Estreno

‘Ana’, una creación compartida con 1.200 personas

10/10/2018

La dramaturga Irma Correa ha moldeado el texto de esta obra inspirada en ‘Tristana’ atendiendo a las apreciaciones del millar de espectadores que han asistido a los ensayos del montaje, dirigido por Mario Vega y centrado en dos mujeres ansiosas de libertad. Este jueves el público podrá apreciar el resultado.

Irma Correa (Gran Canaria, 1975) ha sido generosa. La dramaturga ha sometido el texto de la obra Ana. También a nosotros nos llevará el olvido al dictamen del público.

A través de 18 ensayos, unas 1.200 personas han tenido ocasión de valorar la pieza y sugerir cambios. El resultado de este singular proceso de creación se podrá apreciar este jueves en el teatro Pérez Galdós en el estreno absoluto de esta obra creada con motivo del 175 aniversario del nacimiento del autor de Tristana, cuyo espíritu ha quedado destilado en este montaje. «La intervención del público puede haber cambiado un 60% de la obra. De hecho, empezamos con tres actores y acabamos con cuatro», indicó el responsable del Laboratorio Galdós, Mario Vega, en la presentación a los medios de este montaje que se pondrá en escena el jueves 11, el viernes 12 y el sábado 13 de octubre.

Según Vega, Ana no es «una adaptación al teatro de Tristana. Correa se inspira en esta obra igual que Galdós se inspiró en Casa de Muñecas, de Ibsen, para escribir Tristana», puntualizó el director de la productora Unahoramenos.

Así, la pieza –una historia de amor entre mujeres asfixiadas por el represivo ambiente de la dictadura de Franco–, «aunque habla del adulterio, de las leyes franquistas, en el fondo habla de la libertad, del empoderamiento de Ana», comenta el máximo responsable de este proyecto que se desarrollará hasta 2020 con la producción de otros dos montajes de inspiración galdosiana.

También la pieza conecta el texto de Galdós con los oscuros y patriarcales años 60. «En la obra se habla mucho de machismo y de maltrato, temas que, lamentablemente, están vigentes hoy en día». De hecho, según Vega, escuchar las voces de estos personajes, ubicados hace medio siglo, y saber que lo que cuentan «podría estar pasando en muchos hogares hoy crea una sensación de escalofrío permanente».

La participación del público ha sido esencial para pulir los aspectos visuales y el texto. Tanto es así que, según Vega, durante el proceso de creación se barajaron cuatro finales y se cambió la puesta en escena «40 veces». «En este proceso fuimos transformando la obra. El público da muchísimas pistas de las cosas que tienen ritmo y fuimos chequeándolas», explica el director de escena que, a medida que se sucedían los ensayos, iba percatándose de que el público pasaba de considerar los aspectos de la escenografía y la puesta en escena a entrar en materia. «Antes la obra estaba falta de cocción, ahora los encuentros con el público tienen que ver con el contenido, con lo que les remueve por dentro», comentó sobre la evolución de un montaje cuyos ensayos le han deparado momentos intensos. Como una señora que le hizo llorar cuando le dijo: «Yo me he emocionado mucho. La obra llega y lo puedo decir porque soy ciega». Mientras que otra espectadora, según relató, le pidió que no cambiara una frase controvertida del texto en la que la protagonista reta a su marido diciéndole mátame si eres hombre, porque ella había reaccionado igual cuando su pareja, en el año 67, la amenazó poniéndole un cuchillo en el pecho.

Esa intensidad también se refleja en el público. «Termina emocionado y necesita el debate», comenta el director de esta obra teatral que, al igual que en Me llamo Suleimán, ha empleado las proyecciones audiovisuales, creadas por Juan Carlos Cruz, para ampliar el número de espacios y personajes que aparecen sobre una escenografía tecnológicamente complicada: una pared móvil que, según definió un espectador, funciona «como un lienzo en blanco que vamos pintando con proyecciones y luces, generando atmósferas y espacios. Está vivo. Caminan sobre él y vibra como un instrumento musical», apuntó Vega.

Entradas disponibles.

Ana. También a nosotros nos llevará al olvido, de Irma Correa, se representa entre mañana y el sábado, a las 20.30 horas, en el Pérez Galdós. Con dirección y escenografía de Mario Vega, la obra está interpretada por Marta Viera, María de Vigo, Rubén Darío y Ruth Sánchez. Los audiovisuales son de Juan Carlos Cruz; el diseño de iluminación, de Ibán Negrín y el vestuario, de Nauzet Afonso. Las entradas cuestan 15 euros.