'Hipómenes y Atalanta', de Guido Reni, cuadro recién restaurado. / josé Baztán Lacasa

Atalanta recobra el color de las mejillas

La eliminación del barniz de un cuadro del Museo del Prado rejuvenece a los protagonistas de una escena mitológica pintada por Guido Reni

Antonio Paniagua
ANTONIO PANIAGUA Madrid

Retirado el barniz que oscurecía el cuadro hasta hacer algunas líneas difusas, el cuadro 'Hipómenes y Atalanta', uno de los más hermosos del Museo del Prado brilla con nueva luz. Obra de Guido Reni (Bolonia, 1575-1642), pintor profundamente influido por la Antigüedad clásica y Rafael, el lienzo cuelga en la Galería Central de la pinacoteca, para luego viajar a Fráncfort, donde el Städel Museum prepara una exposición sobre el artista. A su regreso, la pintura estará presente en la gran muestra que el Museo del Prado dedicará a este maestro del barroco, uno de los grandes proyectos en los que se trabaja para el año que viene.

Aparte del lavado de cara, a la pintura se la ha dotado de un nuevo marco, con el que se puede apreciar la composición tal y como la pensó el maestro italiano. Según dijo Almudena Sánchez, restauradora del Prado, la obra ha recuperado gran parte de la luminosidad que quedaba eclipsada con las capas de materiales protectores, lo que le confería un aspecto «caravaggiesco». Después de un trabajo de nueve meses, la restauración ha permitido advertir la existencia de dos bandas añadidas en las zonas izquierda e inferior que no eran originales del pintor. Este descubrimiento ha hecho posible restituir la visión primigenia.

'Hipómenes y Atalanta', un cuadro de dimensiones considerables (206 x 279 cm), recrea un momento de la carrera entre Atalanta, hija del rey de Arcadia, e Hipómenes. La heroína se había ofrecido en matrimonio a aquel que fuera capaz de vencerla en la carrera, cosa que no era fácil porque era tan ágil como buena cazadora. Quien se aventurase en la empresa y perdiera era condenado a la muerte.

Antiguas intervenciones desafortunadas fueron la causa de numerosos y extensos repintes que con el paso del tiempo se fueron degradando hasta convertirse en feas manchas que deslucían el lienzo.

La pericia de los restauradores ha obrado el prodigio. Ahora el tono castaño y el volumen de los rizos de Hipómenes lucen pletóricos. El mar por añadidura se ha despojado de la capa blanquecina y ahora descuella la ilusión de transparencia de las aguas azul oscuro.

Durante la última fase de la restauración se ha procedido a la reintegración cromática de todos los daños y faltas de color que habían quedado al descubierto tras la eliminación de los viejos repintes que las ocultaban. Gracias al buen hacer de los técnicos, Atalanta es más agraciada si cabe. Sus facciones deslumbran por su delicadeza, y el sutil sonrosado de sus mejillas ofrece una visión más realista del esfuerzo físico.