Théo Court retrata los cimientos violentos de una sociedad

09/09/2019

Con Blanco en blanco, una coproducción hispano-chilena dirigida por Théo Court, el cine canario se estrenó por primera vez en su historia en la Mostra de Cine de Venecia, donde además ha logrado el premio de la Federación Internacional de la Prensa Cinematográfica (Fipresci) y el de mejor director. El largometraje, proyectado en la sección Horizontes, ha visto la luz gracias al impulso de la productora canaria El viaje films, junto con la chilena Don Quijote Films.

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Además, una parte considerable del equipo técnico de la ficción Blanco en blanco está compuesto por profesionales canarios. Incluso, contó con un papel secundario dentro del reparto para el cineasta grancanario David Pantaleón.

La película, que cuenta con una factura impecable, puede entenderse como una metáfora sobra la luz, sobre lo que se ilumina y sobre lo que se mantiene en la sombra y genera una realidad atroz. Théo Court, cineasta chileno nacido en 1980 en Ibiza, comparte la reflexión. «Pienso que la película toca bastantes temas, pero justamente uno de ellos son esas capas escondidas que las sociedades y los sistemas tienen. Son las bases de las sociedades amparadas por la violencia. Esa oscuridad escondida que no se deja ver fácilmente. Blanco en blanco trata de indagar en esos territorios, trata de desvelarlos, de descubrir los cimientos de una sociedad en particular, que bien podría llevar a otros territorios», responde vía internet, antes de la puesta de largo en el Lido veneciano.

La película, que tiene como productoras asociadas a la germana Filmkundschafter Filmproduktion, la gala Pomme Hurlante Films y la colombiana Blond Indian Films, entronca con la línea del western crepuscular que, de vez en cuando, se asoma a las pantallas de cine contemporáneas. «No cabe duda que tiene muchos elementos del western. Bien podría definirse como un drama que poco a poco va transformándose en un western. Me interesaba jugar con estas transformaciones narrativas desde el género. Es un relato que cambia un poco de código en un momento determinado del filme, abandona ciertos elementos que una narración tradicional no haría», apunta sobre su segundo largometraje tras Ocaso (2007).

Blanco en blanco arranca cuando, a finales del siglo XIX, el fotógrafo Pedro llega a Tierra de Fuego, un enclave violento y frío, para fotografiar el matrimonio de Mr Porter, un poderoso cacique, con una joven, casi una niña. El fotógrafo queda cautivado por la belleza y la candidez de la joven, lo que conlleva duras consecuencias para su persona, mientras sale a flote el genocidio de los nativos Selknam.

Théo Court firma el guion de esta película con el cineasta tinerfeño Samuel Delgado. «El proceso fue largo. Primeramente tuve una primera versión de guion antes de que Samuel entrara en el proyecto. Al entrar él, nos encerramos durante un mes en un pueblo al sur de Tenerife, llamado las Zocas, hasta sacar una nueva versión. Luego de eso y de encontrar una estructura, todo fue fluyendo mejor», rememora.

En la historia que desarrolla el filme hay dos aspectos que llaman la atención. Uno es el papel de la mujer. «Hay que pensar en el rol de la mujer en aquella época. Su papel en el filme, como bien dices, es cruel. La mujer sometida, desde niña, hasta su institutriz, amparadas por un hombre que domina el territorio. Era importante en el relato, me interesaba plantear ciertos elementos de poder junto con otros temas, la mujer objeto, la mujer como posesión. Estos elementos aportaban otro sometimiento más de Mr Porter hacia su sistema. Ahora ciertos de estos elementos, creo, en menor grado siguen ocurriendo en el presente», señala.

Reconoce que el genocidio de los nativos Selknam es una realidad histórica conocida en Chile. «Últimamente han salido artículos y estudios que se han publicado en prensa y en editoriales. Es algo sabido, pero no reconocido por el estado chileno ni argentino. Hasta ahora, nadie ha pedido perdón. Es la historia escrita por los vencedores, que ven en el progreso una forma de validar el crimen perpetrado».

El punto de partida de la película, reconoce su director, está en una serie de fotografías históricas. «Las imágenes que me inspiraron fueron las primeras de las matanzas de Julius Popper sobre el pueblo Selknam, de finales del siglo XIX. Luego fueron las fotografías sacadas por Lewis Carrol sobre niñas en posiciones ambiguamente sexuales. Estas dos imágenes nos dieron ciertos elementos para empezar a trabajar y trazar la estructura del filme», reconoce.

El papel del fotógrafo y unas escenas donde el propio filme rinde tributo a la fotografía de principios de finales del XIX son claves en Blanco en blanco. Cuestionado sobre esto, Théo Court reconoce que «la cámara se convierte en un instrumento de poder, el objetivo como arma». «Hay varios elementos de los cuales podemos afirmarnos para hablar de esa mimetización entre el hombre y su cámara. Pedro solo en los momentos de la representación fotográfica se vuelve un personaje activo, con lo cual también se vuelve un instrumento de dominación. La cámara de Pedro le permite ejercer su deseo sobre los demás y su entorno, a través del lente de ésta», añade.

La dirección de fotografía del filme la asume el tinerfeño José A. Alayón, que también es productor ejecutivo. «Somos amigos y empezamos a trabajar juntos, primero como productor y director. Posteriormente, José empezó a trabajar como fotógrafo en otros proyectos. Me gustó su trabajo y decidimos trabajar juntos. Fue un apoyo fundamental, tanto en la totalidad del filme como también como fotógrafo. Para mí es fundamental comunicar con atmósferas e imágenes, con lo cual el fotógrafo es alguien con quien trabajo codo a codo. Es una pieza clave», asegura.

La dirección de arte, para recrear la vida en Tierra de Fuego a finales del siglo XIX contó con un «largo proceso de investigación» previo, junto con la responsable de este departamento, Amparo Baeza. «Hizo un profundo trabajo de recopilación fotográfica de la época, luego de ello, en el rodaje, el traslado de todos los elementos a Tierra de Fuego fue bastante complejo. El trayecto duró una semana y se hizo entre barco y camión», recuerda sobre esta producción.

La mayor parte de Blanco en blanco se filmó en localizaciones reales de Tierra de Fuego, en Chile. Théo Court asegura que fue una aventura «bastante ruda».

«Por momentos, tuvimos temperaturas de -15 grados. La logística fue muy complicada, ya que hay muy pocos lugares donde hospedarse. La urbe más cercana estaba a 250 kilómetros. Las horas de luz eran muy pocas, con lo cual tuvimos que planificar muy bien los traslados de los equipos, ya que nos hospedábamos en lugares distintos», explica.

Sobre las espaldas del actor Alfredo Castro recae casi todo el peso interpretativo de la película. «Fue muy gratificante trabajar con él. Posee un magnetismo que logra con muy pocos elementos, algo que justamente estaba buscando para darle ciertas dosis de ambigüedad al personaje», asegura Court.

También forma parte del reparto el actor Lars Rudolph. «También es un actor que siempre me ha interesado, desde que lo descubrí en Las armonías de Weinmaster, de Bela Tarr. Me interesaba tanto su rostro como su voz. Pensé mucho en él al basarme en el personaje que representa. Es un actor con una energía particular sobre las escenas, tanto su voz y su forma de improvisar en algunos momentos aportaron mucho», dice. El elenco protagonista lo completa Lola Rubio.