Poesía

Pérez Alvarado explora los límites isleños en dos poemarios

13/07/2018

Si alguien tiene la deferencia de despedirse de una ola en su retroceso hacia el océano, deberá, por pura coherencia, saludar a la nueva onda que le sobreviene. Así de paradójicas son las orillas; espacios fronterizos que inauguran nuevos horizontes imaginarios y territorios que explorar en calidad de puntos de llegada o de salida, que arrastran al interior o que expulsan hacia la incertidumbre. Estas son algunas de las cuestiones, recurrentes en la literatura canaria, que nutren los versos de Miguel Pérez Alvarado (Gran Canaria, 1979), que este jueves presenta dos poemarios; Ala y sal, publicado por la pequeña editorial madrileña, El sastre de Apollinaire, y Abra, de Mercurio Editorial.

De esas sensaciones, surgidas ante su inminente retorno a Gran Canaria, tras su estancia en la mesetaria capital de España, nació Abra. «La primera parte está escrita en Madrid», explica el autor sobre un libro lleno de salitre, arena y espuma marina en el que anticipó su regreso a «un lugar de partida en el que volver a querer encontrar lo que se dejó atrás y, en el caso de que no sea así, volver a empezar algo nuevo».

Además, en su poemario, el paisaje insular con sus volcanes y sus hitos geográficos son continuamente referenciados. «Cuando pienso en la distancia -en la herida de estar lejos de tu isla-, me sirven las metáforas del paisaje, no porque quiera fijar el paisaje, sino para forzar las palabras, para ver cuánto dan de sí. Busco sus posibilidades, pero no solo para describirlo. En la orilla, por ejemplo, no hay nada cerrado, todo está por abrir», dice el autor que salpica su libro con los referentes geográficos y literarios que le han marcado; desde Punta Brava, el saliente de Las Canteras donde vivía Manolo Padorno, al barranco de Tirajana, el paraje en el que Plácido Fleitas encontraba los teniques que convertiría en arte. «En ese poema se habla de un momento límite, cuando elige las piedras para sus esculturas. En realidad, me interesa la experiencia de un momento que puede tomar un sentido u otro, que puede abrirte o cerrarte en una nueva dirección», comenta el autor. «Por ejemplo, en el poema de Sardina del Norte, no se habla de la playa, sino de la relación con la visión al fondo de otra isla, de si una isla puede serlo por sí misma o necesita de otra para serlo», abunda Pérez Alvarado sobre estas encrucijadas vitales y creativas ya transitadas por otros isleños. «El libro acaba en Punta Brava, que aparece en la foto de la portada, porque hace referencia a las experiencias de personas que regresaron a Canarias y a Manolo Padorno, que escribió sobre «el regresar», un punto de inflexión que «renovó su escritura y no escribió del mismo modo que antes de irse», abunda el poeta.

También su poemario Ala y sal habla de la relación del antes y el después. «Parte de la vivencia personal, aunque no necesariamente de los recuerdos biográficos. La figura del ala y la sal, en mi opinión, es una imagen de dos fuerzas opuestas. El ala impulsa la figura hacia adelante. La sal alude al relato bíblico de Lot, a la que le prohíben mirar hacia atrás para salvarse de la destrucción de Sodoma, pero desobedece y se acaba convirtiendo en estatua de sal», explica sobre la metáfora que da título a este libro sobre el tiempo y la experiencia variable de la memoria. En esta obra, sus poemas aplican esas dos formas de mirar la vida, hacia el futuro y hacia el pasado, tematizándola. «Son espirales, porque aunque la vida nos hace mirar hacia adelante, estamos condenados a mirar de dónde venimos y cuál es nuestro origen», comenta el autor sobre este segundo poemario editado en Madrid, ciudad con la que nunca ha perdido la conexión literaria aunque regresó a Gran Canaria hace ya siete años.

Ambos libros serán la excusa para abrir un debate con sus colegas donde, a buen seguro, la poesía y el pensamiento se fundirán.

Datos de la cita.

Miguel Pérez Alvarado presentará Ala y sal (El sastre de Apollinaire) y Abra (Mercurio), este jueves, 12 de julio, a las 19.30 horas, en el Palacete Rodríguez Quegles de la capital grancanaria. Estará acompañado por tres amigos; los poetas José Miguel Perera y Máximo González, y el crítico y ensayista Jorge Rodríguez Padrón.