«He perdido papeles por no ser una mujer con un físico perfecto»

Ana Wagener (Las Palmas de Gran Canaria, 1962) podría ganar esta noche el segundo premio Goya de su carrera, tras el que consiguió como mejor actriz de reparto con La voz dormida (2011), de Benito Zambrano. Ahora está nominada en la misma categoría por su papel de Asunción Ceballos, en El reino, de Rodrigo Sorogoyen, la presidenta de un partido político que se ve envuelto en un caso de corrupción.

Victoriano Suárez Álamo
VICTORIANO SUÁREZ ÁLAMO

«Algunos piensan en María Dolores de Cospedal y otros en Susana Díaz cuando ven a Asunción Ceballos. Pero la Ceballos no tiene el nombre y los apellidos de un político, pero a su vez tiene el nombre y los apellidos de todos los políticos nacionales», reconoce por teléfono esta actriz sobre un personaje que cuenta con solo nueve minutos de metraje en El reino.

Este hecho hace que encare la gala de esta noche en Sevilla «más relajada» que en las otras tres ocasiones en las que ha estado nominada, por lo que entiende su candidatura como «un premio».

Compite con tres actrices que, desde su punto de vista, han llevado a cabo unos trabajos «fantásticos». Se trata de Carolina Yuste, por Carmen y Lola; Natalia de Molina, por Quién te cantará, y Anna Castillo, por Viaje al cuarto de una madre.

Ana Wagener reconoce que «como en casa y con amigos» no se puede disfrutar mejor de esta gala. «Sobre todo, en el caso de las mujeres, que vamos con vestido y tacón. De todas formas, te puedo decir que es una noche muy bonita, porque estás con la gente del mundillo, rodeada de amigos. En todas las galas en las que he estado nos tratan muy bien. Eso de que se pasa hambre es una leyenda urbana», señala entre risas.

Esta noche, la igualdad vuelve a ser una asignatura pendiente, porque solo un 26,5% de mujeres están nominadas, frente a un 73,5% de hombres. Ana Wagener se felicita sobre el movimiento feminista que, desde el pasado año ha crecido de forma considerable en todo el país y en el seno de la industria cinematográfica española e internacional.

«Creo que está muy bien el movimiento feminista. La gente se está atreviendo a denunciar y ya se sabe que cuando muchos abren la puerta, se pierde el miedo y son más los que se suman. Eso es muy positivo. Pero hay que tener precaución y no meterlo todo y a todos en el mismo saco. Eso me da miedo, porque igual metemos la pata», explica.

Amplía su razonamiento: «Tengo la esperanza de que hay muchos hombres que también defienden a las mujeres. Todos debemos ser feministas, pero no desde una posición radical, sino como algo natural. Consiste en que la mujer tiene que tener los mismos derechos que cualquier ser humano. Queda mucho por hacer, hay que ir educando y trabajar con las nuevas generaciones».

Dice que no ha sufrido actitudes machistas en su carrera. «He tenido la suerte de no pasar por eso. Siempre se nos ha exigido estar perfecta. Lo que sí te digo es que he perdido papeles por no ser una mujer con un físico perfecto. Los he perdido por cuestiones estéticas, no por ser mujer. Echo de menos más historias potentes para mujeres de más de 40 o 50 años», señala.