El festival se va al Muelle y al Elder

08/02/2020

Las proyecciones de la 20ª edición del Festival Internacional de Cine de Las Palmas no se llevarán a cabo como hasta ahora en los Multicines Monopol, ni como sucedía desde hace dos años en el teatro Pérez Galdós, ya que la organización anunció ayer que se desarrollarán en siete salas de Cinesa, en el Centro Comercial El Muelle, y en el Museo Elder de la Ciencia y la Tecnología, ubicados ambos en el parque de Santa Catalina.

Luis Miranda, director del festival de la capital grancanaria, atribuyó ayer esta decisión a un compromiso «con la gestión del dinero público». «Teníamos dos ofertas y una era más sensata que la otra. Tenemos ahora la posibilidad de utilizar unos cines que tienen unas condiciones técnicas más actualizadas y por un precio muy, pero que muy inferior. No había otra alternativa, por un compromiso con el dinero público», añadió en la mañana de ayer, instantes después de enviarse el comunicado a los medios.

Miranda es consciente que este cambio implicará otro «en los hábitos de los espectadores». «El modo de consumo ha cambiado. La división de la actividad de ocio en esta ciudad no sigue el mismo patrón que hace 15 años. El Centro Comercial El Muelle también es ciudad, se encuentra en una zona privilegiada, por muchas razones. El festival también estuvo en las Arenas, pero su ubicación es muy distinta», añade.

El cine que alberga el Museo Elder de la Ciencia y la Tecnología ya ha acogido proyecciones del festival de cine. Sin ir más lejos, el año pasado acogió todo el ciclo dedicado a David OReilly y hace dos ediciones fue la sede de buena parte de las proyecciones del dedicado a ciencia ficción de serie B.

La asistencia de público, tanto en esos dos ciclos como en otras actividades festivaleras realizadas en sus instalaciones, ha sido ínfima. Luis Miranda lo atribuye al hecho de que el Elder «estaba segregado». «El público se tenía que mover entre dos zonas separadas de la ciudad. Ese movimiento perjudicaba a la agenda de los espectadores. En esta 20ª edición, todo estará concentrado en el entorno del parque de Santa Catalina», subraya.

Por esta razón y por rentabilizar gastos, también desaparecen las proyecciones matutinas y de tarde-noche en el teatro Pérez Galdós. En este recinto sí que se mantiene el acto de inauguración, previsto para el 17 de abril, que incluye la proyección de la película de apertura.

Para esta nueva edición, que culminará el 26 de abril, la organización asegura que se han contabilizado 747 inscripciones, entre cortometrajes y largometrajes. De éstos, el comité de selección «prevé valorar 120 obras para sus secciones competitivas, 64 para Canarias Cinema y 56 para Banda Aparte», asegura la organización en su comunicado.

A pesar de que queda poco más de dos meses para que arranque esta 20ª edición, este traslado deja muchas cosas en el aire. Una consiste en saber qué sucede con el Monopol Music Festival (MMF), apéndice musical y de documentales del mismo género que coordina y dirige Víctor Ordoñez y que desde hace un par de ediciones ha formado parte del festival.

«Seguimos contando con el MMF, con el evento. Ahora toca valorar sus transformaciones. Para empezar, evidentemente, el nombre. Víctor Ordoñez lo está meditando», asegura Miranda, que tiene claro que si se mantienen los conciertos en directo se desarrollarán en el parque de Santa Catalina.

El Mercado de Cine Casi Hecho (Mecas) también abandona el teatro Guiniguada y se establece en el Museo Elder de la Ciencia y la Tecnología. El festival apuntó ayer en su comunicado que ha registrado ya casi 400 proyectos en el apartado internacional.

Hasta ahora, para esta nueva entrega que se desarrollará entre el 18 y el 21 de abril, se «han contabilizado 190 producciones casi culminadas y 201 que están por hacer».

Alfonso Melo, portavoz de la familia propietaria de los Multicines Monopol, considera como «una alegría» el abandono de sus instalaciones por parte del Festival Internacional de Cine de Las Palmas de Gran Canaria.

«Nos deben dinero de la edición del 2018 y de la del año pasado. No pretendíamos hacerlo. Es una alegría, porque nos bloqueaban el cine, con unas exigencias que no eran normales, y encima son muy malos pagadores», asegura Alfonso Melo por teléfono.

«Tenemos un límite, porque somos una empresa privada y tenemos que funcionar. Nosotros no vivimos del festival, pero ellos sí que viven de nuestros clientes, del mercado que hemos creado durante casi 30 años», apunta.

Reconoce que su empresa «no está enfadada» por la decisión que ha tomado el festival, incluso le desea suerte en su nueva andadura en otro enclave de la ciudad. Eso sí, deja claro que lo sí que quiere: «Que nos paguen lo que nos deben. Con nuestro negocio no nos haremos ricos, pero nos da para vivir y nos sentimos orgullosos».