Pepe Domingo Castaño. / PaCO NAVARRO

Pepe Domingo Castaño - Periodista deportivo

«De haber seguido de fraile yo habría llegado a cardenal»

«En Padrón, las familias ricas me miraban por encima del hombro, tardé mucho en quitarme ese complejo»

ARANTZA FURUNDARENA Madrid

De soñar con ser locutor de radio con una cuchara como micrófono a cobrar un millón de pesetas por programa. De pasar siete años de novicio a convertirse en 'Pepe Fiestas', el más ligón de Padrón y su comarca... Una vida así había que contarla. Y Pepe Domingo Castaño, a sus 79, acaba de publicar sus recuerdos en 'Hasta que se me acaben las palabras'. «Lo más importante de la vida es vivirla», sentencia.

- Le consideran un hombre hecho a sí mismo. ¿Le encajan todas las piezas?

- Creo que sí, ja, ja, ja. Lo importante es que te recuerden por haber sido buena persona. Y yo creo que lo soy. Es mi gran objetivo. Me lo decía mi madre: «Haz lo que quieras, pero sé bueno, quiere a la gente». Y yo quiero a todo el mundo.

- Hombre, a todo el mundo... En su libro a algunos les declara su eterno desprecio.

- Es que cuando me fui de la Ser, tras 37 años entregado a la radio, no me dieron la oportunidad de irme feliz y luego me demandaron. Lo ganamos, pero me dolió. Lo del desprecio es mi forma de demostrar que aquel triunvirato de directivos me hizo mucho daño. A nosotros nos llamaron delincuentes. Les perdono, pero no puedo tenerles aprecio.

- A De la Morena en cambio le pide perdón.

- Hay que reconocer en la vida cuando pierdes un poco los estribos. Yo en aquel momento estaba enfadado con él porque veía que iba pareciéndose a García y pensé que tenía que decírselo. Con el tiempo me arrepentí de haberlo hecho. Luego nos hemos vuelto a ver en su casa de Brunete. No recordamos ni un mal momento. Como si aquello no hubiera pasado. Eso para mí es maravilloso.

- ¿Todavía tararea en la ducha 'Viste pantalón vaquero'?

- Me pasan unas cosas... El otro día en un sitio de copas, de gente muy joven, el Dj puso esa canción, que es del 76. Me quedé petrificado. No entiendo cómo puede seguir sonando.

- Pregúntele a su gran amigo Julio Iglesias.

- Él siempre me dice que soy gilipollas porque no me dediqué a cantar. En el 79 fui número 1 en México con 'Motivos'. Y Julio me decía: «A mí me ha costado media vida llegar a triunfar en México y tú, cabrón, lo consigues en tres meses y te retiras...»

- Antes de eso iba usted para fraile. ¿Qué tipo de fraile habría sido?

- Cardenal como mínimo, je, je... Por ambicioso, porque cuando hago algo siempre intento hacerlo lo mejor posible.

- De Papa no se pone por humildad, imagino.

- No, porque me tendría que haber llamado Pepiño I y queda un poco raro, ja, ja, ja...

- En su pueblo era 'Pepe el Costilleta'.

- Es el mote que tenía mi familia porque a mi padre, Antonio, le gustaba mucho la costilla de ternera. Hubo un tiempo en el que me molestaba mucho. En Padrón había una serie de familias aristocráticas que mandaban en el pueblo. A mí y a mis once hermanos, que éramos de una familia muy humilde, nos miraban por encima del hombro: «Mira, los Costilletas, pobrecitos...» Y yo, que alternaba con los hijos de aquellos aristócratas, me sentía acomplejado. Al final se me ha ido quitando pero en Madrid lo pasé muy mal con este complejo.

- Sin embargo, ha roto muchos platos en su vida.

- He transgredido las normas muchas veces, he sido un bala perdida cuando estaba en mi pueblo. Salí del seminario con ganas de comerme el mundo y me ligaba a toda la que podía. Era el terror de las verbenas. Siempre me subía a cantar con la orquesta. Mi ilusión era ir a la verbena, cantar y ligarme a una chica. Y cogí fama. Me llamaban 'Pepe Fiestas', porque estaba en todas las fiestas de mi tierra. Una locura.

- Le dedicó un rap a Paco González por el covid, pero usted también lo pasó.

- Sí, en marzo de 2020. Lo cogí muy duro. Parecía que me estaban quitando la respiración. Creí que me moría. Fue mucho peor que el infarto que tuve en 2013.

- ¿Qué le deja a Pepe Domingo sin palabras?

- Mi mujer, Tere, mi novia eterna. No sé qué tenéis las mujeres pero entráis en el alma de los hombres. Ella sabe cuándo miento, cuándo le cuento un cuento, cuándo me voy por las ramas y hago de gallego... Mi mujer lo sabe todo y me deja sin palabras y sin argumentos.