Jordi Mollà posa junto a uno de los toros de Osborne de la exposición 'El arte de trascender / El legado del toro'. / MARISCAL / EFE

Jordi Mollà pinta 65 toros de Osborne con brochazos coloristas

El actor, al que le persiguen los astados desde que participó en la película 'Jamón, Jamón', asocia el animal con las vacaciones y la paella

Antonio Paniagua
ANTONIO PANIAGUA Madrid

Junto a la serpiente, el toro es un icono omnipresente en la historia del arte. Egipto, la Mesopotamia Antigua, la Grecia helenística, entre otras civilizaciones, rindieron culto al astado, símbolo de prosperidad y fortaleza.

El actor Jordi Mollà también se ha prendado del encanto del toro, que no de la tauromaquia. De hecho, el toro de Osborne le persigue desde niño. «Cuando viajaba de Barcelona a Valencia con mis padres por las autopistas españolas, veía muchos toros de Osborne. Esos viajes los tengo asociados a las vacaciones, la paella, mis tías, los primos, las acequias, el verano...», dice el artista.

La escena en que Mollà arranca los testículos a la silueta taurina en la película 'Jamón, Jamón' está grabada a fuego en la memoria cinematográfica de muchos espectadores. «Nací con el toro de Osborne, crecí con el toro de Osborne, y decidí cual sería mi vida profesionalmente… con el toro de Osborne. No es poco», asevera Mollà.

Lidia a brochazos

Con estos antecedentes, es normal que los patrocinadores de la intervención, 'El arte de trascender/ El legado del toro', eligieran a Mollà para que pintara 65 toros de Osborne, una lidia a base de brochazos de colores que intentan evocar las maneras de Basquiat, Tàpies, Picasso o Manet. En tamaña empresa el artista apenas necesitó cuatro días, todo un ejercicio de pintura rápida. «Tengo por costumbre pintar rápido, quizá sea porque mi oficio es el cine, que es un arte lento», asegura el actor.

El número de piezas pintado no es casual. La propuesta, apoyada por la Fundación Osborne, se hace para conmemorar el 65 aniversario del montaje de la primera valla publicitaria del famoso toro. Cada pieza está firmada y se vende con una vela que desprende olor a albero y flor de azahar, las 65 estampas y un libro ya descatalogado, 'Un toro negro y enorme', que incluye colaboraciones gráficas de Alberto Corazón, mariscal, Mingote y Ralph Steadman, entre otros. Los cuatro objetos (chapa, vela, estampas y libro), se venden en una caja al precio de 20.000 euros y parte de la recaudación se destinará a objetivos filantrópicos, según explica Eloy Martínez de la Pera, el comisario de la muestra, que se puede ver a partir de este jueves en la galería Gärna Art Gallery de Madrid.

El 25 de abril de este año, en la bodega la Atalaya del Grupo Osborne, en El Puerto de Santa María (Cádiz), Jordi Mollà se encerró con 65 siluetas, fabricadas con la misma chapa metálica original. Pintó de forma febril, como poseído. «Por lo general, cuando pinto, lo hago para divertirme, no para sufrir. Estas pinturas son una exaltación dela vida», argumenta.

Hace más de 60 años, en 1956, Osborne encargó a la agencia Azor una valla para publicitar en las carreteras su brandy Veterano. El diseñador Manolo Prieto creó entonces la silueta de un toro que se integraba en el paisaje, el primero de los cuales se ubicaría un año más tarde en Cabanillas de la Sierra (Madrid). Por tanto, en 2022 se conmemora el 65 aniversario de aquella primera instalación de una figura que muy pronto se convertiría en icónica.