Llevar al cine mi comida... ¿puedo hacerlo?

Son esas preguntas que nos asaltan más a menudo de lo que pensamos y para las que nunca tenemos respuesta clara, pese a haber leído sobre el tema más de una vez. ¿Podemos o no meter nuestra comida en el cine o en los festivales? ¿Puedo reclinar el asiento del avión? ¿Puedo usar el baño de un bar sin pedir consumición?

ISABEL IBÁÑEZ / LOGROÑO

Hace unos días llegaban imágenes de un pasajero de Air America que, durante un vuelo de dos horas de Nueva Orleans a Charlotte, se dedicó a golpear repetidamente el asiento de delante, que una pasajera había decidido reclinar. El hombre, muy molesto, aporreó con fuerza varias veces el respaldo. Las imágenes nos colocan en el papel de uno u otro dependiendo de nuestra propia experiencia. A todos nos ha pasado que –en un viaje más o menos largo y lo mismo en avión que en autobús– en un momento dado echamos el asiento hacia atrás, tímidamente, previo aviso al viajero posterior, temiendo que no le guste la idea. Y también que de repente nos hemos sentido aprisionados cuando el de delante, sin mirarnos siquiera, lo tumba a fondo sin ningún cuidado. Es un hecho que los asientos se pueden reclinar si son reclinables, pero...

Lo aclara Belén Oyarzabal, auxiliar de vuelo de British Airways: «Excepto en las zonas de emergencia, los asientos se pueden reclinar, aunque en algunas compañías ya no existe esa posibilidad –en Vueling y RyanAir eliminaron asientos abatibles para ganar espacio y más plazas–. En British las han quitado de sus vuelos económicos europeos. Pero la costumbre es que si vas a reclinar, porque puedes hacerlo, avises antes al de atrás, porque si no, aparte de la falta de cortesía, si están comiendo con la bandeja bajada le puedes montar una buena. En esos casos solemos pedir que esperen para abatir el respaldo. Pero hay gente que se ofende mucho si le reclinan el asiento, y en ocasiones ha habido broncas entre pasajeros por este motivo». En resumen, sea cortés. Siempre.

Cine y festivales de música

No es que desde aquí queramos animar a comer palomitas o cualquier otra cosa mientras ve una película en la gran pantalla, algo de lo que los críticos de cine suelen abominar, pero si a pesar de ello disfruta mascando unos snacks y bebiendo un refresco, debe saber que no hace falta que haga migas los ‘chetos’ por intentar esconderlos en un bolso demasiado pequeño. Porque ese cartel que suele haber en la tienda del acceso a la sala donde venden palomitas a precio de oro –«Si cuando vas a cenar no te llevas el vino de casa, ¿por qué cuando vas al cine te traes las palomitas?»– no es legal.

De hecho, la Delegación de Gobierno de Cádiz ha ordenado la retirada de estos carteles de los cines Yelmo en esta provincia. «Hasta la fecha, la única autoridad de consumo que había comunicado actuaciones era la de Extremadura, que hace unos meses impuso una pequeña multa de 3.000 euros a un multicines de Zafra», recuerdan en la asociación de consumidores Facua. La decisión del gobierno en Cádiz se fundamenta en que para limitar el derecho de admisión, un cine debe solicitar la autorización al ayuntamiento. «Lo que pasa es que un ayuntamiento nunca podrá autorizar que se prohíba la entrada a un usuario que pretenda beber o comer mientras disfruta de la película determinados productos que sí le permitiría consumir si los adquiriese dentro del cine».

Pese a esto, es importante saber que solamente podrá entrar en un cine con comida si allí mismo tienen una tienda de estas características, en caso contrario sería como en el teatro, donde no está permitido comer ni beber, explican en Facua, que recomiendan denunciar esas salas y cambiarse a otras.

Todo esto se extiende también a las grandes citas musicales al aire libre. La asociación de consumidores denunció el año pasado cuarenta y dos festivales de música por impedir el acceso con comida y bebida de fuera, y critica la pasividad de las autoridades autonómicas ante estas irregularidades. La oferta dentro del recinto muchas veces es demasiado cara, muy repetitiva o tiene una calidad escasa. O todo a la vez.

¿Y si queremos usar el baño del bar pero no tomar nada?

Le habrá pasado. Usted (o sus hijos pequeños) tiene unas ganas inaplazables de orinar y necesita hacer uso del baño de un bar pero o no le apetece nada o no puede consumir en ese momento... ¿Puede utilizar el servicio pese al cartel de ‘uso exclusivo de los clientes? Según el Centro de Estudios de Consumo, sí: «Los titulares de establecimientos públicos deben admitir el acceso y en las mismas condiciones objetivas a cualquier usuario y permitir que utilicen los aseos, que deben tener a disposición del público en general. El derecho de los usuarios al acceso y a la utilización de los servicios solo estarán sometidas a las limitaciones que tenga establecidas la empresa en el ejercicio del derecho de admisión. La prohibición de utilización del aseo a los que no sean clientes podría ser objeto de infracción grave del titular del establecimiento, al poder se conceptuada arbitraria, discriminatoria o abusiva la conducta del titular en el ejercicio del derecho de admisión».