Camilla Läckberg: «Me fascina la venganza»

La escritora sueca, que ha vendido casi 30 millones de libros, vuelve con ‘Mujeres que matan’. «Los maltratadores creen que machacar a los demás les hace más fuertes, cuando es su mayor debilidad», asegura reina del ‘noir nórdico’.

MIGUEL LORENCI /MADRID

Tres mujeres maltratadas se alían para poner fin a su tormento. Este argumento vertebra ‘Mujeres que no perdonan’ (Planeta), la nueva novela de Camilla Läckberg (Suecia ,1974) que habla de vengativas y mujeres que recuperan el poder. La reina del ‘noir nórdico’, que ha vendido casi 30 millones de libros, explica desde Estocolmo su fascinación por la venganza y confirma que volverá a su serie de los crímenes de Fjällbacka, su ciudad natal.

–¿Cree en la venganza?

–Me encanta la venganza. Me fascina, francamente, pero nunca la he llevado tan allá como mis personajes. Aunque no alardeo de mis hazañas, hay por ahí un hombre que sufrió un buen revés en su autoestima cuando terminé con él. Se lo tenía bien merecido. Soy más bien planificadora, me gusta tramar grandes acciones vengativas sin llegar a ejecutarlas. Me satisface más pensar en la venganza que ejercerla. Es cuestión de poder y de retomar el control.

–¿Hubiera escrito la novela antes del movimiento #MeeToo?

­–Sí. Mi cabeza es un hervidero de ideas y quería explorar la amistad y la fraternidad entre mujeres y no quería hacerlo de manera apacible y complaciente. Más bien rompiendo la norma. El poder femenino llevado al extremo.

–¿Nos iría mejor en un mundo gobernado por mujeres?

­–¿No es así ya?. Bromas aparte, el mundo sería mejor si todos fuéramos iguales, mujeres, hombres y todo lo que cabe en medio.

–Las mujeres de su novela buscan el crimen perfecto. ¿Existe?

–Me encantaría que existiera. También me fascina. Pero me gusta más en papel que en la realidad. Por eso es tan liberador escribir historias de suspense que te dan la libertad de soñar crímenes perfectos sin causar víctimas reales.

–¿Es justificable un crimen que acabe con insoportables situaciones de maltrato?

–Ningún crimen es justificable para mí, pero los cometidos en mi libro son comprensibles. Apelan a la moral y permiten identificarse con el personaje. Pero es ficción, repito. La vida real es mucho más complicada. Las acciones siempre tienen consecuencias y aunque simpatices con las personas que las llevan a cabo, no significa que hicieran lo correcto.

–Además de sufrir abusos, ¿qué vincula a las protagonistas de su novela?

–Ingrid, Victoria y Birgitta se han hartado. Les une negarse a seguir sufriendo abusos, y estar dispuestas a llegar muy lejos para poner fin a esa situación. Sus parejas, Tommy, Malte y Jacob, comparten el concepto de poder. Creen que machacar a los demás les hace más fuertes, cuando eso es su mayor debilidad.

–¿Hay diferencia entre un asesino y una asesina?

–Difícil cuestión. Creo que hay diferencias en cómo hombres y mujeres afrontan el hecho de matar. Es obvio que generalizo, pero diría que los hombres tienden a cometer asesinatos más violentos, recurriendo a las armas o a la fuerza bruta, y que las mujeres son más sibilinas y pensarían en venenos...

–El abuso contra la mujer es universal. ¿Venceremos esta lacra?

–Espero que sí. Toda vida debe tener el mismo valor, con independencia de género, sexualidad o raza. El único modo de detener este tipo de abusos pasa por ir hacia una sociedad realmente igualitaria.

–¿Por qué mujeres inteligentes y formadas son tolerantes con sus agresores?

–A menudo el abusador o agresor empieza alienando y destrozando a su víctima. Así que cuando llega el abuso físico, la mujer siente que lo merece y no tiene a nadie a quien recurrir ni sabe dónde ir. Nadie se mete en una relación con la expectativa de recibir malos tratos, así que normalmente bajamos la guardia. Por eso no importa la inteligencia o nivel de estudios. Le puede pasar a cualquiera.

–¿Ha sufrido alguna vez malos tratos? ¿Qué enseña a sus hijos para evitarlos?

–No los he sufrido, por fortuna. Intento demostrar a mis hijos cuánto les queremos, que pueden contar con la familia y amigos pase lo que pase. Han crecido aprendiendo que hombres y mujeres son iguales y que deben tener las mismas oportunidades para prosperar.

–¿Los agresores tienen cura, o lo llevan en su ADN?

–No soy científica pero quisiera creer que todo el mundo es capaz de cambiar si se le da la oportunidad.

–¿El éxito paraliza?

–No. Más bien todo lo contrario. Me impulsa a seguir escribiendo, a hacerlo mejor y seguir sorprendiendo. El auténtico éxito es quererte y querer a quienes que te rodean. Me encanta mi vida, pero estaría vacía sin toda la gente maravillosa con quien la comparto.

–¿Cuál es la diferencia entre autores de novela negra y de policíaca?

–He hecho mis pinitos en ambos géneros y diría que la diferencia radica en la historia y los personajes más que en el autor. Una novela negra o ‘thriller’ psicológico a menudo juega más con las percepciones de la realidad por parte de los lectores, mientras que una novela policíaca siempre sigue una narrativa más simple, con asesinatos que debe resolver y un detective.

–¿A quién admira más, a Agatha Christie o a Patricia Higsmith?

–Es difícil, pero me decantó por Agatha Christie. Es la gran dama de la novela policiaca y sus historias han inspirado y entretenido a gente de todo el mundo durante décadas.

–Continuará la saga de los crímenes de Fjällbacka?

–Por supuesto. Adoro a Erica y a Patrick, y su vida en Fjällbacka.

–Parece que Suecia no ha llevado demasiado bien ni el confinamiento ni la lucha contra la Covid 19. ¿Cuál es su opinión?

–No soy epidemióloga, pero creo aún es pronto todavía para sacar conclusiones sobre qué país lo ha hecho mejor o peor para combatir la pandemia. La política sueca buscaba allanar la curva y asegurar que el sistema sanitario no se viera sobrecargado. Eso salió bien, y por lo que sabemos todos los que necesitaron atención médica la pudieron recibir. Yo he seguido las restricciones y las recomendaciones del gobierno sueco, y me siento agradecida de haber podido mantener la sociedad a flote en estos tiempos difíciles. Este virus ha afectado profundamente al mundo entero, y nos ha llevado a reflexionar sobre lo que realmente importa en la vida y dónde están las prioridades.