La actriz Olivia de Havilland / Archivo

Olivia de Havilland cierra la edad dorada de Hollywood

La actriz de 'Lo que el viento se llevó', que residía desde los años sesenta en París, muere a los 104 años

Antonio Paniagua
ANTONIO PANIAGUA Madrid

Era la última estrella del Hollywood clásico, la única superviviente que quedada de esa película mítica que fue 'Lo que el viento se llevó', hoy en el punto de mira por su estela de racismo. Ganadora de dos Oscar de la Academia, el astro más longevo del celuloide murió este domingo a los 104 años, según informó su representante a 'The Hollywood Reporter'. Difícil en este día no pensar en otro gigante de la gran pantalla, Kirk Douglas, otro exponente de la industria de los grandes estudios que falleció en febrero. Con dos estatuillas por sus interpretaciones en 'La vida íntima de Julia Norris' y 'La heredera', la intérprete británico-estadounidense murió hoy a los 104 años en París, donde encontró su verdadero hogar. Vivía desde los años sesenta en la capital francesa, en un lujoso piso de la calle Benouville, en el glamuroso distrito XVI.

     

Fuerte carácter

Acostumbrada a encarnar papeles de mujeres almibaradas, la actriz sin embargo tenía un temperamento recio y litigante. Plantó cara al omnipotente sistema de los grandes estudios por las abusivas condiciones laborales que sufrían los artistas y para sorpresa de muchos salió victoriosa. Por algo su lema era «Never give up» (nunca te rindas). Llevó a los tribunales a la Warner aburrida del encasillamiento a que la sometían.

A lo largo de su carrera, la intérprete participó en títulos emblemático como 'Robin de los Bosques', 'Nido de víboras 'y 'Si no amaneciera'. La noticia de su fallecimiento fue confirmada por su antigua abogada, Suzelle M. Smith, a la revista 'Variety'. «Anoche, el mundo perdió un tesoro internacional, y yo perdí a una amiga y cliente querida. Murió en paz en París».

La primogénita del abogado Walter de Havilland y de la actriz Lilian Fontaine, nació en Tokio en 1916. Como su hermana, Joan Fontaine, Olivia tenía una salud delicada, lo que obligó a que las dos niñas, después de la separación de sus progenitores, se mudaran con su madre a California. De Havilland fue educada en una ambiente diletante. Recibió lecciones de ballet, piano y dicción. Aprendió a leer a edad temprana mientras su madre le recitaba pasajes de Shakespeare.

Hastiada de que los personajes de mayor encarnadura dramática fueran acaparados por Bette Davis, se quejó, y como represalia la Warner no le dio trabajo en seis meses. No le quedaba más remedio que hacer de morena ingenua, pues de rubia candorosa ya se encargaba Anita Louise. Con todo, se sobrepuso a la adversidad y al final acabó trabajando a las órdenes de monstruos de la dirección como Raoul Walsh, Michael Curtiz, William Wyler, Robert Siodmak y Robert Aldrich, entre otros. Con Errol Flynn formó una pareja icónica del cine que hizo ganar dinero a espuertas al productor Jack Warner. No llegó a más con el galán del bigote trazado con tiralíneas porque ella no quiso, pues Flynn bebía los vientos por ella.

Su gran oportunidad llegó cuando la eligieron para dar vida a la dulce Melania Hamilton de 'Lo que el viento se llevó', a pesar de que el productor Jack Warner no la veía en el traje de refinada dama sureña.

Se casó con el novelista Marcus Goodrich, del que se divorció en 1953 y con quien tuvo un hijo, Benjamin. En 1955, contrajo nupcias por segunda vez con Pierre Galante, de quien se separó en 1979 y con quien tuvo una hija, Gisèle.