemos tanto de cómo funciona este país?

- Creo que cuando vives fuera unos años y regresas, o al menos ese es mi caso, eres consciente de las cosas tan buenas que tenemos. Y eso, independientemente del panorama político, sea el que sea, que es un tema en el que no voy a entrar porque no creo que interese lo que yo piense en este sentido. Lo que sí digo es que, independientemente del partido que gobierne, y de que lo pueda hacer mejor o peor, todos tenemos el paraguas del Estado y eso es una suerte.

- ¿Qué diferencias ha observado?

- Un día, cuando vivía en Estados Unidos, me dirigía a mi estudio y me encontré con una chica embarazada, drogadicta, que estaba pidiendo en la calle. Yo traté de ayudarla, buscando opciones, pero fue muy difícil encontrar alguna solución porque no había ningún programa social que se hiciera cargo de estas situaciones. Todo lo que se podía hacer era por la vía de lo privado. Sin embargo, el otro día, en el Paseo de la Castellana vi a un señor mayor pidiendo y me paré a hablar con él, porque me parecía muy fuerte que una persona tan mayor estuviese mendigando. Su situación, sin duda que muy dura, no era tan desesperada como la de la chica embarazada... Podía cubrir sus necesidades básicas, tenía un lugar colectivo al que ir a dormir... Claro que todas estas situaciones no se tendrían que dar, pero al menos aquí hay un ambiente mucho más favorable socialmente, tanto a nivel público como privado, que hace que la gente más desfavorecida pueda vivir de manera más digna.

- ¿Qué más cree que tenemos a favor?

- Los índices de violencia son incomparables a los que se viven allí. Solo hay que residir en Los Ángeles, por ejemplo, para darse cuenta de lo que es hablar realmente de inseguridad ciudadana.

Reforzar la educación

- ¿Qué propone para mejorar nuestra sociedad?

- Para mí, reforzar la educación en cultura es básico porque eso hace que, de alguna manera, el ser humano se haga más sensible a lo bello. Por eso considero que es muy bueno impartir a los niños clases de música, de danza, de creatividad en general... ellos van a ser las futuras generaciones. Cuanto más invirtamos en educación y en cultura, mejor sociedad tendremos.

- ¿Qué música escuchan sus dos hijos?

- He tratado de incentivarles con la música clásica prácticamente desde que nacieron. Les gusta escuchar 'El cascanueces' de Tchaikovsky, ven los fines de semana vídeos de ballet en YouTube... Mi hija mayor, cuando la llevo al cole, lo que me pide escuchar es 'Pedro y el lobo' (de Prokófiev).

- ¿No cantará usted bien? ¡Ya sería demasiado!

- ¡Canto fatal y dibujo peor [risas]!

- Y no deja de reírse a la mínima oportunidad.

- En realidad, no me tomo nada en serio, ni a mí mismo siquiera. Todo es tan relativo, y somos tan insignificantes en mitad de tantos planetas, galaxias, agujeros negros, ¡es todo tan loco! Entonces, ¿para qué voy yo a estar alimentando mi ego y sintiéndome el rey del universo? ¡Qué ridículo! O te tomas las cosas con un punto de cachondeo o terminas frustrándote al final.