Efeméride

Seis timoneles para una singladura

05/12/2019

Durante estos 30 años, seis timoneles han precedido a Orlando Britto al frente del CAAM.

El primero de ellos fue su impulsor, Martín Chirino, que lo dirigió desde su fundación al año 2002. El artista ideó el museo como un foco dinamizador de la sociedad canaria, sobre todo del casco histórico de Vegueta, que tuvo como principal motor el concepto de la tricontinentalidad; es decir, el diálogo artístico entre Europa, África y América.

A Chirino le sucedió Frank González, que estuvo al mando del centro de arte hasta 2004. Para González, en estos 30 años, el CAAM se ha erigido en «el centro distribución cultural público más importante del archipiélago». Su irrupción, dice, cambió el panorama expositivo de la época, abriendo una ventana al mundo y ofreciendo un espacio de reflexión artística que moduló el discurso de los creadores canarios.

En 2004, la donostiarra Alicia Chillida lo relevó en la dirección. «Lo único que quiero destacar es mi respeto por la institución del CAAM», indicó la comisaria que dejó el cargo en 2006 aduciendo injerencias políticas en la gestión del centro.

La papa caliente cayó en manos del entonces conservador jefe del CAAM, Álvaro Rodríguez Fominaya, que ocupó el cargo de director en funciones hasta 2007. «El CAAM es ya un referente histórico por su trayectoria. Ha habido grandes exposiciones que quedarán en la memoria, formar parte de proyectos como Paul Klee, Jean Tinguely y Niki de Saint Phalle, o Joseph Kosuth es uno de los puntos de referencia durante mis seis años de trabajo en este museo», dice el actual director del Centro de Creación Contemporánea de Andalucía C3A, que se congratula de que en los últimos años se haya convocado un concurso para designar al responsable de CAAM.

También en calidad de director en funciones el consejero delegado Federico Castro ocupó el cargo entre 2007 y 2010. El profesor de Historia del Arte de la Universidad Carlos III de Madrid valora del museo «la apertura hacia otras miradas, la escucha a la sociedad y la comunidad artística, la acogida de estudiantes de universidades nacionales e internacionales para complementar su formación en arte contemporáneo; la autocrítica permanente y disposición a reflexionar y debatir sobre su propia trayectoria y para abrir nuevos cauces a los creadores de las islas».

Por su parte, el comisario Omar Pascual, elegido director del CAAM a través de un concurso público, señala como la principal virtud del museo su filosofía fundacional basada en la tricontinentalidad. «Fue uno de los primeros museos españoles y europeos en preocuparse de lo que sucedía a ambos lados del Atlántico», un ideario, dice, que «colocó un museo de escala local en el panorama internacional», añade.

En cuanto a los desafíos de futuro, Pascual dice que el CAAM debería recobrar su carácter internacional. «En los últimos años el museo se ha enclaustrado y no está conectado con la red de museos nacionales e internacionales». También González reclama «una mayor interconexión con otros centros de España», además de más presupuesto y más flexibilidad en la gestión.

Para Rodríguez Fominaya, además de la ampliación de sus almacenes y crear un plan estratégico de adquisiciones, el principal reto del CAAM, al igual que para todos los museos, es crear mecanismos de participación y atender a los cambios de comportamiento del público.

Castro coincide en este punto y sugiere «el abordaje de las problemáticas de la sociedad actual desde el arte, avanzando hacia la concepción de ‘museo social’, como lugar de encuentro de diversas sensibilidades, como espacio de diálogo y construcción colectiva de una identidad en permanente transformación.

Un día para la historia.

El 4 de diciembre de 1989 la noticia de la apertura del CAAM quedaba eclipsada por el juicio por el crimen de Cathaysa González, una niña de 12 años violada, asesinada y descuartizada por su vecino en el barrio de El Pilar que conmocionó a la sociedad isleña.

El acto de inauguración contó con la presencia de la Elisa Bretón, viuda de André Breton, máximo exponente del surrealismo, cuya obra se incluía en la exposición inaugural El surrealismo entre el viejo y nuevo mundo, comisariada por Juan Manuel Bonet.

A la inauguración asistieron los artistas César Manrique, Pepe Dámaso, Pedro Lezcano, Juan Genovés, Maud Westerdahl, Eugenio Granell, Elvireta Escobio, Fernando Delgado y Juancho Armas Marcelo, entre muchos otros representantes de la cultura.

En el bando de los políticos estaban Lorenzo Olarte, en calidad de presidente del Gobierno canario, el consejero de Cultura del Cabildo grancanario de entonces, Francisco Ramos Camejo, y el alcalde de la ciudad, José Vicente León.

En el acto, el director fundador Martín Chirino no disimuló su alegría y orgullo por el nacimiento del primer centro de arte contemporáneo de Canarias.