Fernando Velázquez, fotografiado durante la entrevista. / mireya lópez

Compositor

Fernando Velázquez: «Parece que ahora nada tiene una vocación de permanencia»

«Veo las oportunidades que abren las series hechas para las plataformas; pero no nos engañemos, solo les interesan los números», advierte el creador de las bandas sonoras de filmes como 'Lo imposible', 'El orfanato' y 'Patria'

CÉSAR COCA

Fernando Velázquez (Getxo, 1976) ha firmado las bandas sonoras de algunas de las películas más taquilleras del cine español, como 'Lo imposible', 'El orfanato' y 'Ocho apellidos vascos', y la de una serie tan relevante como 'Patria'. También ha colaborado en filmes de Hollywood y su trabajo se ha visto recompensado por numerosos premios, incluido un Goya por la partitura de 'Un monstruo viene a verme'. En su faceta de compositor, ha estrenado obras 'clásicas' como la cantata sinfónica 'Humanity at music' o un concierto para violonchelo que estrenó Asier Polo, y ha realizado arreglos orquestales de piezas de otros compositores (suya es la versión del 'Cántico espiritual' de Amancio Prada, por ejemplo). Aún le queda tiempo para dirigir orquestas, tocar el chelo y tener una presencia constante en el ámbito musical español. Además de su formación musical, es licenciado en Historia. La mañana en que tuvo lugar esta entrevista, caminaba por los pasillos del conservatorio bilbaíno donde hizo sus estudios cargado con un puñado de partituras y saludando a diestro y siniestro a profesores y alumnos del centro. No hay mejor indicador de popularidad.

- Compone, dirige, toca el chelo y es un agitador cultural. Hace unos años dijo que quería hacer menos cosas pero mejor. ¿Lo ha conseguido?

- No. Espero estar haciendo las cosas mejor, pero creo que no estoy haciendo menos. O quizá algo menos sí, pero percibo que siguen siendo muchas porque pongo gran empeño en ellas y no consigo no derramarme en todo lo que hago.

- Tras la crisis económica anterior, muchos músicos se quejaron de que debían trabajar bastante más para ganar bastante menos. ¿Está sucediendo ahora algo similar?

- No me he parado a analizarlo. Sí noto cierta merma en la dignidad de las condiciones de trabajo, pero creo que eso tiene que ver con lo líquido que ahora es todo. Hablo de las condiciones en general, de la fugacidad de todo lo que hacemos. Parece que nada tiene vocación de permanencia. Todo el mundo cultural se vuelca en formas de consumo muy rápido y el problema es que eso termina por arrasar con lo demás.

- Usted conoce el trabajo en Hollywood. ¿Cuáles son las principales diferencias respecto del cine español?

- No veo demasiadas. Hay de todo en todas partes. Puedes estar en una película hecha por una multinacional que pone cariño en el producto y en una pequeña producción española con pretensiones más artísticas donde se cuida menos a la gente. Al final, las personas influyen mucho.

- Salvando las distancias en cuanto al tamaño y los recursos económicos, ¿hay algo que aprender de cómo se hacen allí las cosas?

- A vender mejor. Las multinacionales saben hacerlo muy bien, aunque a veces grandes proyectos pasan inadvertidos, también puede suceder. Y hay otra cosa: cuando un productor español hace una muy buena película con frecuencia se muestra orgulloso de haber gastado poco dinero. Si esa película la hace un anglosajón, está satisfecho de no haber escatimado medios y hasta presume de ello. Creo que esa idea de 'tú dame dinero que yo voy a hacer algo a lo bestia' viene de Wagner. No sé por qué aquí no lo vemos así, y presumimos de lo contrario, de hacerlo sin apenas recursos.

- Para el cine español, el año 2021 fue horrible. ¿Cómo afectó eso a los compositores?

- Yo sigo trabajando y estoy encantado, pero quizá es así porque no vivo solo en el mundo de las películas subvencionadas. El año ha sido malo para todos. Puede que estemos ante un cambio de tendencia.

Las series como salvación

- Muchos directores y actores se están salvando gracias a las series. ¿Pasa también con quienes hacen las bandas sonoras?

- Ya sabemos que una película de dos horas es un formato posible pero no es el único ni de lejos. Ahora quienes crean una historia tienen la ventaja de que la pueden concebir para diez minutos o para diez horas. Veo la oportunidad que hay detrás de eso, pero tampoco debemos engañarnos. A las plataformas solo les interesan los números. El famoso algoritmo hace que prime aquello que se va a consumir mejor. Eso de que la existencia de plataformas haría posible la existencia de todos los productos para todos los ciudadanos está bien como idea, pero quien produce quiere resultados.

- Hablando de series, usted hizo la banda sonora de 'Patria'. ¿La implicación es la misma en una historia que en líneas generales se ha conocido de cerca, como el terrorismo de ETA, que para una película de monstruos, por ejemplo?

- La implicación emocional es máxima, claro. En la novela yo ya le ponía cara a los personajes. Luego llega la serie, que tiene un tono casi documental -incluso lo que algunos interpretaban como exageraciones muchos sabíamos que no lo eran- y ves que las caras son otras, por supuesto. La novela me resultó muy dolorosa. En el cine, precisamente por ese detalle, me permitió alejarme un poco.

- Durante lo peor de la pandemia, hubo creadores que se volcaron en su trabajo y otros que se bloquearon. ¿Qué le sucedió a usted?

- Durante bastante tiempo estuve bloqueado. Luego ya no, porque a la fuerza ahorcan. Durante este tiempo hemos hecho cosas muy bonitas con el esfuerzo de mucha gente, bandas sonoras, proyectos diferentes, pero me pesa la situación. Y no sabemos hasta qué punto nos puede afectar en el futuro. Confieso que si miro el mundo de las redes sociales me siento viejo de repente, por la fugacidad de todo. No soy un dinosaurio ni un 'tiktoker'. Estoy un poco perdido.

- Esos meses de encierro pudieron haber sido la oportunidad para ese reto con el que sueña: una ópera. ¿Lo pensó?

- Empecé un proyecto en un formato no tan enorme, pero al final lo aparqué. No tenía el empuje necesario. Necesitamos relacionarnos, movernos, viajar, conocer gente nueva... y nada de eso sucedía. Hay proyectos por ahí. Una ópera requiere de un dramaturgo, y ya sé quién sería, pero ahora no se puede poner a ello.

- ¿Su fama como compositor de bandas sonoras ayuda en algo a la hora de que programen sus obras en una orquesta o una sala de conciertos?

- El mundo de la música 'culta' vive en una torre de marfil. Entiendo sus prejuicios, porque no toda la música de cine merece la pena fuera de la pantalla, pero tampoco toda la música clásica contemporánea tiene mucho sentido. Hay música heredera de unas vanguardias mal entendidas que ha dado la espalda al público.

- ¿Ahí está el problema de la escasez de aficionados?

- Las vanguardias iluminan el camino, abren puertas, pero no son la única posibilidad. El mundo necesita música que refleje lo que somos, y también que nos haga mejores. A mí me gusta crear un mundo más bonito del que conozco. No quiero reflejarlo como lo veo, sino como me gustaría que fuera. Por eso me gusta hacer cosas bonitas, que el rato de atención que te prestan se configure como una experiencia que aporte algo positivo.

Quitar barreras

- ¿Eso es lo que pretende con su música?

- Eso, que te sientas más feliz, consolado, esperanzado, acompañado. Las cosas bonitas tienen mala prensa y no entiendo por qué. Entre la obra más críptica y el reguetón hay un mundo de grises, y me encanta explorarlos.

- Alguna vez ha comentado que su modelo es Bernstein, que además de compositor, pianista y director era un gran comunicador. ¿Es eso, comunicadores, lo que necesitan la música y la cultura española en general?

- Son bienvenidos, pero lo que necesita es tener menos complejos. Cuando se hace algo que no es ortodoxo parece que hay que plantearlo fuera de temporada. Beethoven no componía pensando en un programador o un gerente. Veo muchos complejos en el sector, aunque tengo la suerte de haberlos saltado todos. Lo que hace falta es quitar barreras. Una orquesta es una gran reserva emocional, si está en buenas manos. Es la historia de tu vida, pero hay que gestionarla sin complejos. Veo una gran esclerosis en ese mundo. Y ojalá que se acabe con eso, en beneficio de todos.

- Suele aludir a la necesidad de convertir un espectáculo en una experiencia. Es lo que están haciendo los cocineros, por ejemplo.

- Claro, venden no una comida sino una experiencia. El problema surge si te dan aire. Deben darte algo realmente memorable; si no, no vuelves.

- Pero en el caso del cine difícilmente se puede conseguir si las películas se ven en el móvil o una tableta. O si los conciertos se siguen por YouTube.

- En efecto. En el caso de las orquestas también se relaciona con el amor a la profesión de músicos y gerentes. Si pones el foco en el marketing, pero luego lo que das no te emociona, la decepción es grande.

- Por cierto, ¿se compone lo mismo para una película vista en una pantalla de doce metros que si se va a ver en un móvil?

- Yo siempre lo hago pensando en la experiencia óptima, aunque reconozco que soy el primero que escucha música también en streaming, que no es la mejor forma de apreciar la calidad del sonido. Pero no sé hacer las cosas de otra forma que no sea la mejor de que soy capaz. Y lo curioso es que a veces te piden algo rápido, cubrir el expediente. Imagino que sabría hacerlo así, pero no me apetece.

- Terminemos hablando de premios. Por referirnos a algo más lejano, hay nombres ilustres con trabajos magníficos, que no han recibido nunca un Oscar: Zimmer, Duhamel, Glass, Fenton, Nyman, Newton Howard, Richter... ¿Los premios son algo muy endogámico?

- Lo curioso es que quienes se llevaron los premios en años en que esos compositores tenían grandes trabajos no fueron John Williams o Santaollala. Son autores inesperados, a quienes a veces el premio les cae como una maldición porque luego están tiempo sin que les contraten. Siempre he pensado que los premios más bonitos son al conjunto de una carrera.

- Pero de esos hay pocos. La mayoría distinguen trabajos concretos.

- Y no es que sean estrictamente una lotería, pero influyen muchas cosas que no tienen que ver con la calidad de tu trabajo. Por ejemplo, una buenísima banda sonora en una mala película no tendrá ninguna posibilidad de ser candidata a un premio. Pero bueno, saber que una película ha gustado es el mejor premio.