Escultura de uno de los caballos de Hitler en una reproducción de la antigua Cancilleria en Berlín. / RC

Los caballos que amaba Hitler

Arthur Brand localizó en 2015 uno de los iconos preferidos del dictador nazi, dos grandes esculturas equinas que decoraron la Cancillería en el Tercer Reich

G. CÁMARA ECHEVARRÍA Madrid

La mañana del 20 de mayo de 2015, Arthur Brand (Deventer, Países Bajos, 52 años), el 'Indiana Jones del arte', anunciaba el hallazgo de los caballos de bronce de Hitler que se creía que habían sido destruidos durante el asedio a Berlín en 1945. Brand cuenta la historia del asombroso hallazgo en 'Los caballos de Hitler' (Espasa). Se trata de dos esculturas equinas de tres metros de altura que permanecieron ubicadas en la fachada de la Cancillería de Berlín durante el Tercer Reich, justo debajo del despacho desde el que el führer dirigía la II Guerra Mundial. Los llamados 'Schreitende Pferde' (Caballos en movimiento) fueron esculpidos por Josef Thorak, un artista admirado por el jerarca nazi. «Esos caballos eran la escultura favorita de Hitler. Y fueron testigos de todo. Cuando miró a su alrededor por última vez antes de bajar al búnker donde se suicidió fue lo último que vio», asegura Brand.

La pista que le llevaría hasta el valioso botín surgió en 2014, cuando recibió la llamada de Michel van Rijn, un viejo conocido «y uno de los personajes más peligrosos en el mundo del arte». Ambos compartían la pasión por la búsqueda de tesoros desaparecidos, robados u olvidados por el paso del tiempo. «Supongamos que apareciera una obra de arte sensacional, algo que todo el mundo estuviera buscando... un hallazgo que ni siquiera yo, con toda mi experiencia, terminase de creer del todo que fuera real», le dijo Van Rijn a Brand. Con semejante cebo, el holandés se puso manos a la obra para dar con las valiosas figuras, infiltrándose en el mercado negro del arte, controlado por redes neonazis y exagentes de la Stasi, la policía secreta de la Alemania comunista.

Tras averiguar que los caballos habían sobrevivido a los bombardeos quedaba saber dónde podían hallarse. Un soplo le llevó hasta un coleccionista que le aseguró haber adquirido los caballos de forma legal y que los tenía ocultos en una antigua base militar soviética, al sur de Alemania. Y efectivamente allí estaban abandonados a su suerte, escondidos tras un 'panzer' nazi. Las obras localizadas por Brand ya han sido incorporadas al patrimonio artístico de Alemania, su legítimo propietario.

Esta 'medalla' no es la única de Brand, que descubrió en España su vocación de rastreador de obras de arte. Como estudiante de intercambio en Andalucía presenció cómo dos cazatesoros localizaban en Granada unas monedas romanas mediante detectores de metales. Desde entonces, el palmarés de este detective suma tesoros artísticos valorados en 220 millones de euros. Su mercado favorito son las obras sustraídas a los judíos por los nazis. Ha recuperado el anillo de Oscar Wilde (que fue robado en 2002 y que logró devolver a Oxford tras lucirlo unas semanas en su anular) o 'El Evangelio de Judas', un extraño texto en copto que sitúa al traidor de Jesús como su discípulo más fiel. Temido por ladrones y falsificadores, España le debe el hallazgo de 'Busto de una mujer', de Picasso, valorado en 25 millones, entre otras joyas.