Domingo Villar. / FOTO: EFE | VÍDEO: EP

Domingo Villar, un maestro de la novela negra, muere a los 51 años

El creador del inspector Leo Caldas sufrió en su Vigo natal una hemorragia cerebral de la que no se recuperó

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCI Madrid

«Soy como un oso cavernario», decía de sí mismo Domingo Villar (Vigo, 1971) para explicar por qué había necesitado casi diez años para concluir la tercera novela de la serie policíaca que protagoniza su inspector Leo Caldas. El escritor falleció este miércoles, con 51 años, en la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital Álvaro Cunqueiro de Vigo donde se encontraba ingresado desde el lunes tras sufrir un ictus, una «hemorragia severa» que resultó fatal. El joven maestro de la novela negra, triunfador en el sobresaturado mercado de la intriga policíaca decía que

Villar era el creador del inspector Leo Caldas, un solitario y melancólico funcionario de policía que compagina su trabajo en comisaría con un consultorio radiofónico. Trasunto del autor... Villar escribía sus novelas en castellano y luego las traducía al gallego, o al revés, lo que hacía que su proceso creativo fuera de «cocción lenta». Se describía como «un pesimista alegre» y como «un artesano que cuenta historias despacito y que habla de personajes emocionados».

Inauguró la serie de Caldas, con 'Ojos de agua' (2006), de la que se han impreso veintitrés ediciones y se tradujo a quince idiomas. Siguió con 'La playa de los ahogados' (2009, más de 20 ediciones), llevada al cine por Gerardo Herrero, con Carmelo Gómez en el papel de Caldas. De este relato, una adictiva y minuciosa investigación sobre la pesca artesanal en las Rías Baixas, existe una ruta turístico-literaria por los escenarios que recreó Villar en Panxón (Pontevedra).'El último barco' llegó en 2011, el esperado regreso de Caldas.

En los últimos meses Villar había terminado una obra de teatro y estaba escribiendo el cuarto caso de Leo Caldas. También preparaba una serie de televisión protagonizada por el inspector y dirigida por los hermanos Coira. Aseguraba tener «un buen puñado de ideas, varias historias puestas a remojo en el caldero de las historias». Su último libro publicado es 'Algunos cuentos completos', con relatos escritos a lo largo de los años y que decidió publicar a raíz de la pandemia «para celebrar la vida y la amistad».

Concienzudo y preciso, le costaba dar por acabada una historia. Para escribir 'El último barco' empleó decenas de libretas, emborronó un sinfín de cuartillas escritas a mano, dibujo mapas de personajes y tecleó notas en el móvil. Cada tanto, leía en voz alta lo redactado para evitar cacofonías y repeticiones. Escribiera en castellano o gallego, estaba obsesionado por la búsqueda de la musicalidad. Aunque confesaba que los diálogos le salían mejor en castellano, «dado que el 99% de mi vida transcurre en esa lengua», admitía que «el gallego me acerca más al lugar emocional que busco al escribir».

Miedos

Uno de sus mayores temores era quedarse en blanco, miedo que conjuraba con tesón y trabajo. «Hacer que un libro se lea con facilidad y sin enganchones es dificilísimo; corrijo hasta la extenuación y busco la concisión», reconocía Villar, para quien escribir era «cincelar lo que creas y quitar lo que sobra». «A menudo no renunciamos a esos pasajes hermosos que son palos en las ruedas de una buena historia», decía.

«La literatura, al contrario que el cine, es soledad y dudas», resumía Villar, hijo de bodeguero, como su policía, y que desempeñó otros trabajos antes de dedicarse en exclusiva a la escritura. hace ahora una década. Su humildad contrastaba con una extensa cultura de la que nunca hacía gala y entendía la literatura como «un espacio de resistencia ante el ruido, un lugar para la reflexión, el recogimiento y la calma».

Casado, padre de tres hijos y afincado en Madrid desde 1989, no quería Villar dejar de escribir sobre su Galicia natal, «que para un escritor de novela negra es un as en la manga». «Por fuera, mi obra es una novela policíaca, por dentro es un canto de amor a mi tierra», decía. «Su naturaleza es exuberante, sus gentes son complejas como su orografía, y la realidad de esta frondosa tierra fronteriza y abierta al mar es muy rica», enumeraba para explicar su fidelidad a un territorio que amaba y al que regresaba a menudo. La última vez para visitar a su madre enferma.

El escritor vigués vendía especialmente bien sus novelas en Francia y Alemania, pero tenía en sus paisanos a sus mejores lectores «tanto en castellano como en gallego». Traducida a quince idiomas, la serie de Leo Caldas cosechó un puñado de premios nacionales e internacionales. 'La playa de los ahogados' fue libro del año para la Federación de Libreros de Galicia. 'Ojos de agua' fue finalista de los Crime Thriller Awards y Dagger International en el Reino Unido, del premio Le Point du Polar Européen en Francia, y del premio de la Academia Sueca de Novela Negra. Sus novelas han sido muy bien acogidas en Francia y Alemania.