La voz alada de Pino Ojeda

En el año 1953, logró el primer accésit del Premio Adonais; en el 44, fue finalista al Premio Nadal y en 1993 obtuvo el primer premio mundial de Poesía Mística Fernando Rielo. Sin embargo, su nombre nunca ha formado parte del canon literario, ese que se enseña en las escuelas. Ahora, el Día de las Letras Canarias reivindica el legado de la extraordinaria Pino Ojeda.

Carmen Delia Aranda
CARMEN DELIA ARANDA

« Dejadme con mis alas/ que a nadie hago sombra/ si no molestan los pájaros/ y yo soy como ellos./Volando de árbol en árbol/ de fuente en fuente/ de monte a monte/ fuera del canon/ en el pinar de los vientos». Con estas palabras, Pino Ojeda (Teror, 1916-2002) reivindicó en Poema final la libertad de un ensimismamiento artístico que, sin embargo, la situaría en la vanguardia literaria y pictórica de los años 50.

Su vida fue impropia de una mujer nacida a principios del siglo XX. En 1952 fundó con sus ahorros la revista Alisio, una publicación semanal que lograría conectar a los autores canarios con colegas peninsulares de la categoría de Gabriel Celaya, Vicente Aleixandre, Juan Ramón Jiménez, Gerardo Diego o el francés Louis Emié y en 1958 se convirtió en la primera fémina que abrió una galería en Canarias.

«Ella siempre decía que nadie es profeta en su tierra», comenta su nieto Domingo Doreste, que recuerda que su abuela hizo cosas impropias en una mujer de la época, como dejar su hijo a cargo de su madre y viajar por Europa. «Llegó hasta Laponia. ¿Qué hacía una mujer en los años 50 recorriendo Europa sola?», cuenta el nieto que atesora aún una quincena de poemarios inéditos, cuentos y unas seis obras de teatro, además de la correspondencia que Pino Ojeda mantuvo con figuras como Alberti, Camilo José Cela, Carmen Conde, Gabriel Celaya, Vicente Aleixandre, Carmen Laforet o Juan Ramón Jiménez. «Tengo poemas inéditos de Juan Ramón Jiménez que no se han visto nunca», asegura Doreste sobre el contenido de la correspondencia de su abuela, una mujer que volcó de forma visceral sus sentimientos en la poesía. «Tuvo muchos conflictos internos. Sus libros denotan esas luchas internas. Su poesía habla del amor, de la muerte y de la indefensión», comenta Doreste acerca de una obra marcada por el dolor por la ausencia de su amado marido, muerto en la Guerra Civil, y su lucha para sacar adelante a su hijo.

«Su escritura es muy visual, muy dura, con imágenes muy potentes. Algunos poemas tienen una fuerza desgarradora, tanto hacia la vida como hacia la muerte. Aunque es fácil de leer, es muy profunda», comenta el cineasta que retrató la vida de su abuela en el documental , disponible en Youtube.

Su principal modelo literario fue su amigo y Nobel de Literatura Vicente Aleixandre. «Fue su referente. Estuvo en su casa de Escaleritas. No solo se carteaba con los escritores sino que los traía a casa. Se hospedaban en un apartamento», dice Doreste.

Sus poemarios publicados - Niebla de sueño (1947), Como fruto en el árbol (1954), La piedra sobre la colina (1956), El alba en la espalda (1987), El salmo del rocío (1993) y Árbol del espacio (1999)- están recogidos y a disposición de los lectores en el volumen Pino Ojeda Obra poética, editado por el Cabildo de Gran Canaria y compilado por la doctora en Filología Hispánica por la Universidad Complutense y profesora de Lengua y Literatura de la ULPGC, Blanca Hernández.

El año pasado, como colofón a los actos por su centenario, se publicaron dos nuevas obras; su única novela, finalista al premio Nadal, Con el paraíso al fondo (1944); y su poemario El derrumbado silencio.

Ahora, el reto de su nieto es crear una fundación para preservar su vasta obra pictórica y literaria aún por descubrir.

Una autora excluida del canon

«Pino Ojeda sufrió el olvido. Su obra tuvo repercusión en su época, se olvidó en la década de los 70 y se recuperó en el año 2000», explica la experta en el legado literario de la terorense, la doctora en Filología Hispánica, Blanca Hernández. Así y todo, añade, su legado es bastante desconocido porque «no forma parte del canon literario aún. Si vas a los libros de texto -que es la manera de medir lo que se difunde-, solo hay unas pocas mujeres: Rosalía de Castro, Emilia Pardo Bazán y Santa Teresa de Jesús y ya está», comenta Hernández que este miércoles dará una charla a docentes sobre Pino Ojeda en el Gabinete Literario.

La autora de la compilación de su obra poética editada por el Cabildo de Gran Canaria en 2016 y responsable de una nueva antología, que la editorial nacional Torremozas publicará este año, entiende que su obra ha sido estudiada y valorada. «Falta la segunda parte: revisar el canon literario. Está hecho por hombres y solo figuran hombres. Poetas tan buenas como Pino Ojeda las ha habido», dice.

Respecto a su obra poética, dice que su fuerza metafórica «no deja indiferente a nadie». «Es una poesía intimista. Va explorando su yo; el dolor y el amor que siente por su esposo. Su pérdida fue un trauma durísimo», explica la experta que resalta el modo en el que Ojeda construyó su subjetividad a través de la literatura. Además, resalta que fue la primera autora canaria que abordó «la sensualidad, la sexualidad y el desenfreno».

Hernández dice que su forma de plasmar su intimidad permite a cualquiera identificarse con sus emociones y su mensaje «trasciende de lo personal a lo universal». Además, subraya que exploró lo social en El derrumbado silencio, donde señaló la deshumanización de la ciudades.

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