Escultura que forma parte de la exposición 'Sorolla y Benlliure. Una amistad, dos artistas'. / Luis Millan / EFE

Una muestra homenajea la amistad entre Sorolla y Benlliure

El museo que lleva el hombre del pintor valenciano expone ocho esculturas, entre ellas un busto de la hija del maestro del realismo

Antonio Paniagua
ANTONIO PANIAGUA Madrid

El Museo Sorolla indaga en la fraterna amistad que mantuvieron el pintor valenciano y Mariano Benlliure con una muestra que agrupa una serie de piezas que el escultor regaló al insigne artista, entre ellas una talla de Velázquez nunca antes expuesta.

Joaquín Sorolla y Mariano Benlliure no fueron solo dos de los artistas más geniales del XIX y principios del XX. Los dos maestros del realismo fueron, antes que nada, dos buenos amigos. Dos valencianos afincados en Madrid que vivieron para crear un arte único, que triunfó tanto en España como en el extranjero. Ambos se llevaron la medalla de oro de la Exposición Universal de París de 1900 y fueron aclamados en su tierra con grandes honores.

Los dos estaban imbuidos de un espíritu viajero que les movió a exponer en EEUU, Francia, Chile, Argentina o Cuba, al tiempo que compartieron proyectos comunes, como la creación de un Palacio Permanente de las Bellas Artes e Industrias en Valencia, ambiciosa iniciativa que no prosperó, o la organización de exposiciones de la Juventud Artística Valenciana. Su relación se inició siendo los dos adolescentes en Valencia y duró toda su vida, hasta la muerte prematura de Sorolla a los 60 años.

El fruto de una amistad tan perdurable cuajó en una serie de intercambios artísticos. Sorolla retrató a Mariano Benlliure y a su familia, le regaló cuadros dedicados cariñosamente: «a mi amigo», «a mi hermano». El escultor, consciente de lo mucho que al pintor le gustaba la escultura, le obsequió con una pequeña colección de bronces y un yeso, además de un jarrón de cerámica decorativa, piezas que hoy, en el 75 aniversario de la muerte del escultor, se reúnen por primera vez en una sala del Museo Sorolla.

Organizada por el Museo Sorolla y la Fundación Museo Sorolla, la muestra 'Una amistad, dos artistas: Sorolla y Benlliure', que se inaugura mañana y que permenecerá abierta hasta el 2 de octubre, aspira a ser un homenaje no solo al escultor Mariano Benlliure Gil, sino también a la amistad que los dos artistas cultivaron. Una relación que se extendió a sus esposas y familias, y que indujo a Mariano Benlliure a iniciar a Elena Sorolla García, hija pequeña del pintor, en el arte de la escultura, disciplina en la que fue pionera en su época.

Fraternidad perdurable

Esta amistad continúa, hoy en día, entre los descendientes de ambos artistas que mantienen vivos estos lazos fraternales. Comisariada por Ana Muñoz Martín y Covadonga Pitarch Angulo la muestra reúne ocho esculturas, de entre las que destacan los retratos de Sorolla: una placa de perfil en bronce que el escultor realizó para homenajear los éxitos obtenidos por el pintor en 1909, cuando la exposición individual que llevó a Nueva York batió todos los records imaginables de crítica, ventas y público; o el busto en piedra caliza que desde 1932 recibe a los visitantes en el jardín del Museo y que muestra a Sorolla haciendo lo que más le gustaba, pintar a la luz del sol.

Destaca en la exhibición el yeso de un 'Estudio para el monumento a Velázquez', una obra que se expone al público por primera vez y que tiene el interés de ser uno de los yesos que mejor se conservan del autor. Descuellan también los retratos del fotógrafo Antonio García Peris, suegro de Joaquín Sorolla, una pieza realizada en bronce que fue un regalo del pintor a su esposa, y el de María Sorolla García, hija mayor del artista, que Benlliure regaló a la descendiente del pintor cuando esta se casó.

Además de estas piezas escultóricas, en la muestra se exhiben un jarrón de cerámica decorativa, tres dibujos —que son en realidad tres caricaturas, dos realizadas por Sorolla y uno de la mano de Benlliure— y un conjunto de fotografías y cartas con las que el Museo quiere contextualizar la amistad de los dos artistas.

Dispuesta en la sala primera del Museo Sorolla, un estudio que Sorolla empleó, entre otras funciones, para organizar la exposición póstuma de Aureliano Beruete, íntimo amigo de la familia y pintor de paisajes, la muestra retoma los homenajes que Sorolla comenzó en vida, de nuevo con una de las figuras más relevantes del panorama artístico español y una de las personas fundamentales en la vida del pintor valenciano. La exposición se acompaña de una guía que cuenta con textos de las comisarias y de Lucrecia Enseñat Benlliure y Blanca Pons-Sorolla, descendientes respectivamente de Mariano Benlliure y Joaquín Sorolla, y ambas buenas amigas.

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