Crítica

La España grotesca

14/01/2019

Decía Miguel Delibes que, tras ver a Lola Herrera interpretando su obra Cinco horas con Mario, todo el imaginario que había construido alrededor de su protagonista se desmoronó para tomar la voz y la forma de la actriz.

Sin saber cómo el autor moldeó en su mente a Carmen Sotillo, cualquiera que conozca a una mujer de avanzada edad del norte de Castilla reconoce la naturalidad de la intérprete para llevar a escena los gestos y el tono de esas mesetarias. El viernes en el Cuyás, casi 40 años después de haberla encarnado por primera vez, Herrera mostró su dominio del personaje y lo vistió de una espontaneidad solo apreciable para los que hayan tenido trato con una vetusta salmantina o vallisoletana.

La actriz, ya octogenaria, maneja las claves del acto teatral y es una mujer de su tiempo. Al igual que Josefina Molina -la directora y nuevamente adaptadora del texto de Delibes- sabe que el público no es el mismo que el de hace cuatro décadas. Ahora, hay que mantenerlo sobreestimulado para conseguir que dejen de mirar las pantallas de sus móviles atrapándolo en un carrusel interpretativo lleno de matices. El ritmo fue trepidante. No hubo silencios ni espacio para largos lamentos.

Su soliloquio salió heroicamente indemne de una sinfonía de toses de los damnificados por el brote de gripe archipielágico y sorteó con fortuna dos timbres telefónicos.

Frente al féretro de su difunto marido, Carmen Sotillo destiló, otra vez y ni se sabe cuántas van ya, las profundas oscuridades del tradicionalismo ibérico para llevarlas al sorprendente terreno del esperpento.

La viuda, alejada del dramatismo, reprochó al cadáver invisible de Mario haberse desviado de los principios más retrógrados de una época que, por desgracia, algunos se empeñan en recuperar y expuso a las personas nacidas más allá de la Transición el perfil más ridículo de los que algunos definen como mujer, mujer.

El desprecio hacia la educación, el erotismo usado para cazar a un macho que proporcione un medio de vida y cierto estatus, la desmemoria histórica, el clasismo como forma de poder, el rechazo a unas normas de convivencia basadas en la ética, el yugo del dogmatismo religioso, la xenofobia y el orgullo patriotero son algunas de las disparatadas reivindicaciones de la viuda que desataron las carcajadas del público. Un inventario delirante que, sin embargo, cobra vigencia en unos tiempos en los que algunos enarbolan la bandera de la sinrazón.

Ojalá nos podamos seguir riendo durante mucho tiempo con este caricaturesco y despiadado retrato de aquella España trazado con virtuosismo por Delibes e interpretado de forma soberbia por Herrera.

El público, cómo no, terminó en pie.

Datos

Cinco horas con Mario

Dirección: Josefina Molina.

Autor: Miguel Delibes.

Adaptación: Miguel Delibes, Josefina Molina y José Sámano.

Intérprete: Lola Herrera.

Diseño de iluminación: Manuel Maldonado. Mobiliario y atrezzo: Mateos/Sabre

Recinto: Teatro Cuyás.