El cineasta teldense Armando Ravelo, durante el rodaje de 'La piel del volcán', su primer largometraje. / C7

«Entiendo 'La piel del volcán' como una metáfora de Canarias»

El cineasta teldense estrena en los cines de las islas el próximo 21 de mayo su primer largometraje, 'La piel del volcán'

Victoriano Suárez Álamo
VICTORIANO SUÁREZ ÁLAMO Las Palmas de Gran Canaria

Maykol Hernández, Yanely Hernández y Mingo Ruano encabezan el reparto del filme 'La piel del volcán', en el que se cruzan tres historias, una de la época prehispánica, otra del franquismo y una tercera contemporánea.

-¿Podemos entender que 'La piel del volcán' es una película que nada a contracorriente con respecto al cine que se hace habitualmente en las islas, donde predominan las producciones de autor o de vanguardia?

-Sí, totalmente. El festival de cine de Las Palmas de Gran Canaria ha moldeado una mirada cinematográfica 'distinta', lo que está muy bien, pero al final la ficción, que es habitual en otros lugares, se ha visto un poco mermada. Yo admiro a muchos compañeros que van por esa línea y que acuden a festivales. Pero el cine canario ha estado huérfano, durante décadas, de tener grandes historias narradas desde aquí. No me refiero a cineastas canarios que estén fuera, que tenemos dignos representantes. Pero un cine en el que se vea nuestro acento y nuestra voz metafóricamente hablando se puede contar con los dedos de una mano. Es un hándicap para los creadores que queremos hacer ficción narrativa.

LAS FRASESUN TERRENO POCO ABONADO«El cine canario está huérfano de historias narradas desde aquí y con nuestro acento»POÉTICA«Uno es lo que es y esa es mi forma natural de escribir, las metáforas me salen solas» ARRANQUE«Mi idea no es ir de festivales ni proyectarla en toda España, sino que se valore primero aquí»POLÍTICA«Es perverso simplificar una obra artística en un mensaje político, el cine no va de eso»

-Tampoco es habitual ver un largometraje canario con actores, ya que en el cine de arte y ensayo tienen muy poca presencia.

-Los propios actores lo manifiestan. Agradecen que se haga un cine más narrativo, con sus personajes... el cine experimental está genial, como te digo, pero mientras en otros lugares su presencia es minoritaria, aquí ocurre lo contrario. Eso repercute en el propio modelo empresarial del cine, ya que se suele trabajar con equipos más grandes. Las nuevas miradas te permiten un modelo más laxo con un modelo económico distinto. Esta experiencia, en la que desde el principio ya teníamos en mente el estreno en salas, yo diría que es innovadora. Esa mirada de buscar una cierta rentabilidad desde el principio creo que es curiosa y una piedrita más para que sume.

-¿Cuál fue el origen del filme?

-Nace en 2016, cuando comencé a escribir 'Ancestro', mi obra de teatro. Estaba cansado de intentar levantar películas y de quedarme en los cortos, que son una experiencia bonita con la que aprendes mucho, pero no deja de ser frustrante, ya que siempre quise hacer un largo. La obra de teatro me quedó muy cinematográfica, a la gente le gustó pero me decían que era una película... y me dije que había que intentar hacerla.

-¿Fue complicado?

-Siempre es complicado hacer cine en Canarias, pero tengo la sensación de que ha sido el proyecto más fluido. A pesar de lo complicado de la época. No sé si ha sido por recoger los frutos de tantos años... También he visto que la gente está más sensible con la cultura. Se ha notado en algunas instituciones.

-En la película reflexiona sobre el pasado prehispánico de las islas pero en este caso va un paso más allá con las conexiones con el presente.

-Los cortos me han ayudado a tener una visión distinta de Canarias de la que tenía en un principio. Esta reflexión ha pasado por darle un mayor protagonismo a las mujeres. Tradicionalmente, los héroes guanches, como suelen denominarse, se retrataban como guerreros luchando eternamente contra los castellanos, aunque realmente fueron cinco años. La otra reflexión es que no somos hijos de ellos, sino de los que se entregaron, de los que fueron sometidos o esclavizados. De ahí surgen una serie de dramas que se cronifican y sempiternan, que al final derivan en el caciquismo de Canarias, en la aparcería y en una esclavitud que llega hasta prácticamente el siglo XX. Con datos como que Franco hace obligatoria la escolarización en todo el país menos en Canarias y las colonias africanas. Suma también que la conciencia en las islas era muy rural y existían muchas necesidades y falta de conocimiento. El acceso a la cultura se da sobre todo a partir del 'boom' del turismo, a mediados del siglo XX. Se comienza a poder ahorrar para que los hijos vayan a la Universidad y nace una conciencia de canariedad más culta. En el cine nunca se ha hecho esa reflexión. 'Guarapo', de los hermanos Ríos, fue un hito, pero después no tuvo continuidad. Nuestra idea es ahondar en esa mirada, sin interés alguno antropológico. Es algo cien por cien artístico. 'La piel del volcán' es un extracto de mi visión de Canarias. Sin que suene petulante, creo que es una metáfora de Canarias.

-En la película, se sitúa a la misma altura la barbarie de la conquista con la represión franquista.

-Sí, un poco con la idea de que esos traumas se cronificaron. La forma de los canarios de enfrentarnos a esa adversidad ha sido siempre pelearnos entre nosotros, porque somos muy cainitas, pasionales y cortoplacistas. Nos ha costado forjarnos por no tener un plan. En todo. El cine es un reflejo de lo que somos. Se ven chispazos, pero no hay una metodología clara y estable.

-¿Esa radiografía o reflexión histórica y social la quiso hacer desde un principio con el toque poético que tiene la película?

-Me sale solo. Uno es lo que es y no puedes escapar. Mi forma de escribir es esa, me salen solas las metáforas. Y eso que podo mucho. A los que son más pragmáticos les pasa lo mismo pero al revés, quieren ser más poéticos pero no pueden. Creo que a la gente le llega. El que quiera emocionarse y pone de su parte, creo que lo conseguirá. Escuchar un timple y unas chácaras en la banda sonora, algo 'te toca'.

-¿El poema que da título a la película estaba desde el principio?

-No. El poema apareció en una fase tardía y se acaba convirtiendo en un hilo conductor y desvela que el alma y las pulsiones son las mismas. Muestra lo que la gente llama derecha e izquierda, pero que al final no son más que una forma de vivir más pragmática frente a otra más romántica. Cuesta que esas dos partes de la humanidad se pongan de acuerdo, por lo que vivimos enfangados. Apareció pensando el título, lo acabé metiendo en un poema, y después pensé que fuera el hilo que une las tres cuencas.

-¿De los personajes de la película, se identifica con la frase de la arqueóloga que lamenta no saber lo que pensaban y decían los humanos cuyos restos ha localizado?

-Total. Hay un poco de romanticismo en ficcionar y no saber, porque a veces pienso que si viajas en el tiempo, igual te llevas una decepción. Las identidades también se forjan con leyendas y mitos que no son del todo ciertos. Por ejemplo, el propio Cid, que si lo ves de cerca, huele un poco mal. En Canarias nos cuesta vernos reflejados en los mitos porque no se han forjado de una forma tan nítida y traerlos al presente y ficcionarlos es bonito. Los conflictos existieron, pero certezas no hay.

-¿Los saltos temporales de la película ya figuraban en el guion de esa manera o variaron en la sala de montaje?

-Una mezcla. Estaban planteadas las tres historias desde el principio y algunos puntos clave para conectarlas. Otros nacieron durante el montaje, ya que ahí ves si lo que tenías en mente funciona y descubres algunas cosas nuevas.

-¿Cuando escribía el guion y perfilaba los personajes tenía en mente a Maykol, Mingo y Yanely?

-A Maykol lo tenía en la mente para el indígena Usem. Cada actor hace tres personajes. Al principio no lo tenía claro y pensamos incluso en que tres actores para los tres que hacen cada uno. Fue una decisión casi de última hora. Para Segismundo tenía claro a Mingo Ruano. Yanely fue un descubrimiento. Tenía prejuicios, por el estilo, por verla con 'En otra clave'. Nunca la había visto en un papel dramático. Hizo un casting y me sorprendió que lo hiciera, porque es una estrella en la Televisión Canaria y nosotros somos un proyecto muy pequeñito de cine que está empezando. Se lo curró mucho y en su mirada vi mucho drama. Empatiza muy bien con las emociones y creo que, sobre todo en la piel de Salvadora, hizo un trabajo muy delicado.

-Tuvo que venir alguien de fuera y hacer 'Hierro' para que algunos comiencen a valorar el talento de los actores canarios. En su película ha quedado de nuevo demostrado.

-Hay dos cosas que me decían mucho. Cuando iba a festivales fuera me preguntaban si la historia de Canarias podría interesar o no. Lo otro era si se nos entendería nuestro acento. Siempre les respondía que si entendían películas argentinas y cubanas, con acentos muchos más cerrados, el nuestro se entendería sin problemas. Nuestro acento es muy bien recibido y si lo potenciáramos más, se emitirían producciones nuestras en toda Suramérica. Son complejos derivados de lo que antes hablábamos, del canario que valora más lo de fuera, agacha la cabeza y obedece, con un carácter servil que se potencia con el turismo. Aquí existe mucho talento para hacer otras cosas y los actores que mencionas son un ejemplo. No lo han demostrado más porque no se les han dado oportunidades. Lo local trasciende. Te haces universal a través de lo local y eso nos cuesta entenderlo a los canarios. Los mejores directores de la historia, desde Bergman, hasta Tarkovski, Kurosawa o Ford hacían historias de su cultura y lo que conocían. Es necesario ver películas de todos lados, pero los canarios necesitamos tener una voz en el mundo. Además, somos interesantes porque somos únicos, con nuestra mezcla entre Europa, África y América.

-Su película se entiende perfectamente fuera de las islas.

-Es mi proyecto con una mayor vocación de salir, aunque mi idea inicial no es ir por festivales ni proyectarla en toda España, sino que se valore primero aquí. Nos servirá como sociedad y cuando se vean los números en taquilla, si son buenos, se abrirán puertas fuera.

-Ayudará que la película, técnicamente, está muy cuidada. La fotografía, la banda sonora...

-Entre Hormigas Negras, Doble Diez Canarias y Proyecto Bentejuí hemos reunido un buen equipo. Si lo miras con lupa, sin experiencia en cine. Es mi primer largo y también para el director de fotografía. Excepto el músico, casi todos éramos novatos y creo que lo que ha primado ha sido el gran punto de exigencia que le hemos metido y dignificar la historia que contábamos.

-¿Cómo fue rodar el plano-secuencia de la persecución al inicio de la película?

-Fue en el barrio de San Francisco. Llevó menos planificación de la que se pueda pensar, aunque son planos muy difíciles. Dura cuatro minutos y nos movimos por el barrio un kilómetro, que en cine es mucho. Incluye cambios de vestuario y maquillaje, lo que siempre es complejo. Nos salió a la séptima y otro día de prácticas con siete u ocho pruebas. Después vino el trabajo de ingeniería en postproducción para que todo cuadrase. Creo que la factura es digna y no tiene que envidiar a producciones con mucho más presupuesto. La película tiene otros tres plano-secuencia más. Ruedo según lo que, desde un punto de vista emotivo, me pida la secuencia. Si tiene que fluir como un río o la tengo que diseccionar para explicarla. En esta película queda claro con cada época. La actualidad es muy Fincher, planos estudiados y movimientos de cámara que casi ni se notan. 1941 es más cine clásico, más académico, mientras que el mundo indígena es cámara en mano, más salvaje y a veces el cámara no sabe todo lo que va a pasar y los actores 'vivenciaban'.

-¿Esta película es el punto culminante de su Proyecto Bentejuí, sobre la historia de Canarias?

-A día de hoy, sí. Es nuestro mayor logro artístico y empresarial. Siento que estoy al comienzo de mi carrera. Los cortos fueron mi aprendizaje y este mi trabajo fin de carrera (risas).

-¿Cómo trabajó los diálogos aborígenes?

-Lo trabajamos con Rumén Sosa. Lo tradujo al tamazight, a partir de una serie de dialectos repartidos por el Norte de áfrica que son los más parecidos a lo que se hablaba en las islas.

-Desde una pespectiva política, por los temas que aborda, ¿qué recepción espera que tengan las cuestiones políticas?

-Me alegra que me lo preguntes. Nunca antes me habían incidido en el tema político. Al abordar el tema indígena, sabía que iba a tener un público natural ligado a la izquierda independentista. Ahí hay de todo, gente que me adora y otros que me odian porque la representación de los indígenas que se hacen en su cabeza no coincide con la mía. Pero hasta ahora no había tenido la percepción política del resto del público. En redes hemos visto comentarios en los que nos llaman «intelectuales de izquierda». No entiendo que se politicen las obras artísticas que trascienden las cuestiones políticas. Es perverso simplificar una obra artística en un mensaje político. El cine no va de eso, va de sentimientos, aunque sea panfletario. Creo que sobre el franquismo, damos una visión interesante de los dos bandos. No caigo en el cliché del malvado franquista. Tampoco el otro es perfecto. Ambos se equivocan. Esta película es memoria para que no se repita.