El robot iCub es una creación del Instituto Italiano de Tecnología. / AFP

«Nos enamoraremos de robots y conviviremos con 'terminators'»

Jeanette Winterson explora los efectos de la inteligencia artificial en nuestras vidas y vaticina futuras relaciones 'ciberamorosas'

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCI Madrid

El ser humano no tiene garantizada, ni mucho menos, su posición en la cúspide como especie. Es muy probable que las máquinas que nosotros mismos creamos y dotamos de inteligencia nos desplacen de esa posición de privilegio y se establezcan unas nuevas reglas de juego sociales y emocionales. «Nos enamoraremos de robots y conviviremos con 'terminators'», vaticina la escritora británica Jeanette Winterson (Mánchester, 62 años). En su nuevo ensayo, '12 bytes: Cómo vivir y amar en el futuro' (Lumen), dibuja un desafiante panorama en el que jugarán un papel crucial unas máquinas «calculadoras, frías y racionales».

Winterson, que ya había puesto la lupa sobre nuestras emociones en ensayos como 'La pasión', en sus memorias '¿Por qué ser feliz cuando puedes ser normal?', o en la novela 'Frankissstein: una historia de amor', las analiza ahora desde los prismas de la historia, la religión, la mitología, la literatura, la política y la informática para atisbar unos cambios que alterarán, cree, la esencia del ser humano en el maltrecho planeta azul.

«Los humanos hemos logrado todo lo que soñamos desde la revolución industrial. Hemos llegado a la Luna y nos comunicamos con nuestros semejantes en cualquier rincón del mundo en tiempo real gracias a internet. Es como magia. De modo que no dudo que lograremos crear nuevas formas de vida que no serán de carne y hueso», asegura la escritora. «Eso, si no desestabilizamos antes el planeta, desencadenamos otra guerra mundial y conseguimos que no haya futuro ni para nadie ni para ningún sueño, o agotamos sus recursos y hacemos que hierva de calor», añade sarcástica la escritora en teleconferencia desde su casa en el Reino Unido.

«Hay quien ve la inteligencia artificial como algo lejano, pero ya está más que integrada en nuestras vidas»

Cree que los humanos estamos preparados «para interactuar y mantener relaciones importantes con seres no biológicos». «Hay quien ve la inteligencia artificial como algo lejano, pero ya está más que integrada en nuestras vidas», dice aportando varios ejemplos. «Muchos hombres se relacionan con muñecas sexuales que ejercen también una función social y afectiva. Algunos buscan algo más que sexo y charlan con estos seres inertes que pueden responderles. Suelen ser personas que, de otro modo, no se relacionarían con nadie», plantea.

«Al margen del juicio que hagamos, es un hecho que constata que una interacción afectiva no tiene que ser, necesariamente, de humano a humano», indica la escritora. «Cualquier persona que tenga un osito de peluche o que crea en Dios, está habituada a relacionarse con una entidad no biológica. Hay quien se relaciona con ángeles y quien lo hace con fantasmas. Ahora, simplemente, hacemos lo mismo, pero con máquinas. Siri, una herramienta de los teléfonos móviles, nos permite hablar con un sistema operativo con toda naturalidad», agrega.

Aventura Winterson que habrá nuevas e insólitas formas de amor y que, como ocurre con las muñecas de silicona, alguno de los amantes no será humano. «Podremos enamorarnos y casarnos con nuestro sistema operativo o con un robot. El ser humano necesita relacionarse, y cuando no lo hace busca nuevas opciones. Esa relación humano-máquina va a ser la mayor revolución. Generará un cambio brutal en la forma en la que gestionamos nuestras emociones», vaticina. Pero destaca, a renglón seguido, que «las máquinas no tienen un sistema límbico como el nuestro, donde residen todos los instintos y las emociones». Sabe que esas propiedades podrían integrarse en los robots, pero no cree que tuviera demasiado sentido. «Las máquinas serán calculadoras, frías y racionales», asegura.

Cooperar, no competir

«Todo el mundo se enamora de sí mismo o de algo nuestro que reconocemos en otra persona. Esto es lo mismo, eliges un sistema que se adecua. Al final, estos sistemas los crean humanos y nos reflejan a nosotros mismos a través de nuestros prejuicios. Los robots reflejan en realidad nuestra conducta y cómo somos, ya que nosotros los hemos programado. No lo veamos como algo malo, podemos aprender del proceso».

Tiene muy claro que los seres humanos evolucionaremos «hasta convertiremos en algo que no somos ahora». «Es evidente que queremos seguir como estamos, porque resulta más práctico, pero buena parte de la comunidad científica cree que compartiremos el planeta con sistemas mucho más inteligentes que nosotros y que, tras miles de años como 'Homo sapiens' y situados en la cumbre de la pirámide, si la inteligencia artificial se convierte en algo consciente, si toma decisiones, dejaremos de estar en la parte superior de la pirámide y nos acostumbraremos a ello. Creo que vamos a convivir con 'terminators'. Esperemos que no destruyan el mundo», ironiza.

Espera que los humanos, ante la nueva era hipercibernética, estemos a la altura del cambio y, situándonos por encima de los nacionalismos y las empresas tecnológicas, «nos pongamos de acuerdo en temas fundamentales, ya que lo que viene es demasiado importante para la especie humana». «Se trata de cooperar y no de competir», apunta Winterson, que admite que a la vista de lo que pasa hoy «es complicado que los Estados puedan controlar a las grandes multinacionales».