Féminas que pueden con todo

07/11/2019

El amor de una madre por su familia no tiene límites. Todo esfuerzo es poco para sacar adelante el hogar, sobre todo si el padre se ha esfumado y no colabora ni con un mísero apoyo moral. Esta realidad se pone de relieve durante el documental Mujeres de arena (Mulheres de Areia), realizado por la asociación Gran Angular y que esta noche se estrena, a partir de las 20.30 horas, en el Teatro Víctor Jara de Vecindario, en el municipio grancanario de Santa Lucía, en el marco de la 15ª edición de la Muestra de Cortometrajes San Rafael en Corto.

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El filme, de poco más de una hora de duración, relata cómo unas mujeres de un enclave de Cabo Verde sobreviven gracias a la única forma de subsistencia que tienen a su alcance: sacar arena del mar de forma manual durante toda la noche.

«Tuvimos la suerte de conocer a la Asociación Biodiversidad Atlántica y Sostenibilidad, que pertenece a la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC). Descubrimos que uno de sus proyectos estaba centrado en la realidad de estas mujeres. Conocí a la encargada del proyecto y le conté la trayectoria de Gran Angular y nuestra idea de utilizar el cine como herramienta de sensibilización y defensa de los derechos humanos», explica Agustín Domínguez, director de Mujeres de Arena, sobre el origen de esta producción cinematográfica.

Una vez en Cabo Verde, en concreto en Tarrafal, los responsables del filme se trasladaron a una de las comunidades con menos recursos, aunque existen otras aún más precarias, reconocen. «Como sucede con los documentales, llevas una idea y después la misma cobra vida de otra forma. Nuestro enlace allí nos llevó una tarde a una reunión de presentación con las mujeres de esa comunidad, para que nos hiciéramos una idea. Me llamó mucho la atención una de ellas, llamada Ana, que tiene cinco hijas y un hijo. Al anochecer, entramos en su casa, que no tiene luz eléctrica. Ella y su hija mayor comenzaron a contarnos sus vidas. En mitad de la conversación, las paramos y les planteamos que fueran las protagonistas. Les pregunté sobre cómo veían que unos extraños como nosotros se plantasen allí y no parasen de hacerles preguntas. Su respuesta fue que no creían que alguien que venía de tan lejos tuviera la intención de hacerles daño», rememora Domínguez.

El equipo de Gran Angular rodó durante doce días, para retratar el duro día a día de estas mujeres y cómo sobreviven. «Trabajan entre diez y doce horas sacando arena. Lo hacen de noche, pero para el rodaje pedimos permiso para grabarlo de día. Saben que es ilegal y que dañan el medio ambiente, pero no tienen otra forma para sobrevivir. La arena seca ya se la comieron y cada vez tiene que sacarla adentrándose más en el mar. También les queda lo que llaman la monda, que también aparece en el documental, que es ir a limpiar la tierra cuando llueve. El problema es que allí apenas les llueve», explica con pesar el cineasta grancanario.

Gran Angular descubrió allí una sociedad «de mujeres monoparentales», que saca adelante a su familia en solitario. «Asumen toda la carga de la estructura familiar. Ninguno de los padres de sus hijos les ayuda. El hombre se va y se dedica a nuevos proyectos una vez que tiene sus hijos. Es algo que nos parece increíble, pero allí está institucionalizado, se ve como normal», explica Agustín Domínguez, que resalta «la naturalidad» con la que estas mujeres se convirtieron en actrices delante de su cámara.