'Autorretrato con el retrato del doctor Farill', óleo de 1951 perteneciente a una colección particular. Cortesía de Hauser & Wirth. / Rafael Doniz

Todas las Fridas que hay en Kahlo

Una monumental biografía ilustrada revela todos los perfiles de la pintora, a punto de triturar su récord de cotización en una subasta

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCI Madrid

Frida Kahlo (Ciudad de México, 1907–1954) es, con el Che Guevara, uno de los iconos más potentes de América Latina. Artista singular y compleja, quizá la pintora más famosa de la historia, está a punto de batir su récord de cotización. Sotheby's subasta en noviembre el autorretrato 'Diego y yo' (1949). En 1990 se vendió por 1,2 millones de euros. Ahora superará, seguro, los 25 millones, más del triple de los 8 millones pagados por otra obra de Kahlo en 2016.

Pero el mito del personaje se sobrepone a la obra. La pintora autodidacta y atormentada fue maga del surrealismo, presunta víctima del machismo de Diego Rivera, de la pasión y del dolor, icono feminista y 'queer', abanderada de una sexualidad libre y referente de la moda... Todas las Fridas que hay en Kahlo están en el monumental libro que publica Taschen, una suerte de biblia Kahlo que repasa su vida «en toda su complejidad y atractiva seducción».

En formato XXL 'Frida Kahlo. Obra pictórica completa', se remonta a su infancia y primera juventud, cuando sufrió el accidente que la convirtió en pintora. Aborda su pasional y tempestuoso matrimonio en 1929 con el también artista Diego Rivera, 23 años mayor que ella, su divorcio, su reencuentro y los efectos en su arte.

Es el estudio más extenso de la pintura de Kahlo publicado hasta la fecha. En una gran biografía ilustrada, combina sus 152 obras con páginas de su diario, cartas y fotos inéditas. Incluye obras de colecciones privadas de difícil acceso y reproduce algunas que se daban por perdidas o no expuestas desde hace más de 80 años.

Ascenso meteórico

Luis-Martín Lozano, historiador del arte especializado en modernismo mexicano, es el responsable de la edición. Con más de 600 páginas (150 euros), es una inusual mezcla de libro de arte y de documentado ensayo dividido en ocho capítulos: 'Los años de aprendizaje 1925-1929', 'La pintora que expande horizontes 1930-1938', 'Las lecciones de la madurez y la experiencia 1936-1946', 'La voluntad de pintar hasta el final 1947-1954', 'Diarios y cartas de Frida', 'Biografía', 'Frida y Diego' y 'La casa azul'.

«Ninguna artista tuvo un ascenso tan meteórico como ella», dice de la revolucionaria Kahlo, una de las pocas artistas con un lugar tan preeminente en la historia del arte. No pasa de moda y su arte y su figura generan cada vez más interés. Lo prueban las múltiples exposiciones que recorren el mundo, como la muestra inmersiva que llegará a Barcelona en noviembre.

A la cabeza de la vanguardia y del renacimiento artístico y cultural de México y Estados Unidos, Kahlo conquistó también Europa cuando André Breton elogió su trabajo. La incorporó al surrealismo y expuso su obra en París en 1939, donde Picasso, Kandinsky y Duchamp pudieron admirarla. Fue su catapulta para convertirse en la que quizá sea la pintora más admirada e icónica de la historia.

Convertida, según Lozano, en «un baluarte de libertad, de elección de la condición femenina, sobre todo en lo referente a la sexualidad», sus pinturas se estudian desde el punto de vista sociológico y psicológico. Su tormentosa relación con Diego Rivera, su activo feminismo y su creativa relación con el dolor han dado pie a películas, ensayos, narraciones, cómics, documentales, y hasta 'tours' Kahlo. «Cuando pensamos en Frida Kahlo como un fenómeno mediático, que despierta enorme interés en las redes sociales por cuestiones de carácter personal o biográfico, estamos distorsionado el significado de su obra y su condición como artista», lamenta Lozano.

El monumental libro de Taschen parte del catálogo razonado publicado en 1988 que amplía sumando todos los cuadros que pintó entre 1924 y 1954 y de los que se tiene absoluta certeza de su autoría, incluidos los destruidos o en paradero desconocido. Se recuperan sus títulos originales, dado que Kahlo tituló 'Autorretrato' o 'Naturaleza' telas a las que luego añadía adjetivos para diferenciarlos.

Belleza mutilada

También rescata las entrevistas de Raquel Tibol con Frida Kahlo realizadas en 1953. La escritora argentina conoció la obra de la pintora mexicana a través de Diego Rivera, que le habló de «la belleza mutilada» de sus pinturas. Tibol quiso escribir una biografía de la pintora, a la que encontró ya muy enferma. Sus conversaciones están en 'Fragmentos para una vida de Frida Kahlo', primordiales para conocer la familia, la infancia y la juventud de la atormentada artista.

Una época bien reflejada en el libro de Taschen con fotos de Frida niña tomadas por su padre, Guillermo Kahlo, un alemán emigrado a México, fotógrafo oficial del gobierno de Porfirio Díaz y con quien la joven, autodidacta como pintora, aprendió las bases de la iluminación, composición y color.

El libro incluye bocetos, dibujos arrancados de cuadernos, estudios de movimientos, noticias de sucesos que le sirvieron de inspiración, fotos de la pintora trabajando en su estudio, otras con Diego Rivera o una de Dolores del Río y Marlene Dietrich frente a un retrato de Frida Kahlo. Da cuenta «del mundo excepcional que Frida creó para sí misma» y que reflejó en su diario mediante anécdotas, cartas –algunas inéditas–, poesías, dibujos o frases rotundas como la que define su matrimonio con Rivera: «una pareja extraña del país del punto y la raya».

Se cierra con un capítulo dedicado a la famosa casa azul, sede del museo Frida Kahlo en Coyoacán. Fue allí donde instaló su estudio, acogió a León Trotski cuando el político ruso se asiló en México y volvió a vivir tras su divorcio de Rivera.

«Su principal promotor, no su verdugo»

Luis-Martín Lozano impugna en su estudio el asentado estereotipo que presenta a Frida Kahlo como víctima del machismo de Diego Rivera, quien, lejos de ser un verdugo emocional, fue su gran valedor. «Rivera fue su principal promotor y la rodeó de un contexto cultural e intelectual clave para su desarrollo», asegura el historiador.

El pintor y muralista era todo un astro del arte cuando la pareja se conoce y se casa. Vivieron en EE UU, donde Rivera afrontó importantes encargos, viajaron a Europa, donde el arte de Frida sedujo a los surrealistas, se divorciaron, se casaron de nuevo, y permanecieron juntos hasta el final.

Las fotos, cartas inéditas y páginas su diario desvelan la complejidad de la que quizá sea la pintora más famosa de la historia

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