Un canto escénico al poder de la calle

20/05/2018
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La capacidad natural para superar el paso del tiempo es lo que convierte una creación artística en un clásico. Aunque haya sido creada hace varios siglos, el lector o espectador contemporáneo la saborea como si su autor estuviese vivo y la hubiese pergeñado hoy mismo. Persecución y asesinato de Jean Paul Marta, representado por el grupo de actores del Hospicio de Charenton bajo la dirección del señor de Sade, cuyo título resumido es Marat-Sade, que escribió el germano Peter Weiss en 1964, es uno de los textos dramáticos más importantes del pasado siglo XX.

El próximo viernes y sábado, a partir de las 20.30 horas, la veterana compañía andaluza Atalaya, Premio Nacional de Teatro 2008, desembarca con este ambicioso y complejo montaje en el Cuyás de la capital grancanaria.

«Es un montaje muy extenuante, por lo complejo que es. Cuanto más cuesta un montaje, más satisfacciones da cuando se estrena. Y en este caso, desde su puesta de largo en el Festival Grec de Barcelona, ha sido alabado por la crítica y, sobre todo, por el público», apunta Ricardo Iniesta, director y fundador en 1983 de Atalaya Teatro Experimental Andaluz.

Buena parte de las dificultades residen en que Marat-Sade es como una muñeca «matroska» rusa. «Es teatro, que dentro tiene teatro y el segundo lleva en su interior más teatro. La obra se desarrolla en tres épocas. Comienza en 1793, cuando fue asesinado Marat cinco años después de la Revolución Francesa, y que es cuando transcurre la acción de los internos del hospital. Después transcurre 15 años después, cuando se supone que se lleva a cabo una representación en el propio psiquiátrico. La tercera parte transcurre en el 2018, en plena actualidad», dice.

Peter Weiss mezcla hechos reales y ficción en Marat-Sade. No es real que Marat y el marqués de Sade llegasen a encontrarse, pero sí que el segundo estuvo internado en el psiquiátrico de Charenton, donde dirigió piezas escénicas protagonizadas por los internos y que «los burgueses parisinos» vieron representadas, puntualiza Ricardo Iniesta. Toda la trama se fundamenta en las tres visitas que Carlota Corday hizo a la casa de Marat, hasta que en la última logró asesinarlo.

Un canto escénico al poder de la calle

«Cuando estrenamos en Barcelona, acababa de ser nombrada alcaldesa Ana Colau y el movimiento 15-M aún estaba muy cercano. El público se entusiasmó. No hay que olvidar que una de las consignas de la Revolución Francesa y que está muy presente en esta obra es: No hay libertad si no hay igualdad. ¿De qué le vale a un hindú la libertad si vive en un barrio de las afueras de Bombay rodeado de pobreza? ¿Y en España, de qué le sirve a los ocho millones de personas que son pobres», lanza el director de este montaje que se desarrolla con nueve actores sobre el escenario.

Esta obra esencial dentro de la historia de la dramaturgia es un «canto contra la desigualdad y la justicia», así como la ausencia de «fraternidad» en unos seres humanos que son capaces de mirar a otro lado mientras sus semejantes mueren de hambre.

Marat-Sade no se convierte en un panfleto porque detrás hay «teatro poético», explica Ricardo Iniesta. «Cuenta con 20 temas musicales, que cantan los locos. La obra aporta mucho disfrute al espectador, tanto en la vista como en sus oídos, porque tiene mucho humor. La poética y la música aportan la magia, el colorido y la emoción», señala.

Además, incluye tres lenguajes con los que la compañía Atalaya se siente muy cómoda. «Está por un lado el teatro épico de Bertolt Brech. Se le suma el teatro de la crueldad, con imágenes extremas, de Antonin Artaud, y por último está el grotesco de Meyerhold, lo que hace que el espectador se convierta en un cómplice», apunta Iniesta.