Tocata y fuga en color

Carmen Delia Aranda
CARMEN DELIA ARANDA

«En el principio era el verbo». Esta sentencia bíblica se puede aplicar al origen de la obra de Laura González Cabrera (Gran Canaria, 1976). La artista utiliza las palabras como excusa para desplegar un código visual propio en el que envolver al espectador en cadencias, ritmos, pausas y secuencias de distinta intensidad, como si se tratara de una pieza musical, hasta precipitarlo al final de un recorrido.

Su pintura, que sigue unas rígidas normas autoimpuestas, camufla números, letras y frases que invitan a decodificarlas. Sin embargo, su objetivo no es transmitir un mensaje determinado sino provocar una experiencia estética. «Si quisiera transmitir una frase, la pondría bien grande con vinilo». De hecho, añade, «el concepto se sitúa antes de la obra. Lo importante reside en cómo lo escribo, el escribir, no en lo escrito. Para mí la pintura es una dimensión performática. Me gusta subirme a un andamio y cansarme físicamente. Vivo mucho ese proceso», explica la pintora sobre el proyecto que expone en la Fundación Canaria para la Pintura, en la capital grancanaria.

Doce cuadros y un mural se despliegan sobre superficies reticuladas y cada una de la obras atiende a una pauta, casi matemática, de la que surgen varios patrones que se relacionan entre sí y con el espacio de la sala. «Cada color y cada dimensión tiene asignado un valor y va organizando la composición. El objetivo es organizar el espacio, ordenarlo y darle sentido. Un sentido, que en el caso de la intervención in situ, es darle entidad a un espacio que ya existe», explica González que ha titulado su proyecto como Fuga. Además de aludir al punto de fuga de la perspectiva, el término «hace referencia a las fugas musicales. Una especie de patrón del que salen otros patrones que se van enlazando como elementos musicales, que en este caso son sujetos plásticos: dimensión, colores, números y textos».

Todos estos van creando una melodía ajustándose a la retícula que dibuja previamente. «La geometría me tranquiliza. Me permite tener una falsa sensación de control», asegura González que afronta cada obra con una regla determinada en la que, sin embargo, el azar es primordial. «Es como si salieras a la calle y dices: no sé a dónde voy a llegar, pero cada vez que vea una bocacalle a la derecha la voy a tomar».

«Al restringir tanto mi manera de actuar, eludo cualquier posibilidad de estilo. No estoy pensando que este gesto con el pincel me quede bonito, así o asao. Está despersonalizado». Sin embargo, reconoce que es imposible despersonalizar las pinturas a pesar de sus intentos porque está impregnada de su energía. Basta con acercarse a ellas para constatar que, a pesar de ajustarse a un patrón, son el rastro de horas de acción corporal frente al lienzo. «De algún modo, lo que están reclamando esas pinturas es la presencia del cuerpo, tanto del mío haciéndolas como el del espectador ante la obra». Y es que la pintura de González se expande para salir del lienzo y crear un recorrido visual por toda la sala.

La artista se siente felizmente atrapada por sus retículas. «Las posibilidades -afirma- son infinitas y aún no he terminado de investigarlas todas».

Talleres y visitas.

La Fundación Canaria para el Desarrollo de la Pintura ha elegido a Laura González para su segunda muestra. «Es joven, mujer y hace seis años que no exponía en la isla», indicó la responsable de la sala, Yaiza Tranche, quien invita al público a acudir a la fundación, en el número 30 de la calle Domingo J. Navarro. «Pueden venir cualquier día, solicitando cita por teléfono (928 38 52 28) o por correo: fundacion@fcdp.com). Los jueves la sala estará abierta y a las 18.00 horas habrá visitas guiadas. Además, González impartirá talleres para niños de entre 11 y 16 años en junio y julio.