«La vida también es una fantasía»

26/03/2019

Lluís Miñarro (Barcelona, 1949) lleva a su terreno visual y narrativo al margen del cine comercial la leyenda de Salomé. Lo hace con Love me not, largometraje que ayer abrió las proyecciones de la Sección Oficial a concurso de la 19ª edición del Festival Internacional de Cine de Las Palmas de Gran Canaria.

«Se trata de un mito muy querido en el siglo XX, al que se acercó Oscar Wilde y que también dio lugar a la conocida ópera de Strauss. Se suele interpretar de forma clásica y ortodoxa, mientras que yo hago otra lectura. Lo abordo desde una perspectiva de género y con la sospecha de que alguien como Oscar Wilde quería comunicar muchas más cosas de las que podía», asegura Lluís Miñarro sobre el origen de esta propuesta, que tuvo su puesta de largo internacional en el pasado festival de Rotterdam.

Este productor y cineasta catalán vuelca en la pantalla su propia concepción del mundo. «En la vida, no sé qué es realidad y ficción. Puede que lo que soñamos se convierta en realidad. En las cuatro películas que he dirigido, la vida es una fantasía. En este caso, la película es un cuento cruel y una fantasía», apunta junto a Ingrid García-Jonsson y Lola Dueñas, las dos actrices que integran un reparto que se completa con los actores Francesc Orella, Luis Alberti, Oliver Laxe y Fausto Alzati.

En su película, dice, apela «al subconsciente colectivo», para que cada espectador tenga sus propias impresiones sobre el derroche de imaginación que transcurre en una prisión en Oriente Medio durante una contienda bélica.

Con Love me not, el autor de Stella Cadente (2014), Blow Horn (2009) y Familystrip (2009) subraya la «autarquía de las imágenes» con una intención con un claro halo nostálgico, reconoce. «Apelo al poder visual de las imágenes, que son suficientes por sí solas para contar historias. En su origen, el cine eran luces y sombras, no palabras. Busco que las imágenes evoquen cosas», añade.

La película, por momentos, tiene una puesta en escena y un desarrollo muy teatral, algo que su director reconoce que no es casual. «Cuando ahora vas al teatro, ves que la mayor parte de las obras proyectan cine detrás de los actores. Parece que los autores teatrales quieren hacer cine. La teatralidad cinematográfica la aprendí con Manoel de Oliveira. Me gusta que la película sea teatral», apunta.

La actriz Lola Dueñas, que encarna a Herodías, reconoce que ese toque escénico fue un valor añadido para los intérpretes. Su personaje explota en la segunda parte de la película, donde prima lo melodramático y su personaje «está borracha perdida y sacada de madre», dice entre risas.

Ingrid García-Jonsson da vida a Salomé en una película que partió de un «guion muy libre». «En esta película entras en la poesía y lo haces de una manera muy libre. Eso es muy de agradecer. Es enriquecedor y aunque por momentos te encuentras perdida, es bueno tirarse por el precipicio», apunta la actriz que afrontó «sin pensar» los soprendentes bailes de Salomé.

Para esas secuencias, Lluís Miñarro, que huye de rodar sus películas «al pie de la letra» de un guion previo y que a los actores les cuenta la historia a cuentagotas, tuvo claro que este personaje bíblico estaría a años luz de «la típica danza de los siete velos».