Una experiencia inmersiva por el subsuelo

24/03/2019

Se oye una respiración en la oscuridad. Poco a poco, comienzan a divisarse que son unas personas que caminan dentro de unos trajes especiales herméticos. Parecen astronautas que están en una galaxia lejana, pero son operarios del subsuelo de Madrid. Así arranca La ciudad oculta, de Víctor Moreno, que compite dentro del apartado Canarias Cinema del festival internacional de la capital grancanaria.

El cineasta tinerfeño, un habitual como espectador y como profesional en esta cita cinematográfica, sugiere al público una «experiencia inmersiva» por el subsuelo de una gran ciudad, donde la oscuridad y el sonido, reconoce, tienen un papel capital.

Las referencias galácticas no son gratuitas, sino que están en los planteamientos iniciales de este largometraje. «Este territorio se puede extrapolar al espacio. Tanto el subsuelo como el espacio exterior son lo mismo, son lugares conquistados a la naturaleza, donde el ser humano no puede vivir sin la técnica», explica junto a la también cineasta Nayra Sanz. Reconoce también Víctor Moreno su fascinación por 2001: Una odisea en el espacio, de Kubrick. «Es una película que me obsesiona de siempre, tanto por su estética como por su aproximación a la música como narrativa».

El responsable de títulos como Holidays (2010) y Edificio España (2012) tiene como uno de los pilares de su cine ir un paso más allá de la mirada común y superficial, a lo que suma un alto riesgo narrativo y visual.

«Nuestra mirada está muy alienada, en todos los terrenos. Se nos obliga a mirar hacia un punto y lo que busco es traspasar ese umbral y llegar más lejos. Mi cine se fundamenta en la mirada y en la escucha», subraya. Por ello, atribuye al séptimo arte una cierta capacidad para «desvelar» realidades que se escapan a simple vista.

En este sentido, confiesa que habitualmente se retrata un túnel oscuro que va hacia la luz, mientras que en La ciudad oculta los túneles «van a la inversa, hacia la oscuridad». Se trata, de «túneles hacia el abismo y lo desconocido», dice a modo de metáfora.

Entre las virtudes de esta cinta figura el hecho de que se ha rodado en unas localizaciones desconocidas e inaccesibles para una película. «Eso me ha dado mucha libertad. Esta es la película en la que más libre me he sentido. No me gusta rodar a pie de calle, prefiero sitios insólitos e inaccesibles», apunta.

Para que la experiencia inmersiva que propone llegue a buen puerto, tiene claro que el espectador debe ver esta película «en pantalla grande», como sucede en este festival.