Entrevista

John Carlin: «Ya no puedo presumir de que en España no haya un partido racista»

05/12/2018

El periodista y escritor hispano-británico habló este martes en el Cabildo de Gran Canaria de Nelson Mandela, el político sudafricano que logró vencer el apartheid, fallecido hace justo cinco años. El autor de El factor humano, el libro adaptado al cine por Clint Eastwood en Invictus, desgrana algunos aspectos del primer presidente negro de Sudáfrica y de la situación política española.

ETIQUETAS:

— Viene a hablar con motivo del centenario de Mandela. ¿Cuál es la principal idea que quiere transmitir?

— En el contexto actual político español, el mensaje de Mandela es muy apropiado justo ahora cuando parece que se abre un abismo entre la izquierda y la derecha española, que se suma al problema catalán. En este momento hay una necesidad de construir puentes entre unos y otros. Mandela fue un gran constructor de puentes en una situación de polarización política infinitamente más violenta y complicada que la de España. Si Mandela construyó un puente y unió a unas facciones tan enfrentadas, igual se puede hacer aquí en España, en Estados Unidos o en cualquier país.

¿Cree que sin Mandela la situación de Sudáfrica hubiera tardado muchos años en solucionarse?

— Sin Mandela, lo más probable, es que hubiera habido una terrible guerra racial. Era una situación en la que todos los elementos objetivos estaban situados para propiciar un terrible conflicto. Sudáfrica podría haber sido como lo es hoy Siria. Logró evitar, a través de su brillante política, una catástrofe anunciada. Hay una tendencia a ver a Mandela como una especie de Jesucristo o Gandhi . No fue ninguna de la dos cosas. Ni fue religioso ni pacifista. También fue a la guerra. Sí fue un brillante político. Tenía una capacidad tremenda de persuasión hasta tal grado que logró convencer a sus más violentos enemigos a que sucumbieran a su mensaje de paz.

— Usted tuvo mucho trato con él, ¿qué destacaría de su personalidad?

— Tuve la gran suerte de conocer cómo era como persona. Tenía un porte de rey y un tremendo carisma, lo que significa que tenía una colosal confianza en sí mismo y la convicción de que, en cualquier entorno, iba a sacar el bien. No sufría por las pequeñas inseguridades como el resto de los mortales. Además era una persona muy cortés, como de otra época, parecía un aristócrata del siglo XIX. Trataba de igual manera a un camarero, que a la azafata de vuelo que a la reina de Inglaterra. Tenía una fabulosa sonrisa y un gran sentido del humor. No era un personaje solemne o pomposo. Era tremendamente encantador y seductor.

Ha sido testigo de guerras en Centroamérica y del apartheid, ¿confía en la especie humana?

— Creo que habiendo visto muchos horrores en guerras y en todo tipo de conflictos, si lo pones todo en la balanza, creo que el ser humano es más digno de admiración que de desprecio. Dicho esto, creo que aunque la humanidad ha avanzado en el aspecto tecnológico o en la mejora de la salud, hay ciertas constantes en el ser humano como el resentimiento o la envidia que siempre lo corroen. Eso no cambia. Solo hay que leer las obras de Homero para ver lo poco que hemos cambiado en lo fundamental.

¿Esperaba el ascenso de la extremaderecha en España?

— No, para mí es muy decepcionante esto por varios motivos. Soy mitad español y viajo mucho por el mundo. Cuando me preguntan y digo que España tiene sus problemas pero tiene algo que le salva y le distingue: que no ha surgido un partido claramente xenófobo, antiinmigrante y racista. Había presumido de esto, de mi mitad española, ya no puedo y me provoca mucha tristeza y sorpresa.

Con este panorama, las fuerzas centrífugas cobrarán más sentido.

— Volviendo a Mandela. Triunfó en la política apelando a lo mejor de la gente, los valores más solidarios. Lo que vemos en esta gente es que apelan a lo peor: a los resentimientos, los miedos, las envidias, al odio, a dividir... Es exactamente el polo opuesto a lo que representaba Mandela. Lo peor del ser humano está reflejado ahí. No solo lo creo por unos valores morales míos. Ese tipo de gente, con esas actitudes, generan lo peor que puede ocurrir entre seres humanos: la guerras y la deshumanización de la gente.

— ¿Le parece previsible en un país como España donde las heridas de la dictadura aún están frescas?

— Con lo dicho anteriormente, en absoluto quiero decir, en una situación hipotética, que estemos al borde de una guerra civil, pero el clima político, de un día para el otro, se ha vuelto más oscuro y más alejado de la racionalidad que uno quiere suponer que define a los seres humanos, pero parece que estamos volviéndonos más emocionales y más bárbaros.