Ouka Leele, en una de sus exposiciones de fotografía. / Irene Marsilla | Vídeo: EP

Muere Ouka Leele, la particular fotógrafa del color que retrató la movida

Estudiante frustrada de Bellas Artes, la artista madrileña que pintaba sus propias instantáneas fallece un mes antes de cumplir 65 años

Daniel Roldán
DANIEL ROLDÁN Madrid

Bárbara Allende Gil de Biedma siempre decía que había llegado a la fotografía de casualidad. «Hacía garabatos desde niña. Siempre me interesó el arte, el dibujo, la pintura y, de vez en cuando, cogía una cámara. Ahora creo que fue la foto la que me buscó y me eligió a mí», confesaba hace unos años la fotógrafa, pintora y poeta conocida como Ouka Leele. En definitiva, una creadora total, apasionada por el color, que falleció anoche en un hospital madrileño acompañada de su hija, el resto de sus familiares y amigos un mes antes (29 de junio) de cumplir los 65 años.

Esa infancia estuvo marcada por las visitas al Prado -le impactaron los cuadros del Greco- y a la sierra de Guadarrama junto a sus padres Gabriel, arquitecto apasionado de la pintura, y Victoria, hermana del poeta Jaime Gil de Biedma. «El bosque se clavó en mi alma para siempre», indicó en 2015. Esa pasión por la pintura la volcó en un intento frustrado de estudiar Bellas Artes, que aparcó para intentar aprender a tocar el piano mientras aprendía los elementos más básicos del arte que la consagró en Photocentro. Entretanto, superó un linfoma con apenas 22 años.

Ya en su primera gran exposición, 'Peluquería' (1978-79), Ouka Lele demostró su particular espíritu libre. Un nombre que eligió de una improbable constelación pintada en un cuadro por el Hortelano, durante muchos años su pareja sentimental. A finales del pasado siglo, se enteró de que con una 'e' más, su nombre artístico significaba 'que des la vuelta al mundo' en el idioma de los bubi de Guinea Ecuatorial. Sumó esa vocal con mucha satisfacción.

En la muestra, la artista decidió hacer todas las fotografías en blanco y negro para después darles el color que ella deseaba con sus acuarelas. Fusionaba sus dos pasiones y comenzaba una carrera que la llevó, en esos inicios, a México y Nueva York.

A su regreso en 1981, Ouka Leele encajó a la perfección con el movimiento artístico que había eclosionado en el país tras la dictadura: la movida madrileña. Se convirtió en la fotógrafa oficiosa del momento. «Es un fenómeno del que estoy orgullosa de haber participado, aunque no se puede decir en puridad que yo fuera la fotógrafa de la movida», explicó la propia artista, hace unos años, en la presentación de una de sus exposiciones. «Viví aquellos años con pasión, como hacía todo el mundo, pero quizá lo fuera Pablo Pérez-Mínguez. Por su estudio pasaba todo el mundo», recordaba una fiel representante de lo que se llamó posmodernidad.

En esa época se codeó con Javier Mariscal, Ceesepe, Alberto García-Alix o Pedro Almodóvar, para el que realizó el diseño de los sombreros de 'Laberinto de pasiones' (1982). Cinco años más tarde, el Museo Español de Arte Contemporáneo -ahora del Traje- le dedicó una retrospectiva. Ese mismo año, participó en la Bienal de Sao Paulo y realizó el gran montaje en la plaza de Cibeles, cortando incluso el tráfico, donde representó el mito de Atalanta e Hipómenes. En 1988, llegó a París con sus polaroids gigantes para la Fundación Cartier. Las obras de Ouka Leele se han visto en numerosos países y tiene obra en pinacotecas como el Reina Sofía.

Cambios

Con el paso de los años, la obra de Ouka Leele evoluciona. Nunca deja de fusionar distintas disciplinas artísticas, donde ella se encontraba «muy cómoda», aunque sus colores se fueron suavizando -abandonó poco a poco esas opciones chillonas que presentó en 'Peluquería'- y abrió su espacio creativo al exterior. Ejemplos fueron el mural que creó en Ceutí (Murcia), cuya realización se vio en la película 'La mirada de Ouka Leele' o en sus trabajos para el programa 'Miradas de Asturias' de la Fundación María Cristina Masaveu Peterson.

Premio Nacional de Fotografía en 2005, Medalla de Plata de la Comunidad de Madrid y Medalla de la ciudad (2022) que la vio nacer, Ouka Leele aseguraba que le valía cualquier herramienta para expresarse, «desde un móvil a la cámara más potente del mercado». «Estoy atenta a cualquier instante y a cualquier circunstancia. Me sirve tanto la espontaneidad como el montaje», explicaba.