Las epidemias en las letras canarias

Un buen puñado de figuras de la literatura canaria han enmarcado sus obras en contextos catastróficos. Algunos, como Cecilia Domínguez o José Miguel Alzola, sitúan a sus personajes en pandemias históricas, mientras otros, como Elio Quiroga o Sabas Martín, se las inventaron

Carmen Delia Aranda
CARMEN DELIA ARANDA

Las Palmas de Gran Canaria

«Ante la tragedia, la solidaridad tomó las riendas del comportamiento humano. No hubo robos, ni asesinatos, ni saqueos, ni violaciones, ni actos que no fueran en beneficio de todos. Las personas se ayudaban, se cuidaban y protegían unas a otras. El efecto empático constituía el único rayo de luz en aquel tenebroso mundo plagado de desdichas». Estas líneas del libro La isla de hidrógeno, de los artistas visuales Pablo San José y Cynthia Viera, conocidos como PSJM, cobran más sentido que nunca en estos días de emergencia sanitaria. Su novela negra –descargable gratuitamente desde la web de sus creadores– habla de una sociedad utópica surgida de las cenizas de una gran epidemia causada por un compuesto bioinformático fabricado por un atípico grupo terrorista.

PSJM está en la nómina de los muchos autores canarios que se han aproximado a este tipo de catástrofes para conocer las vertientes de la condición humana en circunstancias extremas.

Cecilia Domínguez, José Miguel Alzola, Claudio de la Torre o incluso Benito Pérez Galdós han retratado, en mayor o menor medida, cómo se vivieron distintas epidemias históricas.

En el caso de Galdós, retrató en distintos textos la incidencia del cólera, epidemia de la que fue testigo directo en su embestida de 1865 y en la posterior de 1885. Las alusiones sobre los distintos aspectos de la enfermedad son continuas en sus artículos y crónicas de aquellos años, pero fue en Cronicón (1883-1886) donde el escritor analizó con todo detalle las repercusiones políticas, sociales, médicas y hasta psicológicas de la emergencia sanitaria.

José Miguel Alzola cuenta en su maravilloso libro Don Chano Corvo Crónica de un jardinero y su jardín (1973) el modo en que se ensañó el cólera en la capital grancanaria en 1851, donde segó 6.000 vidas. El libro está disponible en el portal Memoria digital de Canarias de la ULPGC.

Los estragos que causó aquella epidemia en Las Palmas de Gran Canaria centran la novela Verano de Juan ‘El chino’, publicada por Claudio de la Torre en 1971. En ella, el escritor retrata una ciudad diezmada por la enfermedad donde aflora lo mejor y lo peor del ser humano.

Otra novela que se mueve en estas claves es Días de paso (2013), en la que su autor, Javier Estévez, describe el impacto de la fiebre amarilla en Santa María de Guía a principios del siglo XIX a través de la mirada de un biólogo que llega a Gran Canaria huyendo de la invasión napoleónica y de la epidemia en Cádiz, quedando confinado en la isla por la propagación de la enfermedad.

Otra epidemia histórica, la de la gripe española, a principios del siglo XX, es el marco de la novela El sepulcro vacío (2015), en la que Cecilia Domínguez indaga en la figura de Diego Ponte del Castillo, marqués de la Quinta Roja, y su impresionante mausoleo, ubicado en La Orotava.

Islas desiertas.

aislamiento, la soledad, la debacle turística y la dificultad para sobrevivir en un territorio que depende del exterior son aspectos que han tocado algunos autores canarios que han recurrido a otro tipo de catástrofes para sumir a las islas en el caos.

Es el caso de Juan Ramón Tramunt que fabula en Anturios en el salón (2016) sobre las consecuencias en el archipiélago de un cataclismo nuclear que obliga a evacuar las islas orientales.

Sabas Martín es otro autor que gusta de situar a sus personajes contra las cuerdas y así lo hace en dos de sus novelas; en El Farallón (2013), una llamada de atención sobre la fragilidad ambiental del territorio canario que se desarrolla en un contexto catastrófico tras una erupción volcánica, un incendio que devasta Garajonay y un gran vertido petrolífero; y en Nacaria (1990), donde crea un trasunto literario del archipiélago que sufre, en medio de una gran sequía, una plaga que extingue la cochinilla, al tiempo que la población lucha contra la peste negra.

Dentro de la literatura epidémica canaria, se podría incluir la punzante novela Ensayo sobre la ceguera (1995) , escrita en su casa de Lanzarote por el hijo adoptivo de la isla, José Saramago.

Catástrofes fantásticas.

Un fenómeno global volatiliza a la gente en Evanescencia (2017) , de Manuel Almeida, mientras que Elio Quiroga idea a una mujer que toma las riendas de su vida tras ‘morir’ en una epidemia zombie en El despertar (2012) . Por su lado, Miguel Aguerralde asola el mundo civilizado del siglo XXIII con un virus y cataclismo ambiental en Los espectros de Nuevo Ámsterdam (2019). Son solo unos ejemplos de las muchas epidemias tramadas en Canarias.