El escritor Josep Pla.

Josep Pla, un gran narrador eclipsado por el genio del cronista

'La ceniza de la vida' reúne por primera vez en un único volumen una treintena de relatos del poliédrico y prolífico escritor ampurdanés

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCI Madrid

Consagrado como un clásico del siglo XX, se suele considerar al gerundense Josep Pla (Palafrugell, 1897–Llofriu, 1981) como un genial cronista, autor de memorias, libros de viajes, biografías, reportajes, guías gastronómicas y miles de artículos que eclipsaron al gran narrador que también fue. Su pulso literario brilló en tres novelas y más en los relatos que ahora se reúnen por primera vez en un solo volumen: 'La ceniza de la vida' (Destino). Incluye ficciones escritas entre 1949 y 1967 cuyos textos ha fijado Jordi Cornudella, poeta, editor y especialista en Pla, que prologa la edición.

El siempre contradictorio Pla insistía en que su primera vocación fue la narrativa. No en vano, de los cuatro primeros libros que publicó entre 1925 y 1927, tres alternaban relatos con recuerdos, crónicas, retratos de escritores y pequeños ensayos: 'Cosas vistas', (1925), 'Linterna mágica', (1926) y 'Relaciones', (1927). Dos décadas después, revisó aquellos textos y añadió otros con la intención «de poner sobre el papel, escalonadas, una serie de escenas de la vida humana, muy diversas, con la miseria y la belleza mezcladas, alternando el vicio y la virtud, la línea del sentimiento y la línea rota de la insanidad».

Pla consideraba su obra «una suma de hojas de un diario íntimo vastísimo» con las que pretendía inventariar unas «reminiscencias de la ceniza de la vida» en sus ficciones, las 34 narraciones que Pla publicó como definitivas entre 1949, cuando salió 'Cosas vistas' en el sello Selecta, y 1967, cuando publicó 'La vida amarga' en Destino, incluyendo dos textos más recogidos en el apéndice del monumental volumen de 800 paginas que llega ahora al lector. Un libro «que tiene la voluntad de resituar a Pla no solo como un prosista excepcional, sino también como uno de los grandes narradores del siglo XX».

Cornudella ha fijado los textos de todas las narraciones conocidas de Pla partiendo de las ediciones precedentes de unos relatos que muestran el perfil más libre del poliédrico y prolífico escritor catalán, cuya obra completa suma mas de 30.000 páginas en 46 volúmenes. Habla el experto de «razones elementales pero poderosas» para proponer un libro que reivindica a Pla como «un narrador tan admirable como el cronista». «Sus relatos quedaron tal vez demasiado desperdigados en el vasto océano de su obra completa», sugiere Cornudella. «Son muy buenos, y conservan toda la capacidad de emoción y de revelación de la verdadera literatura. Merecen ser leídos», asegura.

«Es este un libro de literatura narrativa, que es la literatura que me habría gustado cultivar si no me hubiese dedicado al periodismo, es decir, si la dispersión angustiosa del periodismo me lo hubiese permitido», escribió el propio Pla en 1966 en el prefacio de 'La vida amarga'.

Una confesión que combate el tópico de que el llamado 'Montaigne del Bajo Ampurdán' carecía de imaginación y contaba únicamente lo que veía en sus viajes y vivió en sus estancias en Londres, París, Estambul, Jerusalén o Moscú. Un tópico que el propio Pla alimenta cuando en 'Escenas de un primer amor' escribe: «Solo pueden decir sobre el tema alguna cosa estimable los escritores dotados de gran imaginación y yo, imaginación, no he tenido nunca».

Lo cierto es que Pla aplicó el grueso de su energía a géneros misceláneos y en especial a sus artículos. Pero Cornudella destaca y reivindica un talento narrativo que brilla en relatos como 'La crueldad gratuita', 'Contrabando', 'Pensión barcelonesa céntrica', 'Lo que os puede suceder: nada', 'Vida del jugador' o 'Historia de Gervasi'.

«Sus personajes son tipos reconocibles, que actúan por razones hondas y no siempre confesables, y que habitan en un mundo que parece idéntico a nuestro mundo real, tanto si se trata del pequeño país ampurdanés como de Barcelona o de cualquier capital europea», acota Cornudella.

Pla, que se jactó de haber vendido al menos cuatro veces todo cuanto escribió, revisó unas narraciones eclipsadas por el poderoso impacto de sus otros registros. Y eso que Cornudella lamenta que su reescritura, tratando de esquivar la censura, empobreció los textos. «Los viejos toques de sal gruesa, de erotismo explícito, de sátira de costumbres y de anticlericalismo se atenuaron hasta desaparecer, en algún caso, de la superficie de los textos. Ciertas narraciones perdieron frescura, desde luego, pero hay que reconocer que mejoraron en otros aspectos. Ganaron en consistencia y densidad», concluye.