«El cine es el hijo rico del teatro»

16/07/2018

El actor, dramaturgo y director de escena colombiano Fabio Rubiano selecciona hoy, en el Auditorio Alfredo Kraus, a las personas que tomarán parte de su taller de dramaturgia, que se desarrollará en noviembre, en el Laboratorio Galdós que coproducen Unahoramenos y el Teatro Pérez Galdós.

— ¿Cómo planteará el taller de dramaturgia actoral previsto para noviembre?

— Tanto el de dramaturgia actoral, como el de escritura, parten de un elemento básico esencial: la creación de drama. No en el sentido popular de «no hagas un drama», sino en el sentido dramatúrgico, de crear una tensión, una ruptura, un elemento extraordinario que altere una situación ordinaria. Ahí está el drama.

— ¿Qué rasgos diferenciadores cree usted que definen su teatro? ¿Qué temas están de alguna manera presentes en sus obras?

— Los temas del Teatro Petra, sin ser deliberados, siempre rondan elementos muy sensibles de la actualidad: las víctimas, la figura del victimario, y la humanización de los involucrados. Insistimos en dar garantías discursivas a cada personaje. Una cosa es lo que pensamos, otra la que piensa el personaje.

— ¿De qué manera ha modelado la realidad colombiana su teatro?

— Es difícil, por no decir imposible, escribir de algo que no represente lo que pasa en tu país. Incluso quienes quieren alejarse de la realidad eludiendo los temas centrales, también son una representación de la realidad. En Colombia, la realidad y el momento coyuntural (coyuntura que se da cada año por la permanencia de las alteraciones socio políticas) permean la mayoría de las nuevas dramaturgias. Los creadores insistimos en volver al conflicto, la violencia, las víctimas y los victimarios. Una multiplicidad de riesgos formales para narrar la barbarie.

—¿Podría señalarme qué diferencias percibe históricamente en las dramaturgias europeas con respecto a las sudamericanas en los tratamientos de los grandes asuntos que han inquietado a la humanidad?

— La diferencia entre una y otra dramaturgia no creo que sea continental, sino particular. No creo que haya una dramaturgia europea, y una latinoamericana. Cada sociedad es diferente. La escritura española es muy diferente a la francesa y a la alemana; de igual manera que la argentina es diferente a la mexicana y a la colombiana. Sin embargo, hay ciertas conexiones formales en Europa donde las corrientes que exploran nuevas estructuras, rompimiento de la fábula, alteración del personaje nuclear se ven más. Igual, la fábula insiste en aparecer, lo mismo que el personaje, lo mismo que la acción. Así Rodrigo García insiste en despreciar el conflicto, sus piezas lo tienen. Roland Schimmelpfennig es en apariencia posdramático, pero hay unidades de tiempo claras que generan continuidad. Wajdi Mouawad, uno de los más contemporáneos, regresa al relato, como lo hizo en su tiempo Koltès.

— ¿Cree que el cine está socialmente sobrevalorado?

— El cine tiene un puesto bien ganado dentro de las necesidades populares de la población. Lo que no debe olvidar el cine es que es hijo del teatro. Y aunque sea un hijo que se volvió rico, no debería olvidar sus orígenes.

— ¿De qué nos salva el teatro?

— El teatro salva y condena. No conozco a nadie que haya hecho teatro, que no lo recuerde como uno de los momentos especiales de la vida. El teatro está lleno de advertencias, por eso salva.

— ¿Lo consideraría una revolución sensata contra las distorsiones interesadas de la realidad?

— No sé si pueda afirmarse que hay realidades que se distorsionan. A veces la realidad misma ya es tan absurda que parece ficción.