Entrada en el Panteón de París del cenotafio de Josephine Baker. . / afp

Joséphine Baker, del music hall al Panteón

Cuarenta y seis años después de su muerte, es la primera mujer negra y la primera artista del espectáculo en recibir este honor

BEATRIZ JUEZ Corresponsal en París

Del music hall al Panteón, pasando por la Residencia francesa a los nazis y la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos. La artista, resistente, espía y activista franco-estadounidense Joséphine Baker entró este martes por la alfombra roja en el Panteón, el edificio neoclásico en el que reposan los restos de algunas de las figuras más ilustres de Francia.

Cuarenta y seis años después de su muerte, Baker (1906-1975) es la primera mujer negra y la primera artista del espectáculo en recibir este honor. Con «la diosa de ébano», ya son seis las mujeres en el Panteón, frente a los 75 hombres que hay en la cripta. En este templo laico están enterrados Voltaire, Jean-Jacques Rousseau, Victor Hugo y Alexandre Dumas, entre otros.

«Joséphine Baker entra aquí con todos aquellos que eligieron Francia», dijo el presidente francés Emmanuel Macron. «Esta noche, entra aquí con todos esos artistas que la acompañan, todos esos artistas que amaron el jazz, la danza, el cubismo, la libertad de esos años», añadió el mandatario.

Macron rindió homenaje a esa «heroína de guerra, combatiente, bailarina, cantante, negra defendiendo a negros, pero sobre todo mujer defendiendo a los humanos, estadounidense y francesa». Para Macron, Baker encarnaba «una cierta de libertad y de fiesta». A lo largo de su vida, «lidió tantos combates con libertad, ligereza, alegría y belleza en un siglo de desconcierto», dijo Macron.

Baker, cuyo verdadero nombre era Freda Josephine Mcdonald, es considerada en Francia un icono de la libertad y del antirracismo. A lo largo de su vida rompió todas barreras de género, sociales o de raza.

Esta vedette de music hall, nacida en una familia pobre de Saint-Louis (Misuri), se trasladó a los 19 años a vivir a París, huyendo del racismo y segregación de Estados Unidos y abrazó la libertad del París de los años 20 del siglo pasado.

Se convirtió en la estrella de Revue Nègre, un espectáculo musical que contribuyó a popularizar en Francia el jazz y la cultura afroamericana. Y escandalizó a los más puritanos bailando prácticamente desnuda solo con una falda de plátanos. El pintor español Pablo Picasso dijo de ella que era «un Nefertiti de ahora».

En 1939, dos años después de nacionalizarse francesa, fue reclutada como agente de inteligencia y trabajó como espía para la Resistencia francesa. Rechazó cantar para los alemanes en un París ocupado por los nazis. En 1942, fue ascendida a subteniente del Ejército del Aire las Fuerzas Francesas Libres. «Un combate por la Francia libre, sin cálculos, sin buscar la fama», según Macron. Recibió la Legión de Honor y la Cruz de Guerra con palmas.

Joséphine Baker también luchó por los derechos de los afroamericanos en Estados Unidos. Vestida con el su uniforme del Ejército de la Francia Libre, la artista habló en la Marcha por los derechos civiles de 1963 en Washington, junto al reverendo Martin Luther King, cuando éste pronunció su famoso discurso «I have a dream» (Tengo un sueño)-

Por deseo de su familia, los restos de Joséphine Baker seguirán enterrados en Mónaco, donde se encuentra la tumba de su marido, su hijo Moïse y su protectora y gran amiga, la princesa Grace de Mónaco. Su cenotafio contiene tierra procedente de Saint-Louis, París, Mónaco y del castillo de Milandes. En ese castillo francés vivió 20 años con su marido y sus 12 hijos adoptivos de distintas razas, su tribu «arcoíris», como les llamada ella.

«Mi país es Francia», decía Joséphine Baker. «Mi Francia, es Joséphine», explicó el presidente. «En el fondo no hay nada más francés que usted», dijo Macron, abrazando el multiculturalismo de esa Francia que nadie encarna mejor que Joséphine Baker.