Estreno

Una polifonía galdosiana y caricaturesca

14/10/2019

«Las crudezas descriptivas pierden toda repugnancia bajo la máscara burlesca de Quevedo», dijo Galdós acerca del modo en que la socarronería española suaviza, por la vía del humor, el horror que el naturalismo francés resalta.

Esta forma de retratar la realidad, desfigurándola por completo, es la que ha escogido el dramaturgo Fabio Rubiano para llevar al escenario las crónicas periodísticas con las que Benito Pérez Galdós explicó a los lectores argentinos el esperpéntico y rocambolesco proceso judicial del crimen de la calle Fuencarral, un caso que mantuvo en vilo a los españoles durante un año y que inauguró la sección de sucesos de los diarios patrios.

El 2 de julio de 1888 los vecinos del número 109 de la calle Fuencarral llaman a la policía alertados por un fuerte olor a quemado. Los agentes, al entrar en la vivienda del segundo izquierda, encuentran a Luciana Borcino, viuda de Vázquez Varela en posición decúbito supino, con tres cuchilladas en el pecho, cubierta con unos trapos mojados en petróleo y ardiendo en una habitación cerrada. Cerca, en otro cuarto, duermen bajo el efecto de un narcótico la sirvienta, Higinia Balaguer, y un perro.

Eso es lo único cierto. Luego todo se embrolla gracias a la criada, una mujer poco dotada intelectual, moral y económicamente que se ve inmersa en una trama que deja entrever la capacidad de los poderosos para jugar sus bazas y esconder la verdad incluso a costa de la vida de la pobre criada.

Durante el proceso judicial, la ciudadanía española se dividió entre los defensores de la criada, los higinistas, y los valeristas, que creían en la inocencia de José Vázquez-Varela, el hijo de la asesinada, un tipo pendenciero y violento que, en la noche de autos, había burlado su condena penitenciaria con la anuencia del director de la cárcel Modelo, José Millán-Astray, que también burló la prisión incomunicada de Higinia Balaguer posiblemente para influir en su testimonio.

De hecho, son las declaraciones cambiantes de la acusada las que sustentan la farsa polifónica orquestada por el director escénico Mario Vega con solo cuatro actores; Ruth Sánchez, que encarna únicamente a la acusada, y Abraham Santacruz, Efraín Martín y Marta Viera, que dan vida a un rosario de roles, incluido un perro que, curiosamente, se muestra mucho más humano que el resto de los personajes.

El ágil curso del relato de los hechos, que combina a modo de puzle materiales periodísticos, judiciales y policiacos, los obliga a cambiar de papel continuamente, lo que entraña, no solo una gran dificultad para los actores, sino un esfuerzo para el espectador, que necesita su tiempo para aceptar las reglas de la propuesta. El reparto, con mejores o peores momentos, sale bastante airoso de este apabullante órdago interpretativo, en especial Marta Viera, cuyo trabajo encarnando al perro es especialmente brillante.

Se trata pues de un juego tremendamente divertido conducido por bufones que deforman el realismo galdosiano hasta llevar su crónica negra al terreno de la farsa caricaturesca en una narración acelerada, llena de gestualidad y de movimiento, con un gran componente lúdico que convierte toda la obra en una especie de escondite. Sus participantes son una mujer con pocas luces que se enfrenta, desarmada, a la opinión pública y al poder político y judicial; el objetivo, esconder la verdad.

Pero este juego no es gratuito y pierde toda su gracia con el conocido y horripilante final; un trágico mazazo difícil de encajar en un público al que aún se le escapan risas incontroladas en el momento más dramático, como si Rubiano quisiera medir nuestra capacidad para empatizar con el dolor después de habernos hecho reír con la iniquidad.

La apuesta es muy arriesgada y la materia prima difícil de manipular, pero, sin duda, el trabajo titánico de esta segunda entrega de Laboratorio Galdós ha merecido la pena. Ojalá El crimen de la calle Fuencarral tenga larga vida.

El crimen de la calle Fuencarral’

Teatro Pérez Galdós, 10 de octubre

Autor: Fabio Rubiano, basándose en las crónicas de Benito Pérez Galdós. Dirección: Mario Vega.

Elenco: Marta Viera, Ruth Sánchez, Abraham Santacruz, Efraín Martín.

Director de audiovisuales: Juan Carlos Cruz.

Director de luces: Ibán Negrín.