Teatro

Los pilares del espectáculo

23/04/2018

El Cuyás tiene un equipo propio y fijo de ocho técnicos. Marca la diferencia para el funcionamiento y la conservación de la dotación escénica.

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Se llaman Pedro Javier Hernández Alonso, Manuel José Rodríguez Hernández, Vicente Ferrera Ramos, César Santana Suárez, José Manuel Suárez Moreno, Marcos Antonio Ortiz Pérez, Manuel Sánchez Jiménez y José Manuel González Pérez. Son ocho profesionales desconocidos para el público, pero sin su labor, sorda pero fundamental, desde las butacas del teatro Cuyás no se podría disfrutar y aplaudir el magisterio de intérpretes como Nuria Espert, Emilio Gutiérrez Caba, Concha Velasco, Eduard Fernández, Nathalie Poza, Vicky Peña, Mario Gas, entre otros, ni de estrellas de la danza como Sylvie Guillem, Mijaíl Barýshnikov, la Compañía Nacional de Danza o la flamencas María Pagés y Sara Baras. Todos han pasado por este espacio.

Como casi todo en la vida, los focos alumbran a unos pocos. Pero esos privilegiados no brillarían sin el trabajo de otros muchos. En un recinto escénico, cada profesional –desde la administración hasta la taquilla y el personal de limpieza– tiene un papel que en el conjunto hace posible que se suba el telón a la hora prevista y se desarrolle el espectáculo programado.

El Cuyás cuenta con un factor diferencial. Tiene un equipo técnico propio, compuesto por profesionales que, en su mayoría, ejercen sus funciones desde que el recinto abrió sus puertas, hace 19 años. No es una cuestión baladí, tanto para el desarrollo de los montajes como para la conservación de la maquinaria.«Las compañías valoran mucho que tengamos a nuestros propios técnicos. Por un lado, les permite ahorrar costes y desplazar a la isla solo a los técnicos imprescindibles. Por otro lado, trabajan con un personal que conoce los entresijos del teatro, que domina toda la maquinaria y que sabe cómo cuidarla», explica Pedro Javier Hernández Alonso, director técnico del teatro.

Los pilares del espectáculo

«Los técnicos que vienen con los montajes conocen mejor que nadie todas las necesidades del espectáculo, pero nosotros somos los que mejor conocemos las capacidades de este teatro» desde un punto de vista técnico, añade el técnico maquinista José Manuel González Pérez.

La conservación de los equipos es una prioridad. «La empresa Chemtrol instaló la maquinaria escénica en 1999. Cubre todo el territorio nacional y también a algunos espacios escénicos fuera de España. Por ejemplo, una parte de la maquinaria de la Scala de Milán es suya. Cuando vienen para las revisiones, siempre elogian el estado de nuestros equipos. Se quedan sorprendidos», asegura Pedro Javier Hernández con el apoyo de Manuel José Rodríguez Hernández, adjunto a la dirección técnica.

«La dotación está casi intacta. Nos encargamos de su cuidado y controlamos a los técnicos que vienen con las distintas compañías para que hagan un uso adecuado. Esto no es habitual. En muchos teatros, les dan las llaves y lo dejan todo en manos de técnicos de fuera. Así pasa después lo que pasa», apuntan los técnicos audiovisuales, eléctricos y maquinistas reunidos para este reportaje. Para saber «lo que pasa» solo hay que recordar el estado en el que acabó el teatro Pérez Galdós, que tuvo que cerrar sus puertas para acometer una profunda rehabilitación que incluyó una dotación técnica que estaba totalmente devastada.

Contra lo que no se puede luchar es contra el imparable paso del tiempo. «Hay cosas que envejecen muy rápido, como la electrónica. La maquinaria escénica, en muchos casos, puede durar 25 años o más. La dotación está en un buen estado, pero en un futuro habrá que acometer una remodelación de la maquinaria. Cuando llegue el momento, se valorará si se lleva cabo mientras se mantiene la actividad del teatro o si es necesario realizar un pequeño parón», señala el máximo responsable de la oficina técnica.

Desde 1999, apunta Pedro Javier Hernández, este equipo ha convivido con unos cambios tecnológicos mayúsculos. «La tecnología es cruel y avanza muy rápido. Recuerdo que empezamos con equipos informáticos con el Windows 3.1., ahora, ya va por el 10. Igual pasa con los Mac. Se pasó de lo analógico al digital, de los focos estáticos a los móviles, llegaron los videoproyectores, las pantallas leds...», enumera.

«Tenemos una experiencia de más de veinte años. Manuel y yo [se refiere al adjunto a la dirección técnica] trabajamos juntos desde 1994. Otros lo hacen desde el año 90. Estamos muy consolidados a nivel humano, porque hemos vivido experiencias de todo tipo, tanto aquí como fuera», dice Hernández Alonso.

Esa experiencia les lleva a sentirse unos privilegiados. La mayoría ejerció antes en el montaje de conciertos de pop y rock. «Trabajar en la calle es más peligroso y duro. Hay muchos imprevistos. La calle está bien para trabajar hasta que cumples 30 años», apunta César Santana Suárez, que junto a Vicente Ferrera Ramos integra el apartado de Audiovisuales.

Este bagaje les permite entender mejor las circunstancias de los técnicos de las distintas compañías. «Son nómadas. Algunos llevan semanas sin ver a su familia, ya que están de gira por todo el país. Les damos un servicio profesional y buscamos que se sientan como en casa», apunta Vicente Ferrera Ramos.

Los pilares del espectáculo

Hay compañías que son casi habituales en las distintas temporadas, lo que favorece que se establezcan lazos. «Contamos con grandes amigos entre los técnicos de algunas. Por lo general, la relación es buena, pero hay de todo, son pocos los que generan problemas», apuntan, casi al unísono, entre risas. El teatro cuenta con un libro de firmas interno, en el que los distintos profesionales que pisan sus instalaciones pueden dejar sus impresiones de la experiencia vivida, desvelan.

Los técnicos del Cuyás tienen una formación diversa. Algunos cuentan con estudios básicos, otros con un título de Formación Profesional (FP) y también hay licenciados universitarios. «Es un personal altamente especializado. Si miras hacia atrás, cuando empezamos, no había estudios específicos para esta labor. Incluso, hoy, hay funciones para la que no hay una formación reglada. Se trata de un oficio que tiene muchos siglos de antigüedad, pero que es minoritario», explica el director técnico.

Su segundo, Manuel José Rodríguez, apunta que «falta una consideración especial al sector» desde un punto de vista «de recursos humanos en Canarias». «A nivel nacional, comienzan a existir convenios colectivos que reconocen nuestras necesidades, pero aquí, aún ninguna administración ha dado ese paso. Estamos en pañales», añade con pesar.

El desarrollo de sus funciones varía según el espectáculo. En algunos, el teatro lo afronta con estos ocho técnicos. Pero otros requieren la contratación de refuerzos, cuya contratación asume el Cuyás y ejecuta con una subcontrata fijada mediante un concurso de prestación de servicios.

«Hay casos en los que Gonzalo Ubani [director artístico del teatro] sabe que se trata de una producción muy compleja, desde un punto de vista técnico. En ese caso, nos pasa los datos con antelación para que la analicemos y veamos si es viable o no. Normalmente, el teatro que gira ahora está pensado para que el montaje y el desmontaje sean rápidos. Un mes antes, más o menos, se comienza con la preproducción. Cuando se trata de un espectáculo con elementos muy difíciles y complejos, la compañía se encarga directamente. Nunca se la juegan. Mientras lo desarrollan, nosotros también aprendemos y descubrimos las últimas tendencias tecnológicas», comenta el director técnico adjunto.

La primera función, habitualmente, se desarrolla los viernes. Al mediodía del jueves comienza a descargarse la escenografía. «Recibimos a la compañía y se comienza con la descarga y el montaje. Hay veces que llega el mismo día del estreno y se monta en un día. Estamos acostumbrados a trabajar a contrarreloj», explica el manquinista José Manuel González.

Los pilares del espectáculo
Suerte para «esquivar la bala» y que el espectador no se percate

«Siempre suceden cosas, problemas técnicos. En muchos espectáculos, pero el objetivo y nuestra labor es que el espectador no se percate y que la función salga como estaba previsto», apunta el director técnico del teatro Cuyás, Pedro Javier Hernández.

«Hemos esquivado la bala dos veces», reconoce entre risas junto al director adjunto, Manuel José Rodríguez. «Durante el ensayo general con público de Todas las noches de un día [montaje teatral estrenado el pasado mes de marzo], cuando estaban con los aplausos, se fue la luz, por un fallo en el suministro eléctrico de Endesa. Hace años, en una función de ópera, ocurrió lo mismo, durante los aplausos. En ambos casos se puso en marcha el protocolo previsto con los generadores. Vuelve la luz a todo lo que se considera imprescindible, que se centra en la seguridad de los espectadores, de los trabajadores y de los artistas. Pero no se incluye el espectáculo», señala.

Los estrenos absolutos son una caja de sorpresas. Este año hemos tenido dos que se manejaron de forma muy distinta. Se trata de ‘Calígula’ y ‘Todas las noches de un día’

Cada montaje supone un aprendizaje, pero cuando se trata de un estreno absoluto, el reto se dispara. «Siempre son una caja de sorpresas», dice Manuel José Rodríguez. «Este año hemos tenido dos. Calígula [abrió la temporada y el Cuyás fue el primer recinto escénico cerrado en el que se representó] y Todas las noches de un día. Se manejaron de forma diferente. El primero fue un problema, porque la productora quiso ahorrar gastos e hizo una planificación nefasta. Llegaron el jueves, en vez del martes y la noche del estreno se tuvo que retrasar la función para que solventasen problemas. En el segundo, llegaron a principio de semana con todo controlado y no hubo problema alguno», explica el adjunto a la dirección técnica.

Los ocho integrantes del equipo técnico coinciden a la hora de calificar este trabajo como «precioso». La clave está en la parte creativa de este oficio, tal y como apunta el técnico maquinista José Manuel González, durante un parón de la sesión fotográfica para este reportaje: «Mientras trabajo, mientras montamos el escenario y se desarrolla la obra y trabajo con el peine, me veo dentro de la mente del director de la obra».

Coinciden también en que se trata de un oficio vocacional. «Aquí no hay término medio. Es un trabajo que te apasiona o lo odias», reconoce César Santana Suárez.