Donde Tolkien forjó sus anillos

23/05/2020
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El Black Country (país negro) no aparece en los mapas, pero existió. Fue un área al noroeste de Birmingham de gran importancia en el siglo XIX por ser una de las zonas más industrializadas de Reino Unido. En 1862, el cónsul estadounidense en esa ciudad, Elihu Burritt, la describió con estas palabras: «Negra de día y roja de noche», pues esa era la impronta que dejaron miles de fundiciones y forjas de hierro, y el tajo en las minas de carbón. La contaminación era la más grave del país, con las altas chimeneas de sus fábricas humeando sin cesar y las casas cubiertas de hollín. Y si uno piensa en Mordor, asoma una alta y oscura torre, coronada por un ojo rojo, rodeada de negrura. Varios expertos en Tolkien han señalado que el Black Country junto a la cruenta Batalla del Somme en la que participó moldearon en su mente el abominable reino gobernado por Sauron en El Señor de los Anillos. Y Mordor quiere decir Tierra Negra.

En el libro Los mundos de J. R. R. Tolkien: Los lugares que inspiraron la Tierra Media, que John Garth, filólogo, periodista y biógrafo del escritor acaba de publicar, se aportan datos que ayudan a desentrañar el porqué algunas de las creaciones del novelista fueron como fueron. Uno de los más insólitos hallazgos es el que entresaca Martin Simonson, traductor de este libro, profesor y escritor sueco especializado en literatura fantástica y en la obra de Tolkien que da clases en la Universidad del País Vasco, donde está afincado: «Garth piensa que, indirectamente, Faringdon Folly, una torre de 30 metros de altura construida por el excéntrico Lord Berners a pocos kilómetros de Oxford, pudo haber sido clave en la creación de la Colina de Hobbiton, donde viven Bilbo y Frodo. Lord Berners, que era un polifacético artista, pintó su propio ‘capricho’, aquella torre, para una campaña publicitaria de la petrolífera Shell, lanzada con el fin de animar a los ingleses a hacer turismo en automóvil por la campiña inglesa. Tolkien debió de ver muy a menudo en los laterales de los camiones de reparto de gasolina la imagen, que se convirtió en icónica en la década de 1930».

Donde Tolkien forjó sus anillos

En estas páginas pueden compararse las dos ilustraciones, la de Tolkien y el anuncio de Shell. Así lo cuenta Garth: «A pesar de algunas diferencias obvias –una es ancha, la otra alta–, los ángulos, las proporciones, las formas y la disposición de ambas imágenes son sorprendentemente similares, desde el edificio en primer plano hasta la colina coronada de árboles». Explica Simonson que estas similitudes «quedan después reflejadas en las historias, sobre todo en El Señor de los Anillos, en la medida en que Bilbo y Frodo viven cerca de la cima como señoritos, mientras que sus sirvientes y jardineros, el Tío y su hijo Sam, viven más abajo, en la siguiente fila de agujeros hobbit».

Otro de los puntos novedosos del libro de Garth se centra en la experiencia que Tolkien vivió en la península de Lizard, en el condado de Cornualles, el punto más meridional de la isla de Gran Bretaña, donde contempló «cómo la estrella vespertina (Venus) parecía levantarse del horizonte en el mar. Junto con una antigua composición en verso anglosajona, bien pudo haber propiciado el poema que originó toda su mitología, El viaje de Eárendel, la Estrella Vespertina».

Entre las inspiraciones más conocidas está la aldea Sarehole, en las afueras de Birmingham, donde Tolkien pasó parte de su infancia, y que queda claro que inspiró la Comarca por varias razones: «el carácter rústico y entrañable de los aldeanos –detalla Simonson–, el feliz contraste entre la aridez de su Sudáfrica natal y el verdor de estos paisajes ingleses, y el encontrarse en el límite de un mundo más grande, con una dinámica más impersonal y destructiva, como la industrializada Birmingham y la zona cercana de Black Country».

De amor y de guerra

Otro momento conocido, y cargado de romanticismo, es uno vivido en 1917 en un claro del bosque cerca de Roos (Yorkshire): Edith, la esposa de Tolkien, bailó para él entre las flores blancas de cicuta y el escritor dibujó en un papel aquel mágico momento, que luego le inspiró para crear el primer encuentro de Beren y Lúthien, protagonistas del gran romance de la Tierra Media entre hombre y elfa integrado en El Silmarillion y citado en El Señor de los Anillos. Así lo escribió luego: «Era la doncella más hermosa que jamás existió. Tenía el cabello oscuro, los ojos grises y su piel era blanca como nieve. Siempre cantaba y bailaba en los bosques de Doriath (...). Un día entró a esos bosques un hombre llamado Beren y encontró a Lúthien bailando entre los árboles (...) Al verla quedó prendado de ella».

En el extremo opuesto, su participación en la Batalla del Somme «fue clave para muchas de sus creaciones literarias», dice Simonson. Solo el primer día, el 1 de julio de 1916, murieron 20.000 británicos, y duró más de cuatro meses. «Las armas se les caían de las manos temblorosas, y la mente invadida por las tinieblas ya no pensaba en la guerra, sino tan sólo en esconderse, en arrastrarse, y morir», escribió él después en el capítulo dedicado al sitio de Gondor, en El Señor de los Anillos. Todo esto está recogido en la biografía de Garth Tolkien y la Gran Guerra, que Simonson también tradujo, junto a Eduardo Segura.

Donde Tolkien forjó sus anillos

– Garth no menciona España como fuente de inspiración. Pero usted, ¿ha visitado lugares que le hayan llevado a Tolkien?

– Simonson: Hay tantas Tierras Medias como lectores de Tolkien, y cada uno tenemos una imagen mental de lo que es ‘nuestra Comarca’, ‘nuestras Montañas Nubladas’... Eso es lo que buscaba él, que su literatura admitiese muchas interpretaciones. En cada provincia de este hermoso y variado país podemos encontrar una Tierra Media en potencia. Un paseo por los hayedos del Parque Natural del Gorbea a finales de octubre me remite a lugares como Lothlórien y Neldoreth, mientras que atravesar el robledal de Izki siempre me ha hecho recordar la inmersión de Bilbo y los enanos en el Bosque Negro.

Donde Tolkien forjó sus anillos

– ¿Y fuera del País Vasco?

– Cuando salgo de las sombras bajo los árboles para remontar la crestería de la Sierra de Cantabria, la vista panorámica de la Rioja, con San Lorenzo de fondo, me transportan a Valle y la Montaña Solitaria. La colina que se asoma sobre Puente Viesgo se parece mucho a mi idea de la Colina de Hobbiton, y la campiña cantábrica es lo más cercano a la Comarca que he encontrado en España. Ordesa, con el imponente Monte Perdido de fondo, no tiene que envidiar a las Montañas Nubladas, mientras que la dramática costa asturiana es como visualizo Nevrast, en el extremo occidental de Beleriand. El Camino de Santiago a su paso por Astorga me lleva a Rohan, y muchos paisajes de la provincia de Cáceres tienen potentes toques de Gondor. Y en la Sierra de Madrid han hecho una recreación, la ‘Pequeña Tierra Media’. En fin, podría seguir indefinidamente...

La Sociedad Tolkien Española se reúne este año en Orduña

La Sociedad Tolkien Española ha elegido para su convención nacional, que este año cumple las bodas de plata, la ciudad vizcaína de Orduña, según los organizadores por su casco medieval y el entorno natural. La cita, si la pandemia lo permite, será del 9 al 12 de octubre: «Quizá sea en momentos como estos en los que las sombras de Mordor parecen más amenazantes cuando más necesitamos estar conectados con nuestos amigos», dice su web.

El profesor Martin Simonson, autor de novelas del género fantástico como El viento de las tierras salvajes (Jonathan Alwars, 2019) y de varios estudios sobre Tolkien además de las traducciones, coincide con los organizadores del evento en que los montes que rodean Orduña recuerdan «por su estratificación mineral a las montañas de Emyn Muil, en el viaje de Frodo y Sam hacia Mordor, cuando van acompañados de Gollum. El nacimiento del Nervión y su espectacular cascada, y el agreste contraste entre el valle y las montañas, cuyas faldas están cubiertas de un espeso hayedo, recuerdan al entorno de Rivendell, aunque Tolkien se inspiró en Lauterbrunnen, Suiza».

«Nuestra intención –dicen los organizadores– es que al cruzar la puerta del albergue de Orduña sientas que has vuelto a casa, que estás en la Taberna del Dragón Verde, en Delagua, a punto de iniciar una aventura, o al menos de escuchar una sentado con tu pipa, tu buen té, o una cerveza muy fría, tu cuaderno y tu pluma, los pies bien calientes».