«Galdós no se entiende sin el amor contrariado de juventud»

21/04/2019

El escritor y periodista Santiago Gil (Guía, 1967) regresa a las librerías con la novela El gran amor de Galdós (Ediciones La Palma), una ficción sobre la relación imposible que el autor de Marianela mantuvo con su prima Sisita. El volumen se presenta el próximo día 24, a las 20.00 horas, en la Casa de Colón, donde estará acompañado por JJ Armas Marcelo y por Alonso Cueto.

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— ¿Cuándo y cómo tuvo conocimiento de la existencia de María Josefa Washigton Galdós, alias Sisita?

— Una vez hablaba con Yolanda Arencibia y le preguntaba por la herida de Galdós. Paul Auster cuenta en Diario de Invierno que todos los escritores curamos heridas. Yo entendía que alguien que se había encerrado a escribir, a forjar y a vivir en un mundo paralelo, el de la ficción, tenía que tener algún motivo más allá de la ambición literaria. Fue entonces cuando Yolanda pronunció ese nombre, el de Sisita, y de ahí arranca la historia.

— ¿Se abrió en su mente la posibilidad de novelar ese amor de juventud de Benito Pérez Galdós desde que supo de Sisita?

— Sansón Carrasco le cuenta a Alonso Quijano en el inicio de la segunda parte del Quijote «que el poeta puede contar, o cantar las cosas, no como fueron, sino como debían ser; y el historiador las ha de escribir, no como debían ser, sino como fueron, sin añadir ni quitar a la verdad cosa alguna». Yo quise contar esa historia de amor como creo que pudo ser. En mi opinión, Galdós no se entiende sin el amor contrariado de juventud.

— ¿Cuál fue el proceso de gestación concreto de la novela?

— Me documenté muchísimo. Yo había leído casi toda la obra de Galdós durante los años anteriores, pero esta vez tocaba rastrear en su vida. Ya luego, sobre esa verdad, escribí una novela, y una novela ha de ser siempre una gran mentira que el lector ha de leer como si fuera la verdad más creíble y más cierta.

— ¿Tuvo siempre claro que mezclaría ficción y datos históricos? ¿Nunca se planteó un ensayo?

— Me gusta jugar con la ficción y la realidad. No creo en ninguna ficción que no se parezca a la realidad. Podría haber escrito un ensayo, pero me divierte más el juego de la invención y de la novela.

— En la novela los menciona, ¿pero en el fondo se puede considerar El gran amor de Galdós, en cuanto a su desarrollo, como un guiño a los Episodios Nacionales, por cómo novela la realidad?

— Galdós fue de los primeros que entendió que la historia, a veces, puede ser entendida mucho mejor desde el alma de personajes literarios que desde los datos fríos de los historiadores. Él mismo va contando detalles de su vida y de este amor con Sisita en muchas de sus creaciones literarias.

— ¿Qué fue más complejo, desarrollar el retrato psicológico de Galdós o de Sisita?

— Sin duda, el retrato de Sisita, porque de ella no sabemos prácticamente nada. Galdós siempre se ha contado entre líneas en sus novelas.

— ¿Contactó con la familia para desarrollar esta novela, donde algunos miembros de la época de don Benito no salen muy beneficiados?

— Tengamos en cuenta que yo he escrito una ficción, y en ella he manejado algunas situaciones en las que quizá hay familiares que, como dice, no tengan una primera mirada positiva; pero si luego vamos leyendo la novela casi todos los personajes muestran un lado bueno. Cuando terminé la novela se la di a tres personas, una de ellas familiar de algunos de los personajes. Me prometí que si cualquiera de las tres me decía que esa ficción atentaba contra la imagen de Galdós borraría el archivo y nunca publicaría esa novela. Nunca había hecho eso y podía perder el trabajo de mucho tiempo. Tuve suerte. Como escritor, siempre evito hacer daño, que es lo mismo que trato de hacer en mi vida diaria. Pero luego, si quieres que una historia se parezca a la vida ha de tener sus luces y sus sombras, en los sucesos y en el propio devenir de alguno de sus personajes.

— ¿Hay cosas de Santiago Gil en los pensamientos y cuestiones relacionadas con el proceso de escritura y gestación de sus personajes y novelas que atribuye a Galdós en su libro?

— Claro que las hay, como en todos los personajes que he creado. Un escritor ha de ponerse en la piel de quien cuenta, y en este caso, siendo Galdós escritor, soñador y enamorado, hay mucho de mí. Yo también fui un escritor soñador hace muchos años por las calles de Madrid, y como él, dejé la carrera de Derecho. También he tenido la suerte de vivir ese gran amor que él vivió. Creo que se ama muchas veces, pero que solo existe un gran amor en la vida. Y si se pierde ese amor, lo mejor es convertir el tiempo que nos queda en belleza, en este caso escribiendo e inventando mundos nuevos.

— ¿Dedicó mucho tiempo a documentarse sobre la época y la realidad madrileña y canaria en la que transcurre la acción?

— Traté de ajustarme a la realidad de Madrid y de Las Palmas de Gran Canaria en la época en la que se desarrolla la historia. Son dos ciudades en las que he vivido y que conozco muy bien, pero tuve que buscar los detalles de hace muchos años que no conocía. Había una calle en Madrid, por ejemplo, El Olivo, que ya no existe, y que en muchos trabajos de Galdós se confunde con la calle del Olivar, que está por Lavapiés. El Olivo estaba donde ahora está la Gran Vía. El Ateneo, por ejemplo, no estaba entonces, como muchas veces se cree, en el vetusto edificio de la calle del Prado sino en la calle Montera. Lo real y cierto de la historia parte de una documentación concienzuda. Eso es importante para luego poder inventar sobre un terreno firme y asentado.

— ¿Qué nos puede decir de «paso de buey, tripa de lobo y hacerse el bobo»?

— Esa frase, la de la ley del maúro canario, se la aplicaban Fernando León y Castillo y Benito Pérez Galdós cada vez que vivían situaciones complicadas en sus vidas. Yo también la aplico hace mucho tiempo a mi vida. Hacerse el bobo, como sabemos los de pueblo, no es ser bobo sino no entrar en ese juego siempre innecesario de la provocación y la mentira.

— ¿Se planteó en algún momento narrarla en primera persona?

— La novela fue escrita inicialmente en primera persona. Ya luego, gracias a algunas lecturas de amigos escritores, y cuando me acerqué al texto un año después de haberlo escrito, me di cuenta de que la voz de Sisita no se escuchaba, de que ella, que para mí es la gran protagonista de la novela, estaba silenciada. En la nueva versión sí pude dejar hablar al amor de Galdós y además es un personaje que va creciendo hasta el final de la novela.

— ¿Ese omnisciente no es otro guiño a los narradores galdosianos?

— Así es, una buena novela galdosiana tiene que tener un buen narrador omnisciente.

— ¿Se puede entender la novela como un canto al amor carnal y a la literatura como salvación y vía de escape?

— La literatura, a veces, es el único asidero cuando se pierde el amor o cuando lo que encontramos en la vida no nos interesa. Esta novela es un gran canto al amor, al carnal y al que queda cuando se cruza la muerte entre dos amantes.

— ¿Confía en que esta novela ayude a que los lectores contemporáneos se interesen por leer a Galdós?

— Si puedo contribuir a que se lea a Galdós, esta novela tendrá una razón para su existencia.

— ¿No cree que sigue siendo un gran desconocido para buena parte de la sociedad, incluida la canaria? Todos saben quién es Galdós, pero son pocos lo que lo han leído. ¿Lo comparte?

— Todo el mundo habla de Galdós, pero son pocos los que lo leen. Leer a Galdós es saber mucho más de una historia que se repite siempre aunque todos creamos que la nuestra es diferente.

— En el tramo final de la novela se despacha a gusto contra los que han intentado ensombrecer la figura del escritor en las islas atribuyéndole su escaso apego a las islas. ¿Se puede extrapolar la figura de algunas de esas personas a los que a día de hoy siguen moviendo hilos contra las nueva voces literarias de las islas, para que no trasciendan en la península?

— Galdós fue perseguido y olvidado en Canarias durante muchos años. Lo bueno es que casi todos los que contribuyeron a ese olvido hoy son personas anónimas que no nos interesan. Al final ganan las obras, gana el arte y el esfuerzo. Siempre hay quienes quieren mover los hilos de la cultura, y por supuesto que eso sucede también ahora, pero la cultura se mueve por lo que se crea y lo que se deja, no por lo que digan qué es lo importante los que tienen un cierto poder transitorio. Borges decía que el tiempo es el gran antólogo. Y así ha sucedido siempre, y será así cuando todos nosotros estemos criando malvas.

— ¿Qué recorrido le espera a El gran amor de Galdós en las islas y fuera de las mismas?

— El hecho de que la presenten en Gran Canaria, en la Casa de Colón, el escritor peruano Alonso Cueto y Juancho Armas Marcelo ya es el mejor de los recorridos que pueda tener una novela, aun sin salir todavía de la isla. Juancho siempre ha sido tremendamente generoso conmigo y con otros escritores de las islas, y en los días duros se ha comportado como un gran amigo. A Cueto lo conocí en México hace unos años, cuando coincidimos en una mesa redonda en Puebla. Su novela La hora azul era y es uno de mis referentes literarios, y contar con él en esa presentación es un lujo impagable. En las próximas semanas haremos un recorrido por las ferias de las islas, empezando por la de Las Palmas de Gran Canaria, el 30 de abril, y más adelante haremos la presentación en Madrid y, es probable, que luego tratemos de acercarnos a México. Ediciones La Palma cumple treinta años en 2019 y para mí es un honor publicar en una editorial situada en Madrid, pero que siempre ha sabido mirar hacia las islas. Nicolás Melini, el responsable de esta colección, apostó firmemente por esta novela y su trabajo ha sido exquisito. Parte de la promoción tiene que ver con la celebración de los treinta años de una editorial que ha liderado Elsa López con una sapiencia impagable.