«El retrato es un ejercicio de amor»

Gracias a la complicidad de Jorge Luis Borges frente a un espejo, la vida y la trayectoria profesional de Vasco Szinetar abrió una puerta que, casi medio siglo después, le llevará a participar en la segunda edición del Festival Hispanoamericano de Escritores, que transcurrirá en la localidad palmera de Los Llanos de Aridane, entre los próximos días 10 y 14 de septiembre.

Victoriano Suárez Álamo
VICTORIANO SUÁREZ ÁLAMO

Este fotógrafo, hijo de rumano y venezolana, se ha convertido en una referencia con la serie fotográfica en la que aparece frente al espejo junto a escritores legendarios como Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Umberto Eco, Emile Cioran, Salman Rushdie, Carlos Fuentes, José Saramago, Guy Talese y un listado enorme y abierto, porque se enriquecerá durante su estancia en La Palma.

«Es una obsesión que me ha tomado desde hace más de 40 años y se mantiene en estado de alerta permanente. Estoy muy feliz de poder asistir a este festival de La Palma, porque podré encontrarme con escritores, narradores y poetas. También podré retratar a los escritores canarios, que son una asignatura pendiente. Ya he fotografiado a algunos, como a JJ Armas Marcelo o Juan Cruz, pero estando allá será otra cosa», explica por teléfono desde Caracas, donde reside.

En el Museo Insular de Los Llanos de Aridane, que dirige Isabel Santos, con la implicación del Cabildo insular, se podrá ver la exposición Homenaje, que incluirá su famosa serie Frente al espejo y otras de su extenso catálogo. «Llamamos a la exposición así porque incluyo a escritores como Mario Vargas Llosa, que está presente en el festival, y a otros como mi admirada Carmen Martín Gaite o a Jorge Luis Borges, el padre tutelar. Fue un punto de inflexión para mí, aunque antes ya había fotografiado a Cioran y a Rafael Cadenas. Pero con Borges entendí que se trataba de un proyecto de vida», confiesa Szinetar.

Sobre el desarrollo de esta serie, señala que, «como todo trayecto», ha tenido «dificultades, alegrías, luminosidad y sombras». «A veces he tenido dificultades para fotografiar a una persona, pero si se tiene la paciencia necesaria, se consigue la presa, hablando en términos de caza. El trabajo mío tiene dos caminos. A través del retrato reflexiono. Es una forma de conocer el mundo y de reflexionar sobre mí y sobre el ser humano. También me ha permitido desarrollar una obra más allá de los retratos, en el ámbito de la familia, del hombre en el contexto urbano y desde una perspectiva íntima y menos ideologizada», asegura en referencias a series como Caracas Postcard, que define como «una reflexión sobre la tragedia venezolana, a través del registro de una ciudad totalmente devastada y triste».

Define Frente al Espejo como «un viaje amoroso con los escritores». «Son seres humanos sencillos. La gente tiene la idea de que son inaccesibles, pero son gente maravillosa, sencilla, que está buscando dialogar con el otro. Quieren ser reconocidos y que los quieran. El retrato es un ejercicio de amor, de celebración, que realza a alguien, al que ilumina de la mejor manera. Lo que produzco es afecto», explica.

Vuelve a la metáfora de la caza para desvelar su forma de trabajar con personajes conocidos. «Cuando le preguntas a un cazador cómo actúa en la selva, te dirá que es cuestión de oficio. Desde un punto de vista fotográfico se traduce en la capacidad de seducir al otro, para que el retratado entienda que se trata de un acto de afecto». Pone un ejemplo concreto. «Antonio Lobo Antúnez estaba molesto, complicado, y no lo pude retratar. Me dije: espera, que llegará el momento. Un año después nos encontramos en Guadalajara, en México, y el encuentro fluyó perfectamente. Hay que tener mucha paciencia y mucho sentido del humor. Sin el humor no se puede ir a cazar a la selva», reitera este precursor del hoy popular selfi.

Un trato cercano y directo, añade, también resulta fundamental. «Todos somos cotidianos Si te relacionas con un autor e introduces una distancia de malentendidos, no habrá comunicación. Hay que comunicarse como con cualquier persona normal. No me interesa hablar con los escritores de sus libros, sino conocer a la persona. Busco ser amigable, aunque no siempre hablo mucho con ellos. Trabajo muy rápido y de una forma muy intensa. Es como un ejercicio de danza, donde entro en trance, conquisto al animal y lo tengo conmigo. Son secuencias rápidas, muy eróticas, en el sentido de desplazamiento».

Entiende su trabajo como un aprendizaje y una búsqueda. «La gran pregunta es qué encuentro más que qué busco. Logro una forma de conocer la realidad. Se trata de un ejercicio de conocimiento y la investigación constante me produce una alegría inmensa. Son obsesiones. Uno tiene que morir con las botas puestas... con la cámara puesta y con los ojos muy abiertos para estar en el mundo de una manera lúcida», subraya.

Reconoce que su forma de entender este oficio es muy personal. «No soy un fotógrafo de salir a la calle. Fotografío todos los días desde mi casa, en mi espacio íntimo. Fotografío la sombra, las sábanas, mi estudio y lo que veo a través de la ventana. Tengo un trabajo que se titula Rocar 2C, que es el nombre de mi apartamento», apunta este artista.

También apuesta por la experimentación, con series como Deconstrucción salvaje. «Siempre digo que soy un amateur. Experimento, intervengo en las fotos, las mezclo... realizo un trabajo plástico que va más allá del retrato», añade.

Trabaja en digital y no en analógico, porque asegura que es «totalmente contemporáneo», ya que, añade, «lo demás es nostalgia».

Sobre lo que ha supuesto el desarrollo digital para la fotografía, sobre todo con los teléfonos móviles inteligentes, tiene una lectura. «La fotografía ha pasado por un proceso de democratización. Todo el mundo tiene ahora una cámara, pero eso no implica que todo el mundo sea un autor. Todo el que tiene una máquina de escribir no es un escritor. Lo más importante no es la tecnología. Lo que valen son las obsesiones sobre el universo».

Vasco Szinetar apuesta por imprimir las fotos. «Es importante, porque es el testimonio corpóreo de la imagen. La imagen termina cuando está impresa. Es lo que le da sentido».

Cuando se le pregunta si retrataría a Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, se toma un tiempo antes de responder, sin ambages: «Es un personaje banal. No tiene la dimensión para que mi alma se movilice para llevarlo al espejo. Merece el silencio eterno».