La rebeldía positiva de Miguel Panadero

21/02/2019

El auge de la extrema derecha, las actitudes xenófobas, la violencia de género, el paro, la pobreza, la desigualdad, la corrupción política y la manipulación mediática son algunas realidades contemporáneas que no ayudan a pensar que el mundo en el que vivimos es un lugar fantástico, lleno de oportunidades y placeres.

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Ante este gris panorama, el artista grancanario Miguel Panadero genera buena energía y se decantan por una rebeldía positiva, que resulta evidente en el casi medio centenar de piezas que forman La máquina de los sueños, la exposición que desde hoy, a partir de las 20.00 horas, y hasta el próximo 22 de marzo se puede visitar en la Galería de Arte de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC), en la sede institucional del número 30 de la calle Juan de Quesada.

Este «canto al optimismo» de Miguel Panadero ve la luz tras casi dos años de reflexión y trabajo. «Casi me cuesta recordarlo, porque ha pasado mucho tiempo. No hubo un click concreto que me hizo comenzar a pensar de esta forma. Por primera vez en mi vida, me apetecía contagiar optimismo y hablar de posibles mundos mejores para este mismo mundo. Creo que es un mundo de sueños reales que se pueden cumplir. Tenía anotadas algunas frases que ahora aparecen en las paredes de la sala», explica Panadero en referencia a «campos de sueños», «pequeña pinacoteca de optimistas», «departamento de ideas felices» o «oficina de optimistas».

Este polifacético creador, que abandonó la carrera de arquitectura para dedicarse a las bellas artes, tiene claro que «todo se puede mejorar y que el mundo va a mejor, contrariamente a lo que desde determinados lugares nos quieren hacer creer».

Defiende que «no hay nada peor que creer que las cosas no se pueden cambiar para mejor». Pero es consciente de que en nuestra realidad cercana y más lejana desde un punto de vista geográfico «hay muchísimas cosas que arreglar, por supuestísimo», reconoce.

Panadero huye de la impostura. «Se trata de una rebeldía positiva, que puede rozar la locura y que hace que algunas personas se sonrían. Pero no se trata de una cuestión de inocencia, es que me lo creo de verdad. Creo que la nostalgia de que los tiempos pasados fueron mejores es mentira. Envejecemos y nos estropeamos, pero hay que alejarse del discurso derrotista de que todo está peor. Creo que es una fase vital. Con veintitantos años tenía una visión del mundo mucho más dramática que la actual. Y eso que había vivido menos cosas malas. Igual es un mecanismo de defensa, una vía de escape, pero es lo que pienso ahora y lo quiero compartir», subraya.

No entiende La máquina de los sueños ni «como un panfleto» ni como una «narración». «La exposición es para digerirla lentamente. Es muy sensitiva y cada uno tendrá su propia interpretación. El origen es que genere energía positiva, así que me doy por satisfecho con que cada uno de los que la visiten salga con las pilas cargadas», apunta, entre risas, mientras desayuna, durante una parada para poner a punto los últimos detalles de la muestra.

Reconoce que su sello es «no parecerme a mí mismo» cuando afronta un nuevo proyecto. En este caso, exhibe acuarelas y óleos sobre lienzos. «Las técnicas mixtas que ves son cuadros a los que les preparo un fondo sobre acrílico y las termino al óleo. La luminosidad que buscaba me la daba el óleo. Nunca lo había trabajado. No será perfecto técnicamente, pero lo aplico a lo que quiero contar. Si no tengo el recurso necesario, lo investigo y lo trabajo, como he hecho con el óleo», reconoce.

El color ha sido muy «intuitivo», dice. «He buscado la luz. Hay tres series. Parto del gris y los optimistas vienen a cambiarlos con buenos deseos. La segunda es azul, con sueños y propuestas positivas. La tercera es amarilla, es la más surrealista y es cuando ya llegamos a un mundo imaginario. Las dos primeras son más narrativas», confiesa.