El arzobispo Casimiro Morcillo (izq.), en 1969 ante los restos incorruptos de San Isidro, que vivió en el siglo XII. / R.C.

Milagrero, castizo e incorrupto

Los restos momificados de San Isidro, popular patrón de Madrid y de un puñado de localidades españolas, se exhiben en público por primera vez en cuatro décadas para celebrar el IV centenario de su canonización y su año jubilar

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCI Madrid

San Isidro nació hacia 1082 en Magerit, el Madrid árabe, entonces una aldea, y rindió cuentas con la vida en 1172, hace 850 años. El labrador, hoy patrón de la villa y corte y de los agricultores, fue inhumado. Pero la tierra fue benevolente con él y su cuerpo permanece incorrupto. La momia del santo, que no se había mostrado en público desde hace 37 años, se exhibirá en este isidril mes de mayo con motivo del 400 aniversario de la canonización del modesto agricultor y zahorí mozárabe, la primera de un laico casado, que obró asombrosos milagros.

Para ver sus restos habrá que visitar la Real Colegiata de San Isidro entre los próximos días 21 y 29. Aunque la tumba del santo puede visitarse allí en cualquier momento, ver sus restos incorruptos es algo excepcional, ya que se exhibieron por última vez en 1985. «Se cumple ahora el cuarto centenario de la canonización y el Año Santo Jubilar de San Isidro, y la exhibición era casi obligada», reconoce Luis Manuel Velasco, presidente de la Congregación de San Isidro y custodio de los restos. Para evitar riesgos, se expondrán protegidos con un grueso metacrilato antibalas, con cámaras de seguridad en el recinto y custodia policial.

La vida del popular y castizo santo se relata en el Códice de Juan Diácono, descubierto en 1504 y custodiado en la catedral de La Almudena. Narra sus cinco milagros en vida. Entre ellos, cómo rasgó un saco de trigo para alimentar a los pájaros a los que la nieve impedía comer, y al volver a casa halló el saco intacto y repleto; cómo Iván de Vargas, su amo, vio que los bueyes araban solos mientras Isidro rezaba, o cómo donde hoy se alza su ermita hizo brotar un manantial cuyo agua beben con devoción chulapos ataviados con chaleco y parpusa y chulapas con mantón de manila, pañuelo y clavel.

El patrón madrileño es un santo muy venerado que cuenta con más de 500 hermandades, y no solo en su ciudad natal. Es también patrón de Villar del Olmo y Morata de Tajuña (Madrid), Cartaya y Rosal de la Frontera (Huelva), Los Barrios y Tahivilla (Cádiz), La Orotava (Tenerife), Alfajarín (Zaragoza), Talavera de la Reina (Toledo), Montellano (Sevilla), Estepona (Málaga), La Malahá (Granada), Labros (Guadalajara), Villar de Cañas (Cuenca), y S'Horta (Mallorca). En Buenos Aires hay una catedral dedicada a San Isidro Labrador y en México, Honduras y Filipinas está muy arraigado el culto al milagrero labrador.

El cuerpo de San Isidro que ha sufrido un constante ajetreo en estos ocho siglos, se ha conservado en tres arcas. La interior, el 'arca antigua', contiene físicamente los restos y se construyó entre los siglos XIII y XIV. La segunda fue un regalo de los plateros de Madrid en 1622, año de la beatificación. La reina Mariana de Neoburgo, esposa de Carlos II, regaló otra urna de plata en 1692, en agradecimiento al santo por haberla sanado milagrosamente. Bajo estas arcas están los restos de la esposa de Isidro, María Toribia, Santa María de la Cabeza, que no están incorruptos.

Originalmente enterrados en el exterior de la primitiva Iglesia de San Andrés, cuatro décadas después los despojos del Santo se trasladaron a un mausoleo en el interior del templo. Entonces se comprobó que el cuerpo estaba incorrupto, lo que aumentó su halo de santidad. La familia Vargas logró trasladar la momia en el siglo XVI a la Capilla del Obispo, donde estuvo otros 25 años. Regresó luego a un sepulcro junto al altar mayor en San Andrés, pero la parroquia sufrió un derrumbe en 1656 y el féretro regresó a la Capilla del Obispo. En 1690 regresó a la nueva capilla de San Isidro, y un siglo después, por deseo de Carlos III, a la Colegiata, donde descansa desde 1769.