David Lagercrantz ayer, en la biblioteca Eugenio Trías de Madrid, donde presentó 'Obscuritas'. / E.P.

«Lisbeth Salander era demasiado chula, pero será eterna como James Bond»

David Lagercrantz apuesta por una versión «oscura» de Sherlock Holmes tras alargar con tres novelas la saga de 'Millennium' de Stieg Larsson. «En literatura debes entregarte a tu pasión, como en el amor», dice el escritor y periodista sueco

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCI Madrid

«En la literatura, como en el amor, debes entregarte a tu pasión». Así lo cree David Lagercrantz (Estocolmo, 60 años), que tras publicar tres novelas de la saga 'Millennium' e impulsar hacia la eternidad a Lisbeth Salander, el personaje de Stieg Larsson, resucita a su primer amor literario: Sherlock Holmes.

Lo recrea en 'Obscuritas', (Destino), primera de una serie de cinco novelas protagonizada por un aristócrata depresivo, bipolar y adicto a los opiáceos que tiene a su Watson en la nada elemental Micaela Vargas. Es una joven policía de ascendencia chilena que ha conocido la exclusión y la tortura, y que procede de Husby, uno de los barrios más conflictivos de Estocolmo, «un infierno en el paraíso del bienestar».

Espigado, gesticulante, de verbo apasionado, voz grave y tez morena, Lagercrantz no se hace el sueco y responde a todo. Dice que se cansó «de ser Stieg Larsson» y de una Salander «demasiado chula y compleja». Cuenta que de Sherlock Holmes le cautivó «su inteligencia y su privilegiada capacidad de deducción», pero que detesta «su arrogancia y su soberbia». De ahí que las cambiara por «la duda y la debilidad». Asegura que son «las virtudes» de Hans Rekke, su Holmes nórdico, profesor de psicología en Standford, consumado pianista, dominador de las técnicas del interrogatorio, sumido en la oscuridad de la depresión «y que busca con desesperación la claridad».

Entre la genialidad y la locura, junto a la «racional» Micaela Vargas, deberá investigar el asesinato de un refugiado afgano en Estocolmo lleno de odio. Sitúa Lagercrantz su novela en 2003, un momento en que el escritor y periodista cree que «se rompió el mundo». «Antes del 11-S estábamos mejor, pero tras el ataque a las torres de Estados Unidos empezaron dos guerras. Llegaron la crisis económica y la de los refugiados, el 'brexit' y la era Trump, de modo que vivimos hoy en un mundo herido y hemos perdido la esperanza», resume el escritor.

Cree que la actuación de EE UU tras los ataques fue «devastadora y desoladora». Que volvió a los errores de épocas pasadas, «como recurrir a la tortura». Una lacra que, junto a las bondades de la música, es uno de los temas esenciales de una novela que salta de Estocolmo al Kabul talibán y a cárceles secretas como la de Guantánamo.

«La tortura ha demostrado ser inútil. No sirve para obtener la verdad. Si el torturado no es culpable, dirá cualquier cosa para salvar su vida, pero jamás una verdad que desconoce», señala. «La tortura es siniestra, malvada e inútil, y el Estado que la practica, es terrorista», resume Lagercrantz, que explora su huella en el personaje de Vargas, de origen chileno cuyo padre fue torturado por el régimen de Pinochet antes de emigrar a Suecia.

«Me fascina la belleza que procura alegría y bienestar, como hace la música, algo que no soportan los talibanes. Por eso la prohíben y obligan a las mujeres a taparse el rostro», lamenta. «Quieren destruir lo que no pueden tener, lo que inspira deseo y les amenaza, como la belleza y la música», insiste.

Reconoce el novelista que «es muy difícil ser optimista en los tiempos que vivimos». «Hay problemas muy profundos. Una enorme polarización, ideológica y de clase, que genera odio». «Es parte de una estrategia de desinformación que quiere dividir a Occidente, muchas veces desde Rusia, y que a veces lo consigue. «Soy de la generación de la posguerra, que creyó heredar un mundo mejor que el de su padres, pero la situación actual me da escalofríos, porque puede ir a peor», alerta. «Me arrastra el optimismo y pienso que Putin, arrogante, cruel, perverso, sádico y retorcido, podría caer pronto. Pero sé que no es así», admite. «Vivimos una guerra de información muy destructiva, nos ahogan las mentiras, y por eso sueño con la claridad, como mi personaje», precisa.

Todos ganan

Se le ocurrió su versión escandinava de Holmes mientras promocionaba sus novelas de 'Millennium', sobre las que tiene sentimientos agridulces. «La situación de la herencia material de Larsson es triste, con el conflicto entre los herederos y la pareja de Stieg, pero prefiero pensar en lo bueno y en que con la continuación de la saga ganamos todos. Cuando me encargaron continuar con el personaje de Salander creí morir, porque las críticas fueron atroces. Pero acepté y fue bueno para todos: para los personajes, que siguen vivos, y para los lectores, que seguirán disfrutando de Salander, que será eterna como lo es James Bond», vaticina.

Lagercrantz se consagró con la biografía de Zlatan Ibrahimovic, el astro sueco del fútbol salido de un barrio «duro» como Husby. Se convirtió en el libro más vendido en la historia de Suecia, cambió su vida y ahora se ha llevado al cine. Muy risueño, admite Lagercranzt que no le importaría repetir y hacer algo parecido con Kylian Mbappé o con Lionel Messi, 'cracks' de orígenes parecidos a los de Ibrahimovic.

Aunque ya ha vendido los derechos de 'Obscuritas', del cine no quiere saber nada. Dice que la película que se hizo de su primer libro de 'Millennuim' y el cuarto de la serie -'Lo que no te mata te hace más fuerte'- «es horrible e infumable». «He aprendido a desconfiar de las gentes de Hollywood por muy 'cool' que parezcan», confiesa.