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El escritor Victor del Árbol, que publica 'Como nadie en esta tierra', un 'thriller' literario. R. C.
«Nos fascina el mal y asomarnos al abismo, y debemos saber por qué»

«Nos fascina el mal y asomarnos al abismo, y debemos saber por qué»

En un 'thriller' sobre el heroísmo, el escritor y expolicía da una vuelta al género negro y crea un asesino culto y seductor

Miguel Lorenci

Madrid.

Miércoles, 7 de febrero 2024, 10:26

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'Como a nadie en esta tierra' (Destino) es la nueva novela de Víctor del Árbol (Barcelona, 1968). El escritor y ex mosso d'esquadra da una vuelta de tuerca al género negro y a la figura del investigador a través del inspector Julián Leal, que quiere ser fiel a su apellido. «A los 13 años maté a la primera de mis víctimas. Mato a la gente por dinero y en ello he encontrado mi modo de estar en el mundo», dice el villano de este 'thriller' a caballo entre la Galicia profunda de 1975 y la Barcelona de 2005.

–El meollo de la novela es el precio de ser un héroe. ¿Cuál es?

–La soledad y el fracaso. Hacer lo correcto significa a menudo el ostracismo. Hay que asumirlo. Un verdadero héroe no lo es por vocación. Le obligan a serlo las circunstancias y los demás.

HÉROES DE HOY«Los verdaderos héroes son quienes hacen lo correcto aunque nadie lo sepa»GÉNERO EFICAZ«La novela negra es el vehículo narrativo que mejor se adapta a la complejidad de la sociedad»

–¿Quiénes son los héroes del siglo XXI?

–Las personas que no se inhiben. Las que no callan y no miran a otro lado. Y no necesariamente deben ser los triunfadores que vemos en las redes o en los medios. El triunfo y el heroísmo no tienen nada que ver. Los verdaderos héroes son quienes hacen lo correcto aunque nadie lo sepa. Hablo de funcionarios, enfermeros o autónomos que van por la vida repartiendo comida en bicicleta truene o haga calor. Los que ponen límites al poder, aunque no lo parezca. En el mundo de contribuyentes, consumidores y clientes que hemos creado, aún hay quienes hacen lo correcto cueste lo que cueste.

–El género negro se reformula. Su novela da una vuelta de tuerca a la tipología del relato y a la del protagonista.

–La novela negra es el vehículo narrativo que mejor se adapta a la complejidad de la sociedad. Por eso está y estará tan de moda. Es un género muy poroso. Permite utilizar todos los recursos. Puede ser psicológica, histórica, costumbrista, política o policíaca pura. Y sin complejos. El gran salto es que cada vez más escritores tratan el género con esa voluntad literaria. Hay que romper el cliché de que lo popular carece de altura literaria. Decir que la literatura es de élites no tiene sentido.

–¿Ha escrito un 'thriller' literario?

–Sí. Conjuga ritmo e intensidad. El 'thriller' tiene esa vocación de llegar a muchos lectores, con ritmo trepidante y sin renunciar a la profundidad de los personajes.

–¿Ya no basta con resolver un crimen y hacer denuncia social?

–El sujeto primordial de la novela negra es la violencia, que es política o social en el sentido de que es disfuncional en la sociedad o en el individuo. Y eso hay que tratarlo a fondo. Ya no basta con saber quién y cómo; es muy importante entender el porqué. Más allá del entretenimiento, la novela negra debe proponer una reflexión sobre el tiempo que vivimos.

–Crea un asesino culto, sofisticado, guapo. ¿No glorifica la maldad?

–Está hecho a plena conciencia. Si Hannah Arendt habla de la banalidad del mal, lo que abordo es la fascinación por el mal. Es un hecho. Vemos ficciones como 'Narcos' que glorifican a Pablo Escobar, por ejemplo. Planteo al lector ese dilema. Tenemos un héroe frágil con muchas debilidades y a un antihéroe, un villano marmóreo, perfecto y fascinante. Ahí aparece el dilema moral. Nos sentimos atraídos por el asesino. Nos fascina el mal y debemos saber por qué sin perder de vista la crueldad con la que lo hacen. Con este personaje hago de abogado del diablo.

–¿Por qué nos fascina el mal?

–Hay algo que nos atrae hacia lo que somos incapaces de hacer. En esa fingida libertad de la moral y de la ética, de liberarse de todo constreñimiento ético y moral, aparece la falsa idea de libertad. De decir: puedo hacer lo que quiera sin pagar las consecuencias. En todos nosotros hay una parte oscura que nos atrae hacia el abismo. Y si miras al abismo, el abismo te acabará mirando a ti, como decían los latinos.

–Hay pocas sagas narrativas con asesinos. ¿El suyo llega para quedarse?

–Me gustaría crear a un Ripley como el de Patricia Highsmith en los años 50. Un personaje tentador, un sicario del que no sabemos nada. Tiene mucho que contar y me apetece ir enfrentándolo a diferentes héroes y en diferentes etapas. Si le conocemos mejor quizá acabemos viendo una mutación. Soy optimista y creo que el agua se puede acabar mezclando con el aceite a la temperatura adecuada. Es probable que lo veamos en otra ficción. Ahora estoy con otra cosa y me gusta mucho experimentar, pero me apetecía escribir este tipo de novela. Veremos si es fundacional o se queda aquí.

–Julián Leal, su inspector, ¿hace honor a su apellido?

–Sí. La lealtad con uno mismo es lo más importante. Más en un tiempo de relativismo moral en el que tiene más vigencia que nunca la 'boutade' de Groucho Marx: «Estos son mis principios, si no le gustan tengo otros». Es leal a sus principios, a sus raíces, al principio de la justicia y a lo que es. Y no es fácil. Cuando las cosas no van bien tendemos a traicionarnos.

–¿Se ha traicionado alguna vez?

–No soy un héroe. Pero no he cambiado mis principios, que muchas veces se han visto cuestionados.

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