Un adiós que marca el desenlace

30/03/2019

El anuncio ayer del fallecimiento de la cineasta Agnès Varda, a los 80 años, tiñe de luto el tramo final del 19º Festival Internacional de Cine de Las Palmas de Gran Canaria, donde la filmografía de esta directora ha contado siempre con un lugar muy destacado.

Las películas de la autora de títulos como Cléo de 5 a 7 (1962) y Los espigadores y la espigadora (2000) han formado parte de ciclos como Cineastas frente al espejo y el dedicado en la 18ª edición al aniversario de la Revolución del 68, entre otros.

Este año figura, dentro de las siete cineastas que rompieron moldes y que protagonizan el ciclo Déjà vu, con la película Una canta, la otra no (L’une Chante, l’autre pas, 1976), que se proyecta esta tarde, a las 19.30 horas, en la sala número 5 de los Multicines Monopol.

La casualidad quiso que apenas unas horas después de que se conociera la muerte de esta legendaria directora, que formó parte de la Nouvelle vague, se presentó ante los medios de comunicación la cineasta también francesa Patricia Mazuy, que compite en la Sección Oficial.

«Agnès fue una parte importante en mi vida. Trabajé durante tres años en Sin techo ni ley y el montaje lo aprendí de ella. La vi hace poco y tenía intención de verla de nuevo en breve, pero ya no podrá ser... Fue una fotógrafa inmensa, que tuvo la capacidad de captar la esencia de la época», apuntó Patricia Mazuy en referencia a su forma de retratar movimientos sociales como los Panteras negras y la situación de los sintecho, entre otras realidades.

La propuesta de esta directora gala, ¡Paul Sánchez ha vuelto! (Paul Sanchez est revenu!), se aleja bastante del cine por el que apostó Varda. Llega a la capital grancanaria, en busca del premio Lady Harimaguada de Oro, máximo galardón del festival, con una película de cine negro, al menos en apariencia, que tras un giro sorprendente se transforma en un comedia.

Aseguró que con este largometraje pone de manifiesto que cualquier persona, en un momento dado, puede tener un día de ira.

«En cualquier momento, una persona se puede estallar. Creo que mi película también refleja cómo nos hipnotizan con las cosas que aparecen en los sucesos de los informativos», explicó.

Para Patricia Mazuy, su película se desarrolla en torno a un presunto suceso, que va «rebotando en el tiempo» y con el que también ha querido retratar una zona de la geografía francesa muy concreta.

«La película se desarrolla en un rincón de Francia que está habitado, principalmente, por personas blancas, por ricos y por estrellas de cine. Se encuentra a unos 45 minutos de Saint Tropez, pero no tiene nada que ver con la Costa Azul. Allí, las mujeres están todas teñidas de rubio y ellos llevan muchas joyas llamativas», explica con ironía.

Reconoce que Paul Sanchez ha vuelto nace de una sugerencia del coguionista Yves Thomas y que se desarrolla con una personal mezcla de «lo cómico y lo trágico», a partir de una investigación policial.

Sobre la agente que se obsesiona por atrapar a un asesino en esta ficción asegura que, a medida que avanza la película, está cada vez «más perdida» y acaba totalmente desquiciada.

Apunta, entre risas, que mientras se documentó sobre cómo actúa la policía para dar forma a sus personajes se topó «con una sargento peor que Margaret Thatcher».