Lorenzo Silva y Noemí Trujillo, pareja vital y literaria, y autores de 'La forja de una rebelde'. / R. C.

Lorenzo Silva y Noemí Trujillo

«El coronavirus no detuvo a los asesinos»

Exploran el crimen en tiempos de pandemia en la segunda novela de la inspectora Manuela Mauri que escriben a cuanto manos / «Para escribir juntos hay que rebajar el ego, cultivar la humildad y dejarse sorprender»

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCI Madrid

«El virus lo paró casi todo, pero no pudo detener al crimen». Lo dicen los autores de 'La forja de una rebelde' (Destino), novela negra en negros tiempos de pandemia y un gran homenaje a la lectura y a la mejor literatura que firman Lorenzo Silva (Madrid, 1966) y Noemí Trujillo (Barcelona, 1976). Ofrecen al lector el segundo caso de la serie de Manuela Mauri, madre, lectora contumaz e inspectora de homicidios, que escriben a cuatro manos. Basada en un doble homicidio real, la novela va más allá de la investigación criminal, «para abordar males propios de nuestro tiempo como la infelicidad, la frustración, la ira y el odio».

En pleno caos pandémico, Mauri investiga un doble asesinato cometido en Alcalá de Henares y que le quita el sueño: Carlota, una joven de diecinueve años, halla a su padre y a su madrastra muertos a tiros en su casa. Una fiesta ilegal y el testimonio de diez jóvenes en guerra con la sociedad serán claves en una investigación que le hará pensar en la inquina entre padres e hijos. Los suyos, confinados en casa, están irritables y agresivos. A Alberto, su pareja, no le ha sentado nada bien la convivencia forzosa con ellos.

Silva y Trujillo recrean un doble crimen perpetrado en lo más duro del confinamiento en el municipio toledano de Villarejo de Montalbán y hacen un explícito homenaje a la literartura, con referencias a Arturo Barea -desde el título-, Samuel Beckett, Julio Cortázar, Agatha Christie, Julio Verne, Kafka, Rilke, Melville, Joyce, Mercé Rodoreda, Jack London o al Georges Perec de 'La vida, instrucciones de uso', otra de las lecturas en las que se refugia la investigadora. «Hay un homenaje al poder reparador e iluminador de la lectura que en la pandemia ha sido tan especial», dice Silva. «Los libros han sido verdaderos salvavidas», agrega Trujillo, que perdió a su madre el 14 de marzo de 2020, el mismo día que se decretó el estado de alarma.

Espejo

Unen sus miradas para esbozar una instantánea de la sociedad a la que colocan «ante el revelador espejo» del género negro, «muy eficaz para reflejar la sociedad». «Es uno de los pocos que ofrece una imagen de cuerpo entero, ya que la investigación criminal no solo refleja la cara que todos mostramos en sociedad, sino que levanta la alfombra y mira qué hay debajo».

«No pretendemos hacer un retrato de la pandemia. Sería precipitado y pretencioso. Contamos cómo la vida continuó y el crimen no paró. Cómo el coronavirus que paralizó un país no detuvo a los asesinos y condicionó la investigación criminal», explica Silva. «Es una investigación en la pandemia y un testimonio más, el de la nueva Manuela Mauri, que aún no ha terminado de conocerse del todo», agrega Trujillo.

Creen los dos, como Arturo Barea y Mauri, que «matar es monstruoso y estúpido». «Mis años en el oficio no me han ayudado a encontrar dos adjetivos más exactos», sentencia la inspectora tras leer la trilogía de Barea. Una lectura que le ayudó a reflexionar sobre su condición de mujer, madre y policía, y a reconocerse como «un ser perdido en este nuevo mundo y sin instrucciones de uso para saber cómo adaptarme a él».

«Tras la pandemia no volveremos a ser los mismos ni a vivir muchas cosas de la misma manera, pero soy escéptico frente a la capacidad de transformación radical de cualquier acontecimiento, por extremo que sea», comenta Silva. Para su personaje «el impacto emocional de la pandemia es diferente en cada uno de nosotros». «Perdí a alguien a quien quería, discutí con mi pareja, que se fue de casa, y viví con impotencia el abandono escolar y el repudio hacia mí de mi hijo mayor, que se sumió en una apatía extraña que sigo sin entender», explica la protagonista. Una policía que se enfrenta a las bajas en su equipo, al malestar mental, la sensación de embotamiento, y a unas hemorragias que la obligan a pasar por quirófano en plena crisis.

La quinta

Es la quinta vez que Silva y Trujillo escriben a cuatro manos y piensan seguir haciéndolo. «Para escribir juntos hay que rebajar el ego y cultivar la humildad. Tu singularidad desaparece», admite esta pareja vital y literaria que tras las novelas juveniles 'Suad' y 'El palacio de Petko' se adentró en el 'noir' con 'Nada sucio'. En 2019 inició la serie que protagoniza la inspectora Mauri con 'Si esto es una mujer', título tomado de Primo Levi.

«Ahora la mecánica está más engrasada. Para escribir a cuatro manos hay que consensuar y trabajar con el texto del otro. Dejarse libertad y conceder cierto margen a la sorpresa para enriquecer el puchero», resume Silva. «Escribir con Lorenzo no es ni divertido ni romántico, pero tiene un punto adictivo. Despierta sensaciones como escritora que creí tener dormidas», apostilla Trujillo.

Silva es el creador de la serie de los sagaces 'picoletos' Bevilacqua y Chamorro, una saga que le ha procurado premios como el Nadal y el Planeta y de la que la última entrega es 'El mal de Corcira'. También es autor de novelas como 'La flaqueza del bolchevique', 'Carta blanca', 'Recordarán tu nombre' o 'Castellano, además de relatos, ensayos y libros de reportajes y viajes. Trujillo ha publicado catorce poemarios, varios libros de literatura infantil y juvenil y las novelas 'Suzanne' y 'El amor tan temido'.