Activismo artístico

Wyskiel desafía al desierto sembrando arte y reflexión

02/05/2018

A Dagmara Wyskiel (1974, Cracovia, Polonia) le gustan los retos. En 2001 se instaló en Antofagasta, una ciudad minera situada en la costa del desierto chileno de Atacama. Allí todo gira en torno a la economía productiva. Por eso, decidió sembrar en aquel páramo el pensamiento crítico y artístico.

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Antes de instalarme en Antofagasta (Chile), en 2001, ya había viajado hasta allí con frecuencia atraída por la Nada, por el vacío en el contexto paisajístico, pero también cultural. Estaba sorprendida porque eso, en Europa, no lo encuentras. Nadie se había apoderado de ese territorio, un lugar virgen e incómodo. Era un tremendo desafío marcar una presencia en ese lugar y provocar algún cambio. Me pareció una provocación estar en un territorio donde queda todo por hacer en el contexto del arte contemporáneo y del pensamiento crítico», dice Dagmara Wyskiel, que hoy, a las 19.00 horas en La Regenta, explicará su labor al frente del festival SACO (Semana de Arte Contemporáneo de Antofagasta) que se celebra desde 2012 en distintos puntos del desierto de Atacama. Este encuentro de comisarios y creadores -desarrollado en un enclave de interés astronómico, antropológico y arqueológico- propicia la construcción de redes de producción y gestión artística.

En La Regenta, junto al gestor cultural chileno Christian Núñez, relatará su experiencia como presidenta del colectivo Se Vende Plataforma Móvil de Arte Contemporáneo, que ha facilitado espacios de exhibición y de discusión a los creadores locales. «Nuestro primer proyecto fue okupa y legal. Arrendamos una casa vieja y armamos un proyecto en el que cada artista ocupó una sala para trabajar durante un mes. En ese tiempo conversamos. Luego se convirtió en un espacio alternativo de exposición y un foro de arte contemporáneo. Se vende ha generado interés en la población. Hay hambre de reflexión sobre el arte y pensamiento crítico. Lo que impera allí es el pensamiento industrial y económico puro», comenta Wyskiel sobre esta región que carece de escuela de arte. «No está aceptado que el hijo de un minero estudie Arte o vaya a ver una exposición. Impera el cliché del norte obrero. Se asume que no se necesitan bienes culturales. Ahí es donde trabajamos», apunta.